Pokémon Go o el hecho de volver a tener 8 años

Un antiguo amante de los Pokémones está viviendo su mayor fantasía gracias a Pokémon Go: ser un maestro pokémon en la vida real.

“Tiene que madurar”, “a usted sí que le gusta perder el tiempo en pendejadas”, “vaya a una de esas pokeparadas y más bien traiga el pokedesayuno”, y “entienda que solo es un juego”, son algunas de las fulminantes-y posiblemente ciertas- afirmaciones de familiares y conocidos sobre lo que me ha ocurrido luego de descargar el más reciente lanzamiento de Niantic Ink.: Pokémon Go.

En seis días he caminado 13.1 kilómetros buscando pokémon, atrapado 60, peleado en 3 gimnasios, visitado 124 pokeparadas (puntos ubicados en diferentes lugares de la ciudad donde se obtienen objetos para el juego). He jugado mientras camino hacia el trabajo, en la hora de almuerzo, en el Transmilenio, en el taxi, incluso mientras escribo este artículo.

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Esto se está saliendo de control. Me siento de 8 años otra vez, como cuando a finales de la década de 1990 y comienzos del 2000, las conversaciones con amigos del colegio tenían, en algún punto, algo que ver con Pokémon, ya fuera porque estaba incluido en los juegos que Nintendo desarrolló para el Game Boy Color (1998- consola portátil nunca tuve, así que la pedía prestada a cambio de algún producto de mi lonchera), o porque coleccionábamos y apostábamos los “tazos” que venían en las papas Margarita.

Ahora, avanzando por la corta línea de los veinte años y acercándonos peligrosamente a los temidos 30, esas conversaciones volvieron. Con algunos amigos hemos coincidido en el recuerdo de haber imaginado alguna vez que los pokémon eran reales, echábamos globos sobre cómo serían en los distintos continentes y qué tendríamos que hacer para convencer a nuestros padres de que ser maestro pokémon y no periodista, abogado o arquitecto, era lo nuestro.

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No es gratuito que en Colombia, donde no se ha lanzado oficialmente el juego, se haya despertado el interés de los usuarios para encontrar la manera de descargarlo y tenerlo en sus manos cuanto antes. A principios del nuevo milenio este producto de entretenimiento ya anunciaba que sería importante. Un artículo del periódico El Tiempo, del primero de febrero del año 2000, registró cómo empresas nacionales del tamaño de Coltejer, Ronda S.A. Internacional y la entonces vigente editorial Norma, adquirieron licencias para utilizar su nombre en cada uno de sus productos. Cuadernos, juegos, maletas y ropa de Pokémon llenaron vitrinas y los morrales de miles de niños.

Por otro lado, la serie de televisión, que se emitía por Canal Caracol entre 2:30 p.m. y 3p.m., logró puntajes de rating que incluso envidiarían las producciones que hoy ocupan la franja prime time. Por ejemplo, el pasado 8 de julio la telenovela La Niña, que desde hace un par de meses es el programa más visto por los colombianos entre semana, logró 10.1 puntos. Pokémon alcanzó 17,2.

Pero además de remitir a una noción de infancia, hay otras razones por las que el juego conquista, no solo a nostálgicos del pasado como yo, sino a otros que no vivieron la llegada de la serie al país sino que se fueron enterando del mundo Pokémon a medida de que salían los juegos para distintas consolas o veían las nuevas temporadas que se emiten por canales cable o internet.

Una de las ventajas del juego sobre los otros es que cambia el paradigma del videojuego, en el que se entiende que hay que estar en un espacio definido y que con el movimiento de los dedos en un control remoto basta; en este juego sí o sí hay que moverse.

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El sistema de ubicación por GPS obliga al jugador a desplazarse por diferentes rutas en un mapa que recrea el sitio exacto donde se encuentra, seduce señalando que hay algunos cerca y cultiva una sensación de curiosidad que solo se sacia hasta hallarlos y capturarlos. Punto en contra del sedentarismo.

También engancha la aplicación de la tecnología de realidad aumentada, que sin mayor explicación es la combinación entre elementos reales con virtuales. En el caso de Pokemon Go se trata de que además de la geolocalización, en el momento en el que se va a atrapar un pokémon, se activa la cámara del celular, que registra lo que está enfrente, y aparece moviéndose en la mitad o a un costado de la pantalla.

El juego demanda tanta atención ante la eventual aparición de un pokémon salvaje, que levantar la mirada del celular es un auténtico reto. Me he concentrado tanto en la pantalla que por momentos me siento un personaje del mundo de la película Her, de Spike Jonze.

Esta excesiva concentración-aunque necesaria para jugar- ha causado que algunos se golpeen con puertas, ventanas, se han caído en huecos y la exposición a robos es más que una posibilidad. Aunque Actualidad Panamericana bromeó con una nota que decía “ingenieros paisas hacen aplicación que roba pokemones”, algunos sí han usado el juego para cometer crímenes. Como informa la BBC, cuatro personas fueron arrestadas en Misuri, Estados Unidos, por utilizar una de las herramientas del juego que permite encontrar otros jugadores, para atraer a cierto punto a las personas y luego robarles sus pertenencias.

Algunos señalan el hecho de que el juego viola la privacidad en cuanto a que necesita conocer nuestra cuenta de correo electrónico, el lugar en donde estamos y para poder jugarlo debemos otorgar permisos para el manejo de la información. Punto para los amantes de las teorías de conspiración.

Tampoco hay que perder de vista el negocio. La agencia de noticias Reuters señaló que luego de dos días después de lanzar el juego, la empresa japonesa Nintendo han aumentado en 7.500 millones de dólares, en Estados Unidos el 5% de los usuarios con celulares Android ya tiene el juego y la tasa de gente que juega a diario ya iguala a la de quienes usan Twitter.

Pokémon Go es sin duda el juego más exitoso del momento. No solo invita a una generación a recordar un lapso en la infancia, sino que provoca por saber qué otras aplicaciones de realidad aumentada vienen, cómo se seguirá vinculando el cibermundo con la “vida real” y qué tan preparados estaremos para diferenciarlos.

Por lo pronto sé que seguir caminando en búsqueda de nuevas criaturas y batallas serán el insumo para cuestionar “mi madurez”, pero a quién le importa. Por fin puedo ser un maestro Pokémon sin que nadie me pueda detener, salvo que me roben por no ver por dónde me voy, o porque no tengo internet, o porque se descargó el celular, o bueno, está bien. Hay que poder entenderlo en algún momento: es solo un juego.

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