Charlotte Brontë: 200 años de una voz independiente

200 años después de su nacimiento, la obra de Charlotte Brontë sigue siendo sorprendente y su vida sigue siendo interesante.

Charlotte Brontë (1816-1855) fue una mujer que tomó decisiones osadas a lo largo de su vida para alcanzar la realización personal y profesional. Ella, así como su inolvidable personaje Jane Eyre, era una mujer apasionada que trabajaba constantemente por lo que quería, “un ser humano libre con una voluntad independiente”. Con ocasión del aniversario número doscientos del nacimiento de la mayor de las hermanas Brontë, The Morgan Library & Museum en Nueva York organizó una exposición en la que se puede ver el camino creativo de Charlotte: de adolescente con una imaginación imparable a institutriz amargada a poeta publicada a novelista maravillosa.

UNA FAMILIA CREATIVA

El papá de Charlotte era el reverendo Patrick Brontë, un señor que viajó desde la Irlanda rural hasta Cambridge y fue ordenado como ministro de la iglesia anglicana. Patrick y su esposa Maria se mudaron varias veces antes de quedarse por siempre en la casa parroquial de Haworth en 1820. Sus dos hijas mayores, Maria y Elizabeth, nacieron en Hartshead; Charlotte nació en Thornton el 21 de abril de 1816, seguida por Branwell en 1817, Emily en 1818 y Anne en 1820. Maria murió de cáncer de ovarios cuando los niños estaban muy chiquitos y las hijas dos mayores, Maria y Elizabeth, murieron de tuberculosis pulmonar unos años después. Los hijos que sobrevivieron –Charlotte, Branwell, Emily y Anne– empezaron a escribir poemas e historias antes de que llegaran a la adolescencia y formaron su propia comunidad creativa en una casa en la que leer y jugar eran dos actividades inseparables.

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El manuscrito más antiguo de Charlotte Bronte, aproximadamente de 1828

Desde que aprendieron a leer, Charlotte, su hermano y sus hermanas eran fanáticos de John Bunyan, John Milton, Walter Scott, Esopo y Lord Byron, entre muchos otros. Pero los niños Brontë no eran unos ñoñitos que no hacían más sino leer. Jugar era su otra actividad favorita. Para los jóvenes Charlotte, Branwell, Emily y Anne no había una línea rígida que dividiera la vida del arte. Sus lecturas inspiraban sus juegos; sus juegos estimulaban su escritura; sus dibujos realzaban sus historias.

En 1826, Patrick Brontë llevó a casa un juego de soldaditos y cada uno de sus hijos escogió su favorito. Escribían obras de teatro y se imaginaban mundos enteros en los que los “Hombres Jóvenes” vivían, luchaban y amaban. Charlotte y Branwell se inventaron Angria, un reino de aristócratas, gobernantes y guerreros, y se tomaron turnos documentando sus hazañas en una red de historias, poemas y cuentos escritos a mano. Emily y Anne, las hermanas menores, crearon un reino llamado Gondal. Todos hacían sus manuscritos en tamaño pequeño, muy apropiado para los juguetes. Trabajaban con pluma y con plumilla para imitar los textos impresos que veían en los periódicos y en los libros de bolsillo. Escribir sus primeras obras en tamaño pequeño era divertido y además le añadía algo de clandestinidad. Incluso cuando tenían veinte años, cuando sus obras ya habían madurado, las hermanas a veces usaban esta escritura a mano diminuta.

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Uno de los manuscritos en miniatura que escribió ella en 1830

LA ABURRIDA VIDA COMO INSTITUTRIZ

Desde que era una niña, Charlotte supo que lo que quería era escribir, ese era su empleo soñado, pero sabía que tenía que ganarse la vida de alguna forma. Fue a internados y estudió en Bruselas para ganarse las credenciales de enseñanza que la convertirían en una institutriz. El problema es que le faltaba el temperamento adecuado para esa profesión. Su primera trabajo como institutriz fue durante unos meses del verano de 1839 en los que cuidó a los “bulliciosos, perversos e inmanejables cachorros”, como ella les llamó, de la familia Sidgwick. Charlotte no solo detestaba el trabajo sino que además no sentía que encajaba dentro del círculo familiar. En una carta que le escribió a su amiga Ellen Nussey, confesaba que se sentía tan incómoda que prefirió escribirle con lápiz en lugar de salir a la sala común a coger tinta.

Unos meses después de dejar el trabajo donde la familia Sidgwick, Brontë le escribió otra carta a su amiga Ellen para hacerle saber que había rechazado una nueva oferta de trabajo. Susanna Halliley de Leeds, una conocida de la familia, había puesto un aviso buscando una joven que tuviera “disposición amable y algo de experiencia para que enseñar música, francés y dibujo”. Aunque era un buen trabajo, Charlotte lo rechazó porque la vida de institutriz no era para ella. En la carta decía: “Me siento miserable cuando me detengo a pensar en la posibilidad de pasar mi vida como institutriz. El requisito principal para ese trabajo parece ser el poder de tomar las cosas con tranquilidad a medida que vienen y el de sentirse cómodo y como en casa donde sea que uno esté –cualidades en las que toda nuestra familia es particularmente deficiente”.

UNA ESCRITORA AUTO-PUBLICADA

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Dos ediciones de su libro de poemas: 1846 y 1848

Cuando Brontë tenía veinte años le envió una copia de sus poemas a Robert Southey, el poeta laureado, y le pidió su consejo y opinión porque quería dedicarse a escribir. El poeta le respondió no con una crítica a sus poemas sino con un consejo: que las mujeres no deberían dedicarse a la escritura. A pesar de esa respuesta no tan positiva y de los obstáculos a los que se enfrentó por ser la desconocida hija de un clérigo de Yorkshire, Charlotte tomó pasos confiados hacia su meta. Cuando tenía treinta años, ella y sus hermanas Emily y Anne auto-publicaron un libro de poemas. Como querían que sus obras fueran juzgadas por su calidad y no por nada más, las hermanas Brontë publicaron bajo pseudónimos masculinos: Currer, Ellis y Acton Bell.

JANE EYRE Y LA FAMA LITERARIA

En 1846, Brontë hizo una copia de su primera novela, “El profesor” y se la envió a varios editores. Después de un año de rechazos, recibió una respuesta positiva de George Smith, un editor de veintitrés años que había empezado a manejar la firma de su padre en Londres. Smith no estaba interesado en “El profesor” pero dijo que le gustaría leer una novela en tres volúmenes escrita por “Currer Bell”. A las pocas semanas, recibió y aceptó el manuscrito de “Jane Eyre”.

“Jane Eyre” y los libros de sus hermanas, “Cumbres Borrascosas” y “Agnes Grey”, fueron éxitos inmediatos. Los lectores y los críticos querían saber más de la familia literaria que produjo tres novelas exitosas. ¿Realmente había tres Bells? ¿Realmente eran hombres? Y si eran mujeres, ¿por qué sus obras eran tan arriesgadas?

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Primera edición de Jane Eyre

Muchos críticos estaban convencidos de que las novelas de los hermanos Bell eran la obra de un mismo autor y ese autor tenía que ser un hombre. Uno de los artículos que Charlotte leyó sobre su obra, escrito por un crítico inglés decía que si la obra era “producto de una mujer, debe ser una mujer sin sexo; Jane Eyre nos da la impresión de ser un personaje que salió armado de la cabeza de un hombre”. En respuesta a este crítico, Brontë le escribió una carta a William S. Williams de Smith, Elder & Co., la firma que publicó “Jane Eyre”, en la que le mandó un mensaje a todos sus críticos: “Para usted no soy hombre ni mujer. Vengo como autor únicamente. Ese es el único estándar con el que tiene derecho de juzgarme. El único terreno en el que aceptaré sus críticas”.

El éxito de “Jane Eyre” y de las novelas de sus hermanas fue tal que con el tiempo, ellas y sus editores decidieron que era buena idea revelar sus identidades y hacerle saber a la sociedad literaria inglesa y al mundo que efectivamente sí había más de un “Bell” y que además de eso los famosos autores eran mujeres.

SUS ÚLTIMOS AÑOS

Los últimos años de la vida de Charlotte Brontë fueron marcados por la fama literaria y la satisfacción personal pero también por pérdidas graves en su familia. Entre 1848 y 1849, su hermano y sus hermanas murieron de tuberculosis porque al parecer en el siglo XIX todo el mundo moría de esta enfermedad. En 1853, Charlotte escribió su última novela, Villette, y al año siguiente, a los treinta y ocho, se casó con Arthur Bell Nichols, el asistente de su padre. Nueve meses después de la boda, Charlotte Brontë murió en los primeros meses de un embarazo. Dos años después de la muerte de la autora, su editor publicó “El profesor”, la primera novela que Charlotte escribió y que Smith rechazó antes de publicar “Jane Eyre”.

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