Pedro Causil: de San Andrés a los olímpicos de invierno

El cartagenero Pedro Causil es el primer patinador colombiano en clasificar a unos Juegos Olímpicos de Invierno. Tiene 26 años y entrena en Estados Unidos. Diners conversó con él.

Ser nueve veces campeón del mundo en patinaje sobre ruedas no fue suficiente para Pedro Causil. Este patinador de 26 años, con acento paisa, que nació en Cartagena pero se crió en San Andrés, decidió que el paso siguiente de su carrera debían ser los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, como esta disciplina no cuenta con el reconocimiento deportivo para hacer parte de esta competencia, el camino para lograr su nuevo objetivo le exigió un cambio radical: sustituir las ruedas por cuchillas que se adhieran al hielo, pues en los Juegos Olímpicos de Invierno el patinaje de velocidad sí goza con el aval del Comité Olímpico Internacional.

La decisión la tomó en 2015, justo después de lograr una medalla de oro y otra de plata en los Juegos Panamericanos de Toronto, en Canadá. Dos años después reconoce que no ha sido fácil, asegura que su talento natural para patinar no fue suficiente para cambiar de modalidad. A la potencia de sus piernas y su velocidad ha tenido que sumarles mayor disciplina y más trabajo.

Causil se clasificó a las competencias de mil y de quinientos metros. Su tiquete lo obtuvo luego de alcanzar, en Canadá, una marca de 1 minuto, 8 segundos y 83 milésimas en los mil metros; y después otra de 34 segundos y 92 centésimas en los quinientos metros. Aunque no es el primer colombiano en llevar la bandera del país en estas justas olímpicas (la primera fue la estadounidense Cynthia Denzel, esquiadora de padres suizos que se nacionalizó colombiana luego de que sus padres se radicaran en el país, y quien participó en Vancouver 2010), Causil sí es el primer patinador, y con Sebastián Uprimmy y Michal Poettoz (esquí) formará el trío de representantes de Colombia en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno, que se llevarán a cabo del 9 al 25 de febrero en Pyeongchang, Corea del Sur.

¿Cuáles fueron sus primeros patines?
Me los regalaron en una Navidad, pero fue un regalo normal, yo patinaba en la calle y un día la madrina de mi hermana le contó a mi mamá que había llegado un profesor de patinaje desde Cartagena, en ese tiempo eso era algo muy extraño en San Andrés.

¿En dónde entrenaban si en San Andrés no había una cultura del patinaje?
Comenzamos entrenando con mi hermana y unos compañeros en una cancha de microfútbol. Cuando creció la escuela pasamos al parqueadero del aeropuerto.

¿Cuándo comenzó a competir?
En marzo de 1999 fuimos a Cartagena para participar en el regional. Me gané dos medallas. A mitad del año 2000 hicieron el primer nacional de menores y un señor le dijo a mi mamá que por qué no me mandaba para Cartagena, que podría tener futuro. Ahí ya tenía nueve años y fui muy osado al decirle a mi mamá que lo hiciera, que yo no tenía problema con estar solo. Me mandó con mi hermana de 13 años. A mis papás los criticaron mucho porque nosotros éramos muy pequeños, nos fuimos con una señora que nos ayudaba en la casa, pero esa es una historia de la que uno no se arrepiente porque fue la mejor decisión que pudieron tomar.

¿Qué cosas cambiaron del paso de San Andrés a Cartagena?
Ya contábamos con una pista, entrenadores con más experiencia y muchas cosas que me ayudarían a desarrollar todo el potencial que tenía. Me quedé de 2001 a 2005, ese año Bolívar cayó en una crisis y los deportistas comenzaron a irse, además, a mis papás les quedaba muy difícil mantenerme a mí y a mi hermana, que se había ido a Medellín a estudiar en la universidad; llegué a la capital antioqueña en 2006 y con 14 años entré al club Guillermo León Botero.

¿Ahí fue cuando ganó su primer mundial?
Estaba en la categoría prejuvenil y a los mundiales van desde la juvenil, sin embargo, a los dos mejores prejuveniles de cada año los invitaban al selectivo que participaría en los campeonatos. Allí pasó algo muy raro, no clasifiqué (eso no era lo raro), sino que a las dos semanas llamaron a cuatro deportistas más, uno de cada categoría y entre esos estaba yo. Así fui al mundial en Corea, siendo prejuvenil obtuve mi primera medalla de oro, mis rivales eran uno o dos años mayores.

¿Cuál es la victoria que más recuerda? ¿Y la más emocionante?
La de 2008, en la que hice el récord mundial en la modalidad de 300 metros aún siendo juvenil, lo hice en España. Lo más bonito es que la persona que tenía el récord mundial todavía estaba patinando, pero la victoria más emotiva fue la primera vez que gané en mayores, ahí consolidé toda la carrera que tenía detrás, porque durante el primer año de mayores gané cuatro medallas de plata, me faltó la de oro, y en el segundo no pude ir al mundial porque me lesioné, me tocó aguardar tres años para regresar. Ese fue un momento que estaba esperando, en Corea 2011, tenía veinte años.

¿Cómo se lleva con las lesiones? A veces más difícil que recuperarse físicamente es retomar la confianza…
Las he tomado a mi favor porque me da rabia no poder estar en los torneos y ver a mis compañeros ganar cosas que yo también podía, eso me motivaba más. Nunca he perdido la confianza en mí mismo y he sabido utilizar muy bien la mente, ha sido una virtud. Cuando era mucho más pelado me pasaba de orgulloso y soberbio, pero no era algo que no se pudiera superar.

¿Cuándo fue la primera vez que patinó profesionalmente sobre hielo?
Durante una semana en 2012, pero no me gustó, me monté dos veces y me devolví para Colombia, me sentí mal acá (en Estados Unidos), pero la primera vez que hice un par de meses de entrenamiento fue en Milwaukee…

¿Cómo fue eso que le prometió al presidente de la Federación Colombiana de Patinaje, Alberto Herrera, que usted iba a ser el primer patinador colombiano en unos Juegos Olímpicos de Invierno?

No se lo prometí, le di mi palabra, que es distinto. Cuando comenzó el 2014 fui a Holanda y allá duré como cuatro meses, entonces la federación me vio con la intención real de quererlo lograr, de proyectarnos con mi compañero Andrés Campo a unos juegos, ahí es cuando entró la federación a meterle la ficha, a nosotros nos tocaba pagar muchas cosas y ellos nos ayudaban con otras, luego fueron tomando las riendas, el pago de la pista, el gimnasio, etc.

¿En qué momento se mudó a Salt Lake City para seguir entrenando?

En 2016 disputé una copa mundo en Noruega y me fue muy mal, tanto es así que apenas regresé a Holanda, que era donde estaba viviendo, compré un tiquete para Colombia, pensé: “No le voy a botar caspa a algo que no tiene sentido”, yo sabía que no iba a ganar, pero no sabía que me iba a ir tan mal… Luego me vi con Alberto en un campeonato de rueda y le dije que si no tenía un entrenador de tiempo completo y alguien que me enseñara a patinar, no podría regresar a Holanda. Ahí fue cuando llegó Ryan Shimabukuro, mi actual entrenador. Nos mudamos en junio del 2016.

¿Cómo ha sido el trabajo con él?

Me ha hecho mejorar en muchos aspectos deportivos, no solo físicos. Por ejemplo, en la rueda contaba con un talento que me permitía no exigirme tanto, estaba muy mal acostumbrado. Aquí me tocó comenzar de cero. Me dio muy duro porque Ryan es una persona exigente, que se entrega al ciento por ciento con los deportistas, pero les exige mucho más; para él lo más importante es la actitud, no importa si te va bien o mal, lo esencial es que lo intentes con todo, que tengas una actitud positiva en el entrenamiento, y yo era muy dejado, lo fui aprendiendo a conocer, me llevó a unos límites mentales a los que cualquiera podría renunciar…

¿Y por qué no lo hizo?

Porque después de invertir tanto tiempo y dinero no iba a regresar donde mis papás diciendo que me iba a retirar e iba a dejar todo tirado. Si algo me enseñaron fue a cumplir con mi palabra y yo ya había dicho que iba.

¿Es estrictamente necesario irse de Colombia para soñar con unos Olímpicos de Invierno?

Claro que sí porque en Colombia no tienes la sensación de hielo, que es lo más importante. Quien quiera patinar se tiene que ir. Para que en Colombia se pueda pensar en una medalla olímpica se tiene que estar patinando mínimo seis años en el hielo, en las condiciones que deben ser.

¿Cómo fue su plan de trabajo para poder conseguir la clasificación a los Olímpicos?

La idea era hacer una muy buena prueba de 1000 metros en Canadá, luego tenía que competir para clasificar a los 500 metros en la pista en la que entreno, que la conocía mejor. Entonces el plan era que en Canadá me fuera bien para llegar acá tranquilo y hacer un buen 500.

Usted no parece ser de los que están ansiosos o nerviosos antes de competir…

Generalmente estoy muy tranquilo, trato de controlarme a la hora de correr porque sé que si no lo hago, no voy a hacer las cosas que tengo planeadas. Por ejemplo, correr los 1000 y los 500 es muy distinto. En el primero el ácido láctico es mucho más alto, así que mentalmente, en la última vuelta, tienes que concentrarte mucho, no patinar más rápido, sino mantener la posición; en los 500 lo más importante es no cometer errores.

¿Tampoco se sobresaltó cuando clasificó a los Olímpicos?

Cuando pasé la meta en los 500 Ryan me dijo: vas a los Olímpicos, quedé en shock, pero también sentí alivio porque fue la manera de responder a las expectativas que se habían creado en torno a un sueño, de responderles a mis papás, y sobre todo a mí, y a la federación también que apostó por nosotros. Sé que quiero más, por ahora voy a trabajar muy duro para quedar en una mejor posición de la que clasifiqué.

¿Cómo valora la política de Estado frente al deporte?

En eso se ha mejorado muchísimo. Obviamente uno siempre quisiera más, pero con la última forma de manejar Coldeportes hemos sentido al Estado más cerca. Por ejemplo, con el cambio de modalidad dejé de ir a mundiales y me hubieran podido sacar del programa, pero me mantuvieron y apoyaron. Los programas tienen que venir desde la infancia, no tenemos que esperar a que crezcan para apoyar a la gente que tiene resultados, pero tampoco podemos ser injustos, en Colombia debemos sanar muchas cosas como sociedad para luego pasar al deporte, y ojalá que a través de él ayudemos en esa transformación.

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