La música religiosa sigue siendo moderna

La directora del Festival de Música Sacra de Bogotá, Marianna Piotrowska, ultima los detalles de la sexta edición de una cita que se celebrará del 5 de septiembre al 1 de octubre próximo, y que ha llegado a ser un evento único en América Latina.

–¿Guarda algún recuerdo en especial de su niñez?
–Sí. Yo toco el violín desde los cuatro años. Cada cierto tiempo, debido al trabajo de mi papá, como catedrático invitado a diversas universidades del mundo, teníamos que viajar a otras ciudades durante algunos meses. Lo primero que hacía mi mamá era buscar un conservatorio, o una escuela de música o un profesor privado para mí. Y la imagen es la de ir acompañada de mi mamá con mi violín por todas partes. En los aviones, en los autobuses, en el metro, en la calle. En invierno, bajo la lluvia, o en el verano. Esa conexión es muy especial.

La sala de Marianna Piotrowska (Bogotá, 1987) tiene dos objetos de madera que reflejan parte importante de su ser. De un lado, la talla de un ángel que sostiene un corno. Una pieza con historia. Es una obra de una tía artista polaca que se dio a la tarea de convertir fragmentos de maderas que tenían orificios de bala producto de los combates de la Segunda Guerra Mundial que tanto aquejaron a Polonia. En el otro extremo, sobre un estante pegado a la ventana que mira hacia un parque del norte de Bogotá, están dos figuras también traídas de Polonia y que se asemejan a un rey mago y a un pequeño ángel cantando. Música y espiritualidad se entrelazan con sutileza.

También hay libros y retratos de viajes y cuadros de artistas como Santiago Cárdenas o Gustavo Bejarano que sirvieron como base para los afiches del Festival de Música Sacra de Bogotá, que este año llega a su sexta edición bajo la dirección de Marianna.

“Llegué hace seis años de España, donde hice una maestría y trabajaba en una empresa de eventos culturales y congresos. Mi mamá me llamó y me propuso regresar para hacerme cargo de la Fundación InterColombia, que se dedica a promover actividades musicales, especialmente de música clásica. Así que desempaqué y ya estaba trabajando en la idea de la primera edición y mentalizada en el reto enorme que suponía”, afirma Marianna en un tono dulce.

Atrás quedaron las semanas santas en Sevilla, Toledo y Segovia, que tanto la habían impactado por el despliegue artístico y musical. Se dijo a sí misma que la riqueza del arte sacro bogotano, las capillas, las iglesias, o la catedral, configuraban todo un mundo por explorar. Y algo había que hacer. La idea inicial contemplaba un festival de música religiosa católica. Pero sobre el camino se fue configurando un festival de músicas sagradas del mundo. Multirreligioso. Apareció el rabino Alfredo Goldsmith y le propuso participar con música sacra judía. Y luego también los representantes de la Iglesia ortodoxa.

Cada año se escoge una temática. “Nosotros proponemos un valor. Por ejemplo: Reconciliación, paz, perdón, misericordia. La idea es que los músicos de diferentes culturas y religiones hagan un montaje en torno a ese tema.

Después vino el dilema sobre en qué fecha organizarlo. La Semana Santa quedó descartada por ser una fecha solo católica y de vacaciones en la que los bogotanos generalmente salen de vacaciones.

Así se llegó a la conclusión de que septiembre era una buena temporada. El primer capítulo de esta aventura reunió a dos mil personas en 2012. El año pasado se contabilizaron 25.000 asistentes.
Marianna habla con dicción perfecta. Viste con tonos oscuros. Señala que para la primera edición del festival reinaba la incredulidad en muchos, que veían con cautela la empresa de una joven que no llegaba a la treintena. “Me decían, Marianna, usted, jovencita, cómo se va a meter a una cosa de esas tan loca. ¡Cómo es eso de la música sacra!”.

Desde entonces, cada año se escoge una temática. “Nosotros proponemos un valor. Por ejemplo: Reconciliación. Paz. Perdón. Misericordia. La idea es que los músicos de diferentes culturas y religiones hagan un montaje en torno a ese tema. Entonces, cómo se refleja la reconciliación desde la música sacra judía, o cristiana. Al final termina siendo un diálogo entre los músicos y el público donde se envía un mensaje de paz y reconciliación a través de la música. Todo esto tiene un efecto increíble en la gente, que está cansada de los discursos”.

El resultado, entonces, no es solo un festival musical, sino, además, impulsar una filosofía y un pensamiento de vida que gire en torno a la unión, al diálogo, al respeto por la diversidad de creencias. Hoy, iglesias, teatros, sinagogas, templos, la catedral ortodoxa griega y universidades sirven como escenarios. En la primera edición hubo un momento sobresaliente. Fue la primera vez que un rabino cantó en una iglesia católica de Colombia.

Piotrowska es hija de polaco y colombiana. Bogdan Piotrowski es filólogo, el único miembro de la Academia Colombiana de la Lengua que no es hispanohablante de cuna. Su mamá, María Consuelo Orjuela, diplomática y gestora cultural, fue la que imprimió en Marianna la fascinación por recorrer, antes de los conciertos que organizaba, los pasillos de un desocupado Teatro Colón cuando era niña.

La vocación musical vino como un proceso que ella compara con aprender a hablar: “Uno no se da cuenta en qué momento ya está hablando, ni qué idioma está hablando, pero de repente lo está hablando. Yo nací y me crié en todo esto. Siempre rodeada de música. Recuerdo a mi papá, todas las navidades, poniendo sus villancicos polacos desde las siete de la mañana a todo volumen”.
Cuenta que en la música sacra se hallan las raíces de todo. Fue la primera forma de comunicación con Dios, o con los dioses. Luego vendría la música pagana, destinada a las celebraciones y a las fiestas. Pero en lo sagrado se hallan canales de expresión muy arraigados en todas las culturas para transmitir su propia espiritualidad.

¿Cómo se explica el auge de un festival de músicas tan alejadas del panorama comercial?: “Cuando me preguntan por la edad del público del festival, siempre digo que no hay edad. Tú puedes revisar y te das cuenta rápidamente de que es un público muy amplio. Desde niños y jóvenes hasta adultos mayores. Y la respuesta radica probablemente en que independientemente del credo, de la edad, de la cultura o del idioma, los seres humanos sentimos por igual la necesidad de trascender, de buscar respuestas, de llenar vacíos y creo que la música lleva implícito un mensaje divino porque fue concebida precisamente para elevar el alma”.

Este año ya son más de seiscientos artistas, cincuenta recitales regados en treinta escenarios por toda la ciudad. Marianna dice que el festival, con cuatro semanas de duración, es el más largo en el mundo de la música de Iberoamérica. La temática para esta edición girará en torno a la Fraternidad. Con ese mensaje como eje se presentará un coro desde Chipre con cantos bizantinos. Un grupo del Pacífico colombiano con sus sentidos cantos fúnebres. También se interpretarán músicas inéditas rescatadas de los archivos de catedrales de toda América Latina. Música barroca latinoamericana. Tan antigua como la conquista.

La Sinfónica de Colombia, por su parte, presentará el Elías, de Mendelssohn. Y por segundo año se inaugurará la temporada con Krzysztof Penderecki, maestro polaco de 85 años a quien Marianna describe como un “Beethoven de nuestros tiempos”.

La directora del Festival de Música Sacra tiene dos hermanos, uno mayor, abogado, y una menor, filósofa. Dice que se siente muy polaca, pero también muy colombiana a la vez. Basta con mencionar que la casa de sus padres, en la sabana de Bogotá, se llama La polonesa, como la danza nacional del país de su papá y que Federico Chopin inmortalizó a través de varias composiciones memorables.

De hecho, dentro de las actividades de la fundación de su familia se encuentra la coordinación y dirección del Instituto Federico Chopin (que en polaco se pronuncia con una terminación reteñida en e en vez de i). El centro se dedica a la formación de veinte jóvenes pianistas becados y organiza un concurso para enviar al ganador al gran certamen que recibe el mismo nombre del pianista polaco y se celebra en Varsovia. Se trata de uno de los más prestigiosos del mundo y nunca se lo ha ganado un colombiano.

Sería improbable comprender el arraigo espiritual y el catolicismo de los Pietrowski, sin darle un vistazo antes a la historia de Polonia. Una nación que ha hecho de las dos convicciones parte esencial de su ADN. Por eso Marianna afirma que su formación religiosa ha sido primordial en la búsqueda de la felicidad. Y concluye: “Una manifestación importante es la música sacra. Una música que logra una conexión divina. Desde la música gregoriana, pasando por la música barroca o la música prusiana. Esa búsqueda de lo sublime y de la perfección ha sido esencial. Pero no es fácil de explicar. Ni para los compositores ni para los que la oímos aunque todos seamos capaces de sentir lo mismo”.

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