Un “pequeño vistazo” (de 20 años) al Pacífico colombiano. Entrevista con Alfredo Molano

En su libro De río en río: vistazo a los territorios negros, el sociólogo y periodista traza un panorama actual de la región del Pacífico.

La deforestación, la minería ilegal, la violencia y un espíritu de unión entre comunidades negras, son protagonistas.

Sentado en una esquina del café Il Pomeriggio, una semana después del atentado en el centro comercial Andino, de Bogotá, se encuentra Alfredo Molano. Revisa su celular, responde un par de mensajes. “Deme un segundo, tengo que resolver algo”, dice sin desviar la vista de la pantalla.

Alfredo Molano ha recorrido Colombia de punta a punta, y en ocasión de su libro, De río en río: vistazo a los territorios negros, se concentró en la región occidental del país. Se trata de un recopilado de sus expediciones al Pacífico colombiano que comenzaron en la década de 1990, cuando realizó la serie de programas Travesías, y que continuó por medio de reportajes y crónicas de municipios como Tumaco, Guapi, Timbiquí, Suárez, Buenaventura y Quibdó.

Molano habla sobre los grandes desastres naturales que ya son una realidad y los que podrían suceder por consecuencia de, por ejemplo, la implementación de monocultivos como el de la palma africana, que amenaza la biodiversidad de la región. También habla de cómo es la tensión que viven las comunidades negras en medio de actores armados como la guerrilla y los paramilitares. Coca, minería ilegal, deforestación y violencia tampoco son temas ajenos en libro. “Ahora sí, comencemos”, dice.

Le dedica su libro a Martina, ¿quién es ella?

Es una compañera con la que viajé mucho tiempo por los ríos, por la región del Orinoco, por el Amazonas, los llanos, hicimos un programa que se llamaba Travesías, en los años 90. Ella me ayudó a hacer el libro y cuando estábamos en la etapa final le dio una aneurisma y estuvo al borde de la muerte. Ella me acompañó a varios viajes que salen en este libro, como el que realicé entre Medellín y Panamá, por ejemplo.

¿Cuántos viajes hizo para escribir el libro?

No tengo la cuenta de cuántos fueron, pero el primer viaje hacia el Chocó partió del Alto Patía, salimos con Constanza Ramírez (Martina) y atravesamos todo el Pacífico, bajamos por el Atrato, y nos fuimos por barco hasta Cartagena.

¿Y el último cuál fue?

A Timbiquí.

Si los viajes comenzaron hace más de 20 años, ¿por qué el libro solo alcanza a ser “un vistazo”?

Porque realmente cada viaje es un parpadeo. Es más una sensación de cada sitio, no es un trabajo académico, con bibliografía, con pie de página. Es una sensación. Le voy a decir algo grave: si uno vive mucho en un sitio se desencanta, y yo salí enamorado del Pacífico.

¿Recuerda cuál fue la sensación que tuvo la primera vez que fue al Pacífico?

En los primeros viajes se sentía como cuando uno ve una tempestad que ocurre a lo lejos.

En el libro habla sobre corrupción, violencia, minería ilegal, deforestación, a veces queda la sensación de que nada funcionara bien en el Pacífico…

Funcionan los ríos pequeños, son vitales y se convierten en caminos que unen las veredas.

En ciertos tramos de la narración no se sabe quién dijo qué, no se atribuyen las fuentes, ¿es porque la gente tiene miedo de hablar?

Sí, uno (como escritor) se expone pero no tiene tanto problema aquí (en Bogotá), pero imagínese alguien que vive en Guapi… Todo lo que ha dejado la guerrilla está siendo ocupado por los paramilitares, es una tragedia. Eso ya no tiene una motivación política, tiene una motivación económica que es más poderosa que la otra…

Cuando comenzó el proceso de paz con las FARC la mayoría de las encuestas decían que la gente de las ciudades no lo apoyaba, pero quienes vivían directamente el conflicto, sí, ¿En el Pacífico apoyaban el proceso de paz?

Apoyaban la primera parte, había muchos que tenían miedo de que las FARC desarrollaran la misma fuerza, ya no armada pero sí política y dominaran las comunidades negras, quienes tenían miedo de que las FARC los reemplazara, por eso fueron necesarias las dos últimas entrevistas del libro, con el ELN (Juan Carlos Cuéllar) y las FARC (Pastor Alape), que tenían el propósito de decirle a la gente que ellos no tenían el plan de quedarse, ni convertirse en una autoridad étnica, ni social ni política en la región.

En varias partes del libro abandona la estructura de datos duros para darle voz a pobladores que cuentan pequeñas crónicas ¿Qué buscaba con eso?

Son pausas refrescantes de la investigación, del drama, de la tragedia, de todos los problemas.

¿Cuál ha sido el rol de la iglesia católica en el Pacífico?

La mayoría de los religiosos son muy cercanos a la comunidad, hacen comunión, son unidos, y eso es muy de los negros, eso no lo encuentras en una comunidad campesina, a pesar de que hay fuertes lazos comunitarios, en el Chocó tienen mucha fuerza, allá hay una comunidad auténtica y en eso tiene que ver mucho la iglesia católica, hace un trabajo maravilloso, esa puede ser otra de las cosas que funcionan bien en el Chocó.

Por ejemplo, el movimiento de Buenaventura (el paro cívico que comenzó el 16 de mayo y terminó el 7 de junio) fue eso, casi un movimiento espiritual. Ellos tenían reuniones diarias donde comenzaban rezando, invocando la sabiduría del espíritu santo, uno no se imagina una reunión de carácter social y político que comience por ahí.

¿Cómo definiría el Pacífico?

Es un refugio, primero fue el refugio de los negros, pero también de la coca, es el refugio de la diversidad, donde acaben la diversidad del pacífico sería una tragedia, por eso creo que la Corte Constitucional declaró al río Atrato sujeto de especial cuidado, porque donde la cuenca del Atrato quede a la explotación aurífera, al “desarrollo”, el Pacífico queda destruido, y por ahí para abajo el río San Juan, también Nuquí, Guapi, el río Patía

Pero con tantos problemas que tiene el Pacífico suena más a un refugio en medio de una tormenta

Sí, puede ser, refugio en medio de la tormenta.

En una parte del libro hay un testimonio que dice: “cuando a mí me pusieron zapatos para ir a la escuela, no pude volver en muchos días porque se me hicieron moretones y ampollas en los pies”, esa es la visión que tienen en el Pacífico sobre los “beneficios del progreso”?

Me parece que la metáfora es exacta, sobre todo si son zapatos de cuero…

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