Entrevista con Víctor Gaviria: “La violencia es la voz y el lenguaje de los excluidos”

Diners conversó con el director de La mujer del animal, la película que se estrenó el 9 de marzo en las salas de cine del país.

Víctor Gaviria reconoce que es una de sus películas más violentas. La mujer del animal cuenta la historia basada en la vida de Margarita Gómez, una mujer que fue secuestrada por Libardo Ramírez (El Animal), un maltratador con el que convivió obligada durante 7 años. Conceptos como abandono, furia e indolencia rodean esta trama que refleja una de las realidades más absurdas del siglo XXI y que padecen miles de mujeres en Colombia y el mundo-, aquella en donde se culpa a la mujer por ser víctima de maltrato físico y psicológico.


¿Qué le llamó la atención de la historia de Margarita Gómez para volverla una película?

Varias cosas al tiempo. La primera, la forma en la que ella se me presentó, diciendo que era la mujer del animal; segundo, el solo apodo de ese hombre es muy potente. Su historia había pasado hace mucho tiempo, tenía 18 años cuando ocurrió y yo la conocí a los 53. Un tipo se la robó dándole escopolamina y ella vivió con él hasta que lo mataron. Parece que no le había contado a nadie su historia completa.

¿Qué cosas le contó?
Que estuvo siete años sin poder escapar, se la llevó a una finca, allá la violó y cuando regresó a su barrio todos la conocían como la mujer del animal, y ya no pudo escapar de eso. Todo el mundo le preguntaba: ¿Por qué no escapó? Incluso a mí la gente me decía: “esa es una mujer tonta, ¿para qué va a hacer la película de una mujer tonta?” Entonces me encontré muchas reacciones de hombres que no creen que las mujeres caigan en eso, y que creen que ellas siempre tienen la culpa.

Esa normalización de la violencia se repite en muchos casos en nuestro país…
Margarita me decía, “Don Víctor, ¿Por qué nadie me ayudó? Eso es lo que más me duele”, y es que todos sabían, la hermana, los cuñados, la suegra, los vecinos, los primos y los más terrible, me dice, es que cuando le contó a su hermano y a su cuñado le hicieron cara de sorpresa, no le creen, “me desautorizan al hablar, ellos creen que me emborraché con él y que le permití todo, como si fuera culpa mía, creo que por eso no intervinieron, dicen ¿Cómo así que la tuvo a la fuerza si usted le tuvo tres hijos?”

¿Qué se puede decir sobre Libardo Ramírez, “el animal”?
Margarita no hablaba de un ser humano, no había nada bueno en él.

¿Qué encontró en Natalia Polo y Tito Gómez para que elegirlos como protagonistas?

Siempre busco ver y sentir de primera mano un latigazo de dolor, que reflejaran el abandono, y Natalia me lo transmitió cuando me dijo, “mis papás me abandonaron, entonces me fui a vivir con mi abuelita, en Apartadó”, ahí entendí que la primera condición de las mujeres que caen en estas trampas de las que no pueden escapar, es el abandono, como quien dice, los animales buscan a esas mujeres que no tienen quién las defienda… Y Tito había vivido entre grupos de delincuentes, y también tenía ese magnetismo con las mujeres, pero en definitiva los escojo por su capacidad de improvisación.

¿Qué tan cercana fue Margarita en el rodaje de la película?
Ella siempre nos acompañó en la grabación, fue una consejera para mí y para los actores. Un día le dio la clave a Tito para su personaje, le dijo que lo que caracterizaba al animal no era que vestía muy bien, que era pintoso, buen mozo o que tenía verbo, sino una furia que nunca tenía techo, que iba creciendo y creciendo, y él hizo eso, se puso en los zapatos de un personaje que tenía una violencia que no se contenía. La película tomó ese giro, muy interesante, incluso puede ser insoportable para el espectador porque no hay tregua, no hay pausa, es de una intensidad que va subiendo y subiendo.

¿Cómo se vivía esa intensidad en el rodaje?
Nos daba una sensación de incertidumbre, de malestar. Era a veces poner el personaje de Natalia Polo en manos de algo que iba a ocurrir y que no estaba totalmente controlado, ese man (Tito) se descontrolaba, incluso él llegaba por la noche y se acordaba de lo que había hecho y descubría que el personaje lo poseía. Él vivió durante esos tres meses de rodaje poseído por él, en todo sentido, era increíble el poder que tenía.

La vendedora de rosas, Rodrigo D. no futuro, en sus películas siempre se trata el concepto de la violencia desde algún punto ¿Cómo la define?
Es la voz y el lenguaje de los excluidos, de aquellos que no tienen otra forma de hacerse notar si no es a través de esas expresiones de odio, rencor, y que están dándole a los demás el mensaje de que ellos han sido violentados también y que de alguna manera ellos han perdido la capacidad de la empatía. Están manifestando un escenario de inhumanidad del que hacen parte, y la única manera de mostrarlo es propagarlo.

¿A qué director joven de cine recomienda seguir?
Yo insisto en Ciro Guerra, es un cineasta puro, desde que empezó sabe lo que está haciendo. Hace poco me enteré que prestó servicio militar, es un hombre de provincia, de pueblo, y se le nota, y al mismo tiempo es un hombre que conoce bien el lenguaje del cine, la claridad que tiene es única, la puesta en escena es brillante, sin desconocer que hay otros buenos también, como Iván Gaona, César Augusto Acevedo, pero Ciro no ha tocado techo.

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