Marlon de Azambuja: “Bogotá es una ciudad interesantísima, con una energía increíble y tremendamente sexy”

Hoy comienza oficialmente la feria de arte contemporáneo Odeón y una de las instalaciones presentes que más llaman la atención es la del artista brasileño Mario de Azambuja.

Creada exclusivamente para este lugar e inaugurada el pasado 22 de septiembre, la obra se llama Air and light and time and space y tiene 1.000 bombillos de concreto. Conexiones, luz, reflexiones en torno a las ideas que se encienden y se apagan. Diners conversó con el artista sobre su obra.

¿Cuándo y cómo recibió la propuesta de Odeón para realizar esta instalación?
La idea se viene gestando desde ya hace unos años. Empezó con un contacto de la curadora Ximena Gama en una visita que hice en el espacio a finales de 2014, en donde descubrimos una admiración por ambas partes (de ellos hacia mi trabajo y mía hacia el espacio y su programa) y que nos llevó naturalmente a pensar en hacer algo juntos.

¿Qué representa para usted la luz tanto física como simbólicamente?

Más que representación me interesa la posibilidad de interpretación, porque me gusta moverme en los terrenos de lo poético, que a veces no son muy concretos, pero si muy bonitos. En el caso específico de esta obra la luz está abriendo muchas puertas, la del espectáculo, la de las ideas, la del fin del esplendor, pero también de la importancia de las vidas vivas y muertas. Desde un punto mas científico, la luz es prácticamente todo.

¿Por qué decidió nombrar la instalación con un poema de Charles Bukowski?

Mi amiga, y también artista Maya Saravia, me enseñó este poema justo cuando le estaba comentando las ideas sobre la obra y la muestra, y en un momento en que estaba dándole vueltas de cómo llamarla. Me pareció muy especial porque no solo conecta perfectamente con cosas que creo plenamente, sino también porque aplicado a la exposición hace que se abran algunas puertas más al trabajo, que estaban ya ahí, pero que el poema propone al espectador este camino posible de lectura de un modo más acogedor.

¿Por qué decidió elegir un material como el concreto para hacer los bombillos?

Aparte de mi fascinación por ciertos materiales constructivos, me apetecía generar una relación de contra función en términos prácticos. El concreto es denso, porque no solo no emana luz sino que más bien la impide pasar, la atrapa por su densidad, también la corriente eléctrica se neutraliza. Otro aspecto que me interesaba es que la pieza al final genera una sensación de columna, de estructura, y esa idea se refuerza con esos materiales constructivos.

Para hacer Air and Light and Time and Space se inspiró en su experiencia de bailarín, porque en cierto punto la luz del escenario lo cegaba. Me puede contar más al respecto de cómo influyó esta experiencia en su trabajo.
Eso fue con un primer pensamiento intuitivo, lo que me vino en la cabeza cuando me subí al espacio, la memoria de esas experiencias que tuve de joven con el escenario. La verdad es que desde aquellos tiempos, que sería entre finales y principios de 2000, no había vuelto a lidiar con esa sensación. Pero las memorias físicas están ahí, es increíble como el cuerpo te puede hacer acceder a ciertas experiencias y tender puentes cuando menos lo esperas.

¿Cuál fue el mayor reto a la hora de montarla?

Todo el proceso ha sido muy complejo de realizar. Empieza con la fabricación de los bombillos de cemento, las líneas de luz y hasta la instalación en el espacio, gran parte de eso potencializado por la distancia de Bogotá a Madrid. Han sido largos meses para llegar hasta aquí. Pero, a pesar de tantos problemas que han tenido que irse solucionando, mi relación con este proyecto es muy bonita, trabajar con Tatiana Rais y Alejandra Sarria ha sido muy especial, y poder hacer esa muestra es un enorme privilegio. ¡Estoy encantado!

El espacio es muy importante a la hora de desarrollar su trabajo. ¿Qué percibió de un espacio como el de Odeón, que es tan particular?
Efectivamente, el modo como nos relacionamos con el espacio es una de mis obsesiones más fuertes, y por eso he sentido una profunda conexión con Odeón. Me encanta que hayan sabido respetar la naturaleza de su estructura, ese medio camino que se hace entre ruina histórica y espacio habitable es muy inspirador porque te habla directamente de posibilidades, de la importancia de llevar las cosas adelante, pero también de vivir con las adversidades, porque la vida y la ciudad es así, no es un plano perfecto, son capas de historia que se pisan, conversas y pelean, pero sobre todo siguen adelante (la vida siempre sigue). Particularmente, me interesan mucho este tipo de lugares, y aunque la obra que hice no es completamente dependiente de este espacio, si que está desarrollada en sintonía con este, el espacio le habla a la obra y la obra al espacio.

El tema de los números también es importante en varias de sus obras. ¿Qué significan los 1.000 bombillos utilizados?, ¿hay alguna simbología latente?

Es una simbología personal, pero ni matemática, ni cabalística. El número mil es como un ciclo cerrado, completo, es un número alto que te hace pensar en una enorme cantidad de algo (trabajo, ideas, cosas) pero también suena como una meta a llegar, y realmente se trata de eso, nos propusimos algo y no paramos de trabajar hasta lograrlo.

¿Qué representa para usted que hayan dejado su obra más tiempo para estar presente en una feria como la de Odeón?
La permanencia de la obra durante la feria ya estaba prevista, es un momento de muchas visitas y visibilidad en Bogotá, así que queríamos aprovechar tanto esfuerzo y poder compartir con toda esa gente que circula por estas fechas. Pero también fue muy especial haberlo inaugurado antes, ampliando la muestra con ese proyecto paralelo tan bonito que ocupó prácticamente todo el edificio, y lo hicimos así porque aparte de este público de paso, que es tan interesante, queríamos que la muestra conectara con la vida real de la ciudad, esa que ocurre mas allá de los días de fiesta. Lo hicimos y fue precioso.

Como artista extranjero ¿cuál es su opinión de la escena artística nacional actual?
No sabría decirte del escenario nacional, pero desde luego Bogotá es una ciudad interesantísima, con una energía increíble y tremendamente sexy. Y hay tantos lugares, tantos artistas, curadores, pensadores, estudiantes, gente interesante, gente que hace cosas en todas las áreas. Y sí, ciertamente hay muchas carencias también, pero sinceramente veo un tejido cultural muy vivo, auténtico y poderoso. ¡Ya quisieran muchas ciudades europeas tener una energía como esa!

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