A 200 años de “Frankenstein, o el Prometeo moderno”

La creación de Mary W. Shelley ha logrado sobrevivir a las computadoras, los celulares inteligentes y los cientos de monstruos que han nacido desde entonces.

La británica Mary Wollestonecraft Shelley, conocida escritora y esposa del poeta romántico Percy Bisshe Shelley, nunca pensó que una noche de aburrimiento en viaje de amigos a Suiza daría vida a la criatura de dos metros de altura que protagonizó la primera historia de terror gótico, ciencia ficción, y que planteó dilemas éticos que se mantienen hasta nuestros días.

El origen de la novela

En el invierno de 1816, conocido como el “año sin verano” por las bajas temperaturas que experimentaron los habitantes del hemisferio norte, la pareja llegó a la Villa Diodati por invitación de Lord Byron, uno de los personajes más importantes del movimiento romántico, y John Polidori, su médico personal.

Encerrados en esta lujosa mansión a merced del invierno, Lord Byron le propuso a sus invitados escribir una historia de terror. Shelley, de apenas 20 años, redactó algunas ideas que le dieron vida al joven estudiante de medicina Víctor Frankenstein y a su monstruo hecho de partes de cadáveres.

La novela completa, que se centra en un monstruo horrendo pero de corazón noble a quien el rechazo de la sociedad termina convirtiendo en aquello que temen, vio la luz un par de años después. Shelley la publicó el 1 de enero de 1818 con la editorial Lackington, Hughes, Harding, Mavor & Jones de forma anónima.

Desde entonces, la historia de Frankenstein se ha convertido en un personaje de culto para directores de cine y amantes del terror y la ciencia ficción. Sin embargo, muchos fanáticos se siguen preguntando: ¿Cómo pudo una joven de 20 años crear esta obra maestra?

“Una mujer muy bien informada”

Algunos dicen que recibió ayuda de su esposo, mientras que otros le atribuyen la creatividad a la educación de sus padres: la filósofa Mary Wollstonecraft, quien redactó uno de los primeros tratados feministas de la historia (‘Vindicación de los derechos de las mujeres’, 1792) y quien murió once días después del parto de su hija y William Godwin, precursor del pensamiento anarquista.

Su padre la llevó a las tertulias del poeta Samuel Taylor Coleridge, uno de los fundadores del romanticismo en Inglaterra; William Nicholson, inventor; Humphry Davy, considerado el fundador de la electroquímica y otros pensadores que llevaron a la joven Mary tener un conocimiento excepcional en todas las ciencias que aparecen en la novela.

Es decir, que Shelley, además de tener una gran imaginación, era una mujer muy bien informada. De ahí que haya logrado plasmar tan magistralmente el peligro de jugar a ser Dios y las consecuencias que esto puede tener en la sociedad, como el desprecio, el amor y la venganza, en una misma historia.

Los dilemas éticos

El personaje de Víctor Frankenstein está presente en dos dilemas tremendamente actuales: la clonación y la creación de inteligencia artificial, temas que sin importar cuantos años pasen seguirán causando controversia entre la sociedad.

Para la muestra está la oveja Dolly, que nació el 5 de julio de 1996 en el Instituto Roslin de Edimburgo (Escocia). Este avance científico ocupó las primeras páginas de los periódicos en el mundo pues se trataba de reconocer el poder de la ingeniería genética, es decir, de dar vida a una especie por medio de una cadena de ADN.

Por otro lado, la inteligencia artificial, que a diferencia de Frankenstein no quiere matar a su creador, o al menos así parece. Esta duda quedó entreabierta cuando Sophia, la robot con ciudadanía de Arabia Saudita, afirmó en una entrevista, realizada por Business Insider en 2016, que entre sus planes estaba “matar humanos”. Por supuesto, luego de una revisión a su interfaz, Sophia cambió de opinión radicalmente y aseguró que “ama a toda la humanidad”.

Al igual que pasó con el monstruo de Frankenstein, este robot desarrollado por Hanson Robotics (Hong Kong) ha encontrado un gran rechazo por una parte de la comunidad internacional quienes aseguran que darle una nacionalidad, tratarla como humano y aceptarla dentro de la sociedad podría desatar cuestiones éticas que todavía no son claras.

Y, por supuesto, el cine

Gracias a ese compendio de ideas, la novela tiene un centenar de adaptaciones como la primera película de Frankenstein en 1931 con Boris Karloff como el doctor; Robert De Niro como el monstruo, bajo la dirección de Kenneth Branagh en 1994; la comedia de Mel Brooks con Gene Wilder como protagonista (1974); la exitosa obra de teatro que protagonizaron Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller de 2011; o la criatura de la serie Penny Dreadful (2016) interpretado por el británico Rory Kinnear (junto a un ingenuo Victor Frankenstein al que dio vida el actor Harry Treadaway), entre los más destacados.

No hay duda que la historia de Shelley seguirá deslumbrando a las generaciones futuras, y a los científicos, quienes buscan el origen de la vida y a los amantes de la literatura quienes siguen, y seguirán, estudiando esta obra literaria de 200 años.

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