Jairo Tobón: Señor sacristán

Proyecto de seminarista, teatrero y bailarín, todo eso fue este paisa de pura cepa antes de convertirse en el sacristán de la catedral más famosa del mundo: Nuestra Señora de París.

Un sacristán que no toca las campanas pero programa un sistema electrónico que las hace sonar a sus horas; un sacristán que no posa de Quasimodo ni busca a Esmeralda pero relee a Víctor Hugo en francés; que no cree en espíritus traviesos pero que dejó el suyo en medio del templo una noche en la que le dio por bailar y tocar las castañuelas con la complicidad de los compañeros de trabajo; que camina diez kilómetros diarios dentro de la catedral donde pasa doce horas y oye cuatro misas; que ha visto los más espectaculares acontecimientos religiosos y profanos de los últimos tiempos, y que llegó allí por aventurero. Ese es Jairo Tobón Tobón, el sacristán de la catedral más famosa del mundo: Nuestra Señora de París.

Nacido en Andes, Antioquia, hijo de José Tobón y Gabriela Tobón, con cuatro hermanas mayores, Jairo es más que un sacristán, parece un monseñor, y lo sería si no se hubiera volado del seminario de los jesuitas en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, cuando su espíritu de libertad pudo más que una aparente vocación religiosa. En Duitama, sin conocer nadie ni a la región, se enroló con el circo-teatro de Martín Martín Ospina y Maruja Aragón, quienes apreciaron sus innatas calidades artísticas y le enseñaron a bailar bambuco y otros aires, además de la actuación. Así, durante seis años, con la Pasión de Cristo y muchas comedias conoció a Colombia y la vida, con las vicisitudes, tristezas y alegrías que se experimentan bajo una carpa.

En Medellín, en pleno espectáculo, recuperó a sus padres, a quienes había perdido de vista desde niño cuando en la misma ciudad lo internaron con una beca en el seminario de San Ignacio para hacer la primaria y protegerlo del azote de la violencia. Para iniciar estudios de bachillerato y el noviciado se le trasladó a Boyacá. De los jesuitas guarda los mejores recuerdos, además de recibir los valores morales y éticos que rigen su vida, aprendió el arte de vivir con oficios y trabajos prácticos.

Su pasión por la actuación lo llevó a trabajar, manipulando el pantógrafo sobre las telas, en Tejicóndor, donde Jacinto Jaramillo dirigía el conjunto de danzas. El sello de Jacinto, su gran maestro, guía consejero le abrió la oportunidad de ir a Bogotá y actuar con ballets como los de Sonia Osorio, Oscar Ochoa, Kiril Pikieres y Hernando Monroy, director del Ballet Grancolombiano. Abrir su propia escuela, Za Zue, de danzas y dirigir grupos de empresas como el del Acueducto de Bogotá, Philips y Casa de Cultura de Zipaquirá, fueron retos satisfactorios, pero su meta era Europa, y a España llegó en un barco que zarpó de Cartagena, con poco dinero pero lleno de ilusiones. Eran los años setenta.

La amistad con unas misioneras compañeras de travesía le sirvió para trabajar en Madrid vendiendo suscripciones y distribuyendo la revista Evangelio y Vida. En el teatro de la Zarzuela conocía Carmen Gordon, con quien canjeó enseñanza de danzas colombianas por el aprendizaje de ballet español. Y el éxito no se hizo esperar: las danzas de Juanco Linares, el Ballet de Teresa y Luisillo, El Estudio Amor de Dios y Danzas de España, la amistad con el periodista Mariano Sanidelfonso que había vivido en Bogotá y trabajado en El Espectador, le abrieron las puertas para conocer lo mejor del espectáculo español y trabajar al lado de famosas figuras mundiales, pero nunca se creyó gran figura.

Las castañuelas de Notre-Dame del director Diego García Moreno, 2001. Vea la película completa aquí.

La fiesta de Nuestra Señora

Por haber ayudado a un empresario a escoger cuatro figuras latinoamericanas para la opereta Fiesta, del francés Francis López, y reemplazar a una de ellas que falló a último momento, Jairo Toboón se encontró de repente actuando en los famosos teatros de Chatelet y Mogador de París, no por un mes como era lo pactado, sino por toda la temporada, y en las giras por el sur de Francia que se prolongaron por más de dos años.

En Perpignan, en plena función, un empresario se fugó con todo el dinero y dejó en la ruina al italiano José Tabaro, director de giras, y al grupo entero. Saltando matones regresó a París, y una familia amiga colombiana, residente en el pueblito de Chanteloup Les Vignes, lo apoyó para montar una escuela de danzas, y como le sobraba tiempo y le faltaba dinero, hizo el curso de guía de Notre-Dame.

A la catedral entró por la puerta grande, con la lección aprendida sobre historia, arte, geografía y cultura del sagrado recinto y de París, para narrárselas en buen castellano a los visitantes en los días benévolos -miércoles, sábados y domingos- cuando son gratuitas las visitas guiadas. Era el año de 1980.

Dos años después, un sacerdote francés, que también era guía en su lengua, le propuso ocupar una vacante de sacristán. Para Jairo resultaba una aventura más, plena de seguridad social; para su patrón, el director de Notre-Dame, era creer y depositar toda su confianza en el guía colombiano. Y no lo defraudó. Ni un retardo se le anota desde hace dieciséis años cuando cada día, uno sí otro no, entra a las siete y media a preparar los ornamentos, los vasos sagrados y el altar para la primera misa y las que le siguen.

Se dedica también a atender turistas que indagan por milagros, medallitas, bendiciones y confesiones, orientar a sacerdotes que quieren concelebrar, controlar que las miles de veladoras de las 29 capillas no produzcan incendios, y si le queda tiempo, sin vigilar, observar a los sesenta mil turistas que diariamente recorren el sagrado recinto. En la noche y en sus días libres solo un fin de semana al mes Jairo vive su París a plenitud: ópera, teatro, cine, espectáculos y circo. Antes de regresar a su apartamento, situado cerca de la histórica Plaza de la República, acostumbra a tomar café en un bar para echar a rodar sus recuerdos, siempre alegres, pícaros, sin añoranzas, porque Jairo es un hombre feliz.

*Tobón falleció en abril de 2017 en su apartamento,cerca de la histórica Plaza de la República.
Revista Diners de Mayo de 1998. Edición 338

Articulos Relacionados

  • 5 actores que se hicieron famosos sin mostrar su cara
  • Camila Cabello rompió récords en iTunes
  • Maluma: de cantante a modelo en el desfile de Dolce & Gabanna
  • Los mejores 30 álbumes de la música colombiana