“Jesús e Internet”, por Orlando Ayala

¿Qué tienen en común Jesús e Internet? El colombiano que trajo Microsoft a Latinoamérica y quien fue la mano derecha de Bill Gates durante 25 años responde la pregunta.

Cuando fui invitado por Diners a escribir un artículo de Jesucristo y la Internet, mi primera reacción fue: ¿Cuál será el ángulo más relevante para escribir una nota al respecto? Después de pensarlo detenidamente la respuesta no fue tan obvia, pero al final vino tan clara y cristalina como el cielo azul de San José del Cabo en Baja California, México, desde donde escribo esta nota.

No hay eventos más relevantes en los últimos 2.000 años que precisamente esos: el nacimiento de Jesu­cristo y la Internet. No importa si los miramos independientemente o la posible relación que haya entre el nacimiento del gran maestro con la avallasadora revolución de la Internet 2.000 años adelante.

La validez y el impacto innegable de estos dos eventos, sin duda han sido y serán aquellas que han causado y causarán el más profundo impacto en la humanidad por los próxi­mos mil años de Jesús, porque después de 2.000 años “su verdad” está más vigente que nunca.

Esta verdad se halla fundamentada en principios básicos de oportunidad para el desventajado, de justicia y acceso masivo al bienestar espiritual y material, de la “realización total” de esa gran maravilla (el ser humano) creado por Dios su padre. La verdad de Jesús también habla de la obligación de las naciones, padres y educadores de desarrollar el potencial y proteger a la niñez como prioridad número uno, así como de la necesidad de igualdad no importa si mi color de piel es diferente a la de mi vecino, si mis hijos son hombres o mujeres, o si usted o yo venimos de una clase humilde o rica.

La verdad de Jesús fue y será una verdad de justicia ante todo y a través del básico entendimiento de igualdad pero siempre enalteciendo el gran potencial del individuo. La necesidad de hacer válido el mensaje de Jesucristo es más apremiante hoy que nunca y especialmente en países como el nuestro. Esta es una verdad y una ambición que ha tenido una innegable validez por los pasados dos mil años y los tendrá por los próximos mil.

¿Por qué la Internet es tan relevante en el contexto de la verdad de Jesús?

La respuesta es simple: en el umbral de un nuevo milenio esta tecnología representa una de las oportunidades más reales de cristalizar muchas de las grandes enseñanzas de aquel carpintero de Nazaret. Y lo es así, porque la Internet fue creada en forma expontánea con un principio simple pero tremendamente importante: su capacidad ecualizadora. No ha existido tecnología alguna en la historia de la humanidad con más potencial para cerrar brechas y acercar diferencias imposibles de cerrar en el pasado. No importa en qué lugar del mundo yo esté, qué religión profeso, cuál sea mi origen social o étnico, la oportunidad y facilidad de llevar mis ideas de una manera masiva a otros rincones del planeta es realmente asombrosa.

Pero quizás lo más relevante no es la oportunidad de comunicación masiva de las ideas en cuestión de segundos. La gran maravilla de esta tecnología revolucionaria es la gran posibilidad de tomar estas ideas y ponerlas en práctica ya sea en la forma de un nuevo negocio comenzado de la nada pero con potencial global, aglutinando esfuerzos para ayudar a otros, colaborar en la investigación y desarrollo de grandes problemas que afligen a la humanidad, haciendo un voluntariado virtual para ayudar niños en sus tareas del colegio, dar consejo a un familiar al otro lado del planeta que pueda encontrarse con un problema personal grave, y un sinnúmero casi infinito de ideas que pueden causar cada día el impacto fenomenal de hacer un mundo mejor.

Yo soy un firme convencido de este potencial de la Internet no por formación académica o porque mi trabajo de cada día esté relacionado con la industria informática, sino porque de muchas formas he podido comprobar y vivir en carne propia el tremendo poder de la Internet como un vehículo habilitador de la palabra de Jesucristo en toda su extensión.

Para la muestra un botón: cuando ocurrieron los desastres de Centro América y el último terremoto en Colombia, bastó sólo un mensaje de e-mail a través de Internet para encontrar miles de almas generosas dispuestas a hacer una diferencia, pobres, ricos, negros, blancos, cristianos, judíos, latinos, americanos, europeos.

En este esfuerzo de buscar ayuda rápida, el gran vehículo de la Internet no conoció fronteras, restricciones de tiempo o lugar: en menos de cinco horas ya se había recolectado un cuarto de millón de dólares y el mensaje salió de nuestro teclado sólo diez minutos después de que estas tragedias ocurrieran. ¡La palabra de Jesús en acción y activada en minutos!

El mundo de la Internet es un mundo inagotable de oportunidad, pero sólo si se tiene acceso a esta tecnología y de una manera masiva. Una de las más relevantes oportunidades está relacionada con el acceso temprano en la niñez a tecnolo­gías como esta gran red global de conocimiento. Este acceso no debe ser solo para una pequeña minoría, sino para todos y cada uno de los niños en un país.

Uno de los aspectos más importantes en que cada gobierno alrededor del mundo debiera trabajar incansablemente es proveer acceso masivo a la Internet en la mayoría de las escuelas posibles o a través de otros medios como “bibliotecas en línea” o “quioscos Internet”. En un programa bien estructurado de “Internet-ización” de la niñez que incluya la recapacitación de profesores, recaerá la competitividad de un país en los próximos cien años.

Al acercarnos al año 2000, estamos entrando al milenio del conocimiento. De eso no cabe ninguna duda. La competitividad, la gran esperanza y el éxito de un país no estarán necesariamente relacionados con los recursos naturales que este país posea, sino con la capacidad de una nación, su sociedad y sus dirigentes de potenciar el elemento humano. ¡La niñez tiene que estar en el corazón de esa visión!: Como Jesús lo expresó de una manera inequívoca: “Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos será el reino de los cielos”.

Aunque en esa expresión llena de ternura obviamente el Divino Maestro hablaba de la inocencia de los niños, no cabe en mi mente ninguna duda de que en su enseñanza también El habla del inagotable potencial que la mente de un niño puede tener en el impacto futuro de una sociedad si a esa mente “que es un maravilloso diamante en bruto” se le provee con las herramientas para hacer una realidad el regalo de la inteligencia dado por Dios. La gran tragedia humana hoy es el desperdicio a torrentes de este potencial alrededor del mundo y en nuestro país.

Como parte de mi trabajo profesional con Microsoft, yo tengo la gran fortuna de viajar alrededor del mundo y hacer contribuciones de tipo monetario e intelectual a comunidades y escuelas retrasadas socialmente. En los Estados Unidos yo me he concentrado particularmente en comunidades latinas con poco acceso a tecnología informática y la Internet.

Recientemente, como parte de una visita al área de Nueva York, tuve la oportunidad de hacer en nombre de Microsoft donaciones de nuestra tecnología a una asociación llamada “Aspira”. La donación incluyó la dotación de laboratorios de software y acceso de alta velocidad a la Internet en lugares como el Bronx donde hay altos niveles de criminalidad. Allí tuve la oportunidad de conocer un muchacho de unos 13 años llamado Eloy.

Después de la ceremonia donde se oficializó la donación y cuando ya me iba del recinto, este chico se me acerca y me dice: “Señor Ayala, yo vengo de una familia sin ningunos recursos pero he estado usando la Internet en los últimos dos años y sólo quiero que sepa que si no fuera por este acceso que se nos da a esta tecnología, hoy estaría en la calle vendiendo droga o quizás ya muerto. Esta contribución representa mi gran esperanza para algún día aspirar a ser lo que usted es hoy”.

La verdad no sé si un día Eloy llegue a realizar sus aspiraciones, pero sólo ver la pasión que la esperanza pue­de generar en los ojos de este muchacho (o cualquier otro Eloy que hoy está en la calle), sin duda fue una tremenda satisfacción única que valida en estos tiempos de la Internet la gran oportunidad de hacer la palabra de Jesucristo una realidad diaria, y hacerlo de la manera que realmente importa: alcanzando e impactando en forma positiva una gran cantidad de otros seres humanos que lo que necesitan son las herramientas del conocimiento para realizar su gran potencial humano. Internet convierte esta aspiración en una superinteresante oportunidad que es muy real.

Mucho ha transcurrido desde esos tiempos en que 12 individuos decidieron ser los mensajeros de Jesús y tomaron sus palabras para diseminarlas alrededor del mundo. El poder de ese mensaje ha cruzado fronteras y culturas y permanece como esa gran verdad con la que todos soñamos un día será una realidad en cada rincón de la tierra. Ese mensaje de justicia no ha perdido una sola palabra de validez.

En estos tiempos de cibernautas y de ese gran “vehículo virtual” pero espacial de la Internet, se ve aún más cerca la posibilidad de crear un mundo mejor a través de la activación práctica y masiva de las enseñanzas del Gran Maestro. Esa es la oportunidad que no debemos dejar pasar y en la cual deberíamos trabajar incansablemente.

El mundo de Internet es un mundo de estadísticas y números. Hoy se estima que por lo menos cien millones de personas tienen acceso regular a Internet alrededor del mundo. Y este es sólo el comienzo. La proyección de crecimiento es fenomenal y gran cantidad de gobiernos están trabajando activamente en proveer acceso a Internet de una manera masiva. En el pasado varias revistas americanas han analizado muchas de esas estadísticas y varios de sus artículos hablan de Jesucristo y su popularidad en Internet.

Jesucristo sigue fascinando a millones y millones de personas alrededor del mundo. Si usted hace una búsqueda y pregunta por artículos relacionados con Jesús, fácilmente encontrará que “el hijo de Dios” sobrepasa por lo menos en tres veces cualquier otro personaje en la historia de la humanidad. Hoy son más de 200.000 los artículos que pueden encontrarse disponibles con todo tipo de esquemas y enfoques. Pero mi interés al escribir este breve artículo no está relacionado con comunicar estadísticas o la parte técnica de este gran fenómeno de la humanidad. Tampoco es mi intención debatir cómo la Internet es importante con respecto a cómo va a cambiar la interpretación de la religión o la fe.

La verdadera relevancia desde mi punto de vista está en que la Internet como vehículo habilitador representa más que nunca la más clara oportunidad de activar de manera masiva y con acciones concretas las palabras de Jesús.

No existe combinación más poderosa: un mensaje que ha permanecido inamovible en su gran relevancia por más de 2.000 años y un trampolín tecnológico como la Internet para hacerlo realidad de una manera global y con acciones concretas cada día.

Quizás esta sea la gran combinación que se nos ha puesto al frente para crear un mundo más justo, donde las diferencias ideológicas se debatan y resuelvan con ideas y acciones conciliadoras y no con armas que derraman la sangre del hermano; un oasis donde no haya lugar al horrendo crimen de cortar la libertad del individuo por razones ideológicas o monetarias; un mundo donde las oportunidades que brinda el conocimiento no son de unos pocos sino del universo como un todo; una nación donde el potenciar la mente desde la temprana edad esté por encima de contiendas políticas y batallas ideológicas, y un mundo donde la mujer, los seres de color, los desamparados y muchas otras minorías vean un universo de oportunidad y no uno de discriminación y la desolación de estar condenado a encontrarse en desventaja por el solo hecho de pertenecer a cierta categoría de individuo.

Siiiií, Jesús y su palabra son el acontecimiento más im­portante que la humanidad ha presenciado en los últimos 2.000 años, y la Internet, el avance tecnológico más asombroso de la humanidad. Su combinación ha­cen la fórmula más poderosa para perseguir lo que este mundo debe ser: ¡un mundo infinitamente mejor!

Sobre el Autor

Orlando Ayala fue durante 25 años el vicepresidente de Microsoft para América y el Pacífico Sur. Ayala se encargó de supervisar las ventas y los programas de mercadeo, servicio y apoyo de los productos de Microsoft. Bajo la responsabilidad de este colombiano, nacido en 1958, estuvieron los mercados de Canadá, Estados Unidos, Latinoamérica, Australia y Nueva Zelanda. Desde que Ayala trabajó para Microsoft, los ingresos de esta multinacional han subido en un noventa por ciento y gracias a este genio de la administración, Latinoamérica se encontró, en sólo cuatro años, con siete nuevas subsidiarias de Microsoft. Ayala es tal vez el cerebro colombiano fugado que vale su peso en oro.

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