La diseñadora gráfica paisa se estrena como escritora. Reconocida por su buen gusto y elegancia, quiso compartir algunas de las lecciones que ha aprendido en la vida.

En un entretenido abecedario repasa desde cómo entrar a una fiesta, tener una buena conversación y posar para una foto, hasta su definición de ecléctico e intelectual.

“No se trata de decirle a la gente qué hacer ni de seguir reglas”, aclara mientras toma una infusión de frutos rojos en uno de los salones de la Casa de Amelia, un exclusivo club para mujeres en Bogotá, del que fue la primera socia –y el lugar que eligió para hacer las fotografías con Diners–. Cada espacio tiene un ambiente único, donde diseño y decoración se unen para crear experiencias novedosas y cosmopolitas. Un comedor retro, con un papel de colgadura de vegetación selvática y un tapete azul; una habitación rosa pastel con muebles dorados y un tapete de cebra pintado en el piso. En el lugar no hay vasos, solo se toma en copa y todas las tazas de té o café son diferentes. Es único, fuera de lo común, quienes conocen a Gloria Saldarriaga dirían que es típico de ella.

Y es que si algo caracteriza a esta paisa, ad portas de cumplir 50 años, es su estilo. En el diccionario existen más de diez definiciones para esta palabra, tal vez la que más se aproxima es: Gusto, elegancia o distinción de una persona o cosa. Sin embargo, se queda corta, porque su estilo es integral, va desde cómo habla, cómo se viste y lo que hace, hasta la manera de asumir la vida. Como ella misma lo dice: “Hasta para llorar hay que tener estilo”.

“Me visto para mí y me parece interesante cómo se visten los demás, no con ánimo de criticar, sino de ver propuestas diferentes. No hay nada mejor que la originalidad y la diversidad”.

Lo ve más como una actitud. “El estilo se va desarrollando. Hay que ser original y segura de sí misma. Creo que el secreto de todo está en cumplir años, y esto aplica desde la ropa que te pones y lo que desayunas, hasta cómo enfrentas problemas y preocupaciones”. Lejos de considerarse experta –hay temas de moda, decoración, la parte social y otra del ser interior (“sin dármelas de autoayuda”)–explica que observa, analiza, le gusta tener conciencia y fijarse en los detalles. De ahí surge la materia prima para el libro Simple chic, de Editorial Planeta –que nunca se propuso escribir–.

Antes de continuar, cuenta que la publicación es consecuencia de una serie de coincidencias. “Como todo lo que me sucede, las cosas se fueron dando. Soy ambiciosa pero no calculadora. No me fijo metas ni logros”. Por eso, no se sorprendió cuando le propusieron escribir. La idea surgió de los post en Instagram del Bestiario de Gloria, un personaje que creó tres años atrás, junto con la ilustradora Natalia Swarz, su cómplice en esta aventura.

“Quisimos crear una influencer distinta a las demás, nos parecía que hacían publicidad forzada, obvia y poco espontánea”. Así nació la muñequita, como le dice Gloria. Hasta ahora tan solo una marca creyó en el personaje y el concepto. “No somos muy negociantes”, afirma con una sonrisa de resignación. No obstante, las ocurrencias de su alter ego llamaron la atención de la editorial Planeta. Gloria aceptó el reto y se propuso divertirse en el proceso.

“Buscamos crear un contenido útil y cercano, y que cada persona lo adapte como considere. En realidad es un glosario de inspiración para mujeres que saben gozarse la vida”. Habla en plural, porque esto fue el trabajo de un equipo, formado por investigadoras, fotógrafas y mujeres de diversas disciplinas, que no tuvieran nada que ver con moda. Hoy quienes comenzaron siendo colaboradoras, son sus amigas. “Conocen todo de mi vida”, aunque aclara que no se trata de una autobiografía.

El libro no tiene una estructura fija ni rígida. Cada una de las 248 páginas posee definiciones de palabras, tips, consejos prácticos, frases y sorpresas que pueden aplicarse a diferentes situaciones y momentos. Unos son más serios que otros. La I de Intelectualidad es importante. “Sea curiosa, lea el periódico, no se trata de ser un ratón de biblioteca, solo de estar informada”. Y va de la mano de edítese. “Sea selectiva con el contenido que consume y repite. Conserve las cosas que aportan, descarte lo negativo, cuídese y cuestione lo que publican en las redes, y no les dedique tanto tiempo”.

“Soy práctica, tengo higiene mental, no le doy tanta vuelta a las cosas, cuando tengo un problema lo relativizo”.

Este ejercicio lo aplica en todas las áreas de la vida. “Soy práctica, tengo higiene mental, no le doy tanta vuelta a las cosas, cuando tengo un problema lo relativizo”. Entre broma y en serio dice que cuando ve a sus amigas dándoles tantas vueltas a las cosas y complicándose por pequeñeces, se cuestiona si ella será muy básica.

Una palabra que le encanta y con la que se identifica es ecléctico, pero opina que pocas personas la saben usar o aplicar. “No quiere decir ser excéntrico o exótico. Es ser una esponja que absorbe todo lo que ve, lo que oye, y puede ser en un viaje, una exposición de arte, en la plaza de mercado, la casa de una amiga o viendo televisión. Toda esa información sale de repente, cuando estás armando un florero o poniendo la mesa”.

Revela también consejos más técnicos, como la manera de ubicar la lengua dentro de la boca cuando le van a hacer una foto, o el encanto y poder de las fajas o “prendas de control” para darle un toque de elegancia. “Me fascinan, tengo una cantidad, no solo mantienen el estómago templado, sino que son la mejor forma de asegurar una buena postura”.

Varios capítulos tienen que ver con la moda, una de sus grandes pasiones. “No quería caer en el lugar común, los tips de siempre, que el pantalón negro o la camisa blanca, procuré evolucionar ese concepto”. Sugiere apoyar la artesanía y el diseño local, ser consciente de la ecología y las marcas que la respetan –es fanática de lo vintage–, y así mismo da un tutorial de cómo empacar cuatro sombreros dentro de una maleta sin que se dañen. “No hay nada más feo que cargarlos en una bolsa en el aeropuerto”.

Tal vez el mensaje más profundo, que puede parecer sencillo, y hasta obvio, pero que vale la pena repetirlo las veces que se requiera, es que ser bueno es muy fácil. “No hay que buscar tanta teoría, si uno es bueno, cosas buenas le pasan a uno. Y cuando uno debe enfrentar situaciones difíciles como pérdidas y duelos, la vida le está dando una lección para crecer. Debemos sobreponernos a los obstáculos, es la forma de encontrar la felicidad. Y cuando estamos felices se nota en nuestra mirada, en la piel y en la energía que transmitimos”.

El último capítulo, titulado “Zzzz”, se refiere a cerrar ciclos y saber decir adiós. “Así como hay que saber llegar con estilo, hay que saber despedirse, sea de una fiesta, de un trabajo o de las personas que quieres. Como dijo Balenciaga, cerrar con broche de oro”.

No se trata de seguir reglas, el libro tiene consejos que le daría una amiga o su hermana mayor, como ella misma aclaró al comienzo de la entrevista. Y su mensaje antes de irse es: “Nunca olvido que la vida es corta, hay que disfrutarla, y hacer una fiesta de ella”.

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