El 13 y 17 de diciembre se juega una final inédita entre Santa Fe y Millonarios. Un hincha del equipo cardenal hace un repaso sobre su vínculo entre los dos equipos de la capital.

No recuerdo desde cuándo soy hincha de Santa Fe. Es un cliché decir “desde siempre”, pero la verdad es que no sé cuándo comenzó el gusto por el equipo que cuando nací, llevaba 18 años sin ser campeón.

Me volví hincha del equipo que no ganaba nada, del que era la burla fácil de los demás clubes, del que no estaba cerca de llenar un estadio; tanto así, que mi primera memoria de Santa Fe no se remonta a un partido, o a cuando conocí El Campín, o a la vez que mi papá me regaló el uniforme del equipo como noticia de que iba a hacer parte de su escuela de formación. El primer recuerdo se lo debo a un tío, hincha de Millonarios.

Cada vez que íbamos de visita a la casa de la bisabuela-pintada de azul y blanco-, y había partido de Santa Fe, mi tío Eliécer nos recibía con palabras contundentes.

-¿Sí supieron que hoy ya no van los 4 mil hinchas de Santa Fe al estadio?
-¿Por qué lo dice, compadre?-, confrontaba mi papá
-Porque si ustedes dos están acá, quiere decir que al Campín solo fueron 3998 personas.

El chiste se repetía cada fin de semana. Millonarios era el equipo con más títulos en la historia y por lo que se veía en aquella época, el de más hinchada, mientras que los de Santa Fe parecía que se podían contar fácil. Pocos argumentos podían valer para defenderse, la sequía de casi 37 sin ser campeón no solo ahuyentó del estadio al seguidor cardenal, sino que le dio el libreto del bullying necesario a los demás hinchas.

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La mala racha acabó el 15 de julio de 2012. Conseguimos la séptima estrella. Desde entonces, el promedio de hinchas en el estadio ha alcanzado hasta 15 mil personas-más de cuatro veces que hace diez años-, y hemos ganado 9 títulos. De todos mis recuerdos de aquel día de julio, cuando el fútbol nos volvió a sonreír, uno de los que más valoro es, de nuevo, ocasionado por un hincha de Millonarios. Otro tío me dijo: “me alegra que Santa Fe haya ganado, para ver si ahora nos ponemos las pilas nosotros”. Para ese entonces Millonarios llevaba 24 años sin conseguir un título de la liga local.

Ese mismo año, el albiazul llegó a la Final contra Medellín (Santa Fe ni siquiera clasificó a las finales, y tampoco nos hizo falta, el reciente título nos dejó más que satisfechos). El ganador tuvo que definirse mediante tiros desde el punto penal. Estábamos reunidos en la casa de mi bisabuela, con mi tío Eliécer y otros tíos que por convicción, decidieron jamás volver al estadio-desde que la violencia impidió que el fútbol, como ellos lo conocieron durante los años setenta y ochenta, donde azules y rojos veían el partido juntos en la tribuna, desapareció-.

Cuando Luis Delgado atajó el cobro que le dio a su equipo la estrella 14, mis tíos se abrazaron, se les escurrían las lágrimas, gritaban: campeones, campeones, Millos, Millos. Hasta mi papá y yo, los únicos rojos de la casa, compartimos la celebración con ellos. No los había visto nunca tan felices por su equipo.

Salvo mi papá, dos primos y una tía, todos en mi familia son hinchas de Millonarios. Hemos sabido llevar las diferencias futboleras de sana manera. Ahora, por primera vez en la historia se disputará una final de liga entre los dos.

Ambas hinchadas están tan ansiosas como sedientas por ganar. Muchos querían evitar este partido porque les dolería el alma si su tradicional rival los llegase a derrotar. Sin embargo, aunque amo a Santa Fe y voy al estadio a todos los partidos desde que tengo 17 años (a la barra Los mismos de siempre, en Oriental General), a pesar de que fui hasta Argentina el año pasado para ver al equipo en la final de la Recopa contra River, a pesar de que he hecho amigos en la tribuna, que he llorado de alegría y rabia ante los triunfos y las derrotas, debo decir que el hecho de que Millonarios llegase a ganar no me indispone. ¿Cómo voy a enfadarme si gana el equipo que hace feliz a mi familia y a mis amigos? Si nos llegan a ganar no queda de otra sino celebrar con ellos.

Obviamente prefiero que Santa Fe consiga el título y tener por el mango la sartén del bullying futbolero en el futuro, para poder terminar cualquier conversación con un hincha de Millos diciéndole: Te ganamos la final y te igualamos en número de títulos (no de estrellas, aclaro. En total Millonarios tiene 17, y Santa Fe, 16).

El expreso rojo es el primer campeón, Millonarios el segundo. Son la rivalidad más antigua del fútbol colombiano. Se necesitan históricamente y sus hinchas ya están ricos en chistes y cuentos entre ambos equipos. Esta final hay que disfrutarla, tiene que ser especial, hay que verla con la familia y amigos del equipo rival para demostrarnos que podemos ver fútbol como lo hacían mis tíos hace más de veinte años. Gane quien gane utilicémosla con una idea de unión, suficientes cosas en este país nos separan de los que queremos, como para que también lo haga el fútbol.

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