“Jesús de Nazaret, ese gran bromista”, J.J. Benitez

El autor de la exitosa saga Caballo de Troya compartió con Diners su visión de Jesús, la Iglesia y la redención.

Mi interés y mi pasión por Jesús de Nazaret comenzaron en 1975 con algunas investigaciones que realicé casi por accidente, gracias a la sábana santa de Turín.

De la mano de la ciencia me fui tropezando con un personaje casi desconocido en el mundo, o mejor, bastante tergiversado por la historia, por las iglesias en general que han dado la idea de un Jesús muy oscuro, muy lejano que no tiene nada que ver con el ser humano, ya que siempre lo presentan como un juez, un fiscal que está esperando a que tú metas la pata.

Conforme fui investigando, me fui dando cuenta de que, aparte de su naturaleza divina, se trataba de un ser humano extraordinario. No sé cómo explicarlo, era un ser del día a día, del común, un señor que con seguridad tenía todos los problemas del mundo, todas las dudas, porque no alcanza conciencia de su naturaleza divina hasta bien entrados los treinta años, precisamente en Hermón.

Pues este hombre es alguien que tiene unas ideas locas, que chocan violentamente con su familia y la sociedad normal que tienen otras ideas, un trabajador que se queda seguramente huérfano, saca adelante a los que entiendo eran sus hermanos (es claro que tenía más hermanos), alguien que jamás se enfada, salvo en una ocasión que no sé si llamarlo enfado, porque no estaba delante para verle la cara, pero lo dudo.

A lo largo de estos años he descubierto y comprobado que tenía un enorme sentido del humor, que estaba todo el santo día gastando bromas, que le encantaba ponerles apodos a los demás como el que puso a Pedro cuando le dice “Cefas”, que quiere decir “piedra”.

Es curioso cómo la gente no ha entendido por qué se lo dice. La gente piensa que va en serio, pero le dice “Tú eres piedra”, y se lo dice porque era el ser más débil del mundo, y como gesto irónico, le pone lo contrario, porque era el ser más voluble, tanto que llega a negarlo hasta cuatro veces, no tres como se dice.

No entiendo por qué este rasgo característico de Jesús, su profundo sentido del humor y su tendencia a ponerle motes cariñosos a la gente, no quiera ser reconocido. Es que hay algo claro: los seres mientras más inteligentes o más despiertos son, tienen una especial energía hacia el sentido del humor, hacen bromas de todo porque piensan que los temas cuanto más graves, más sentido del humor necesitan.

Así pensaba Jesús, quien aparte de su alegría innata que obviamente tenía, porque sabía lo que estaba haciendo, trataba de transmitírselo a la gente, decirle por qué hay que vivir… Cuando uno sabe por qué hay que vivir, las cosas no son tan oscuras.

Otros rasgos que he descubierto es que tenía una compasión y una ternura fuera de lo común, además de una paciencia infinita, sobre todo cuando escuchaba estupideces continuamente, en especial entre las castas sacerdotales.

Era un hombre increíble, y como periodista me hubiera gustado pegarme a su sombra, sin hablar, sólo apuntando lo que dijera, me hubiera metido con él en el baño, hubiera estado con él no en la cama, pero casi, hubiera visto cuando se lavaba, cómo se lavaba, todo lo que hace un ser humano en su intimidad, porque entiendo que eso es muy interesante para la gente.

Algunos se sorprenden cuando digo que estoy seguro de que tuvo un perro, es más, tengo un perro que se lla­­ma como supongo que se llamaba el perro de Jesús de Nazaret, Zal, que en griego significa “el poder del mar”.

Era un gran amante de la naturaleza y la música, tengo noticias de que se fabricó su propia arpa, la tocaba y luego ocurrieron cosas extrañas con ese instrumento. También era un amante del campo, de la mar, y lo curioso es que nadie se lo imagina bañándose, nadando, porque todos se olvidan que era un deportista, tenía piernas de corredor de maratones y los hombros de un gimnasta.

Era alguien a quien desde niño le gustaban los animales. La verdad es que hay tantos aspectos desconocidos en la vida de este hombre-Dios, porque así es para mí, hombre-Dios, que uno como periodista fascinado, se siente impotente por no poder cubrir esas lagunas.

Uno de los temas que más generan controversias es el que se relaciona con las decenas de hechos que han sido omitidos, mal interpretados o confundidos, tanto en los escenarios como en las palabras. La razón es simple. Si uno analiza cuándo se escriben los Evan­gelios, descubre que pasan muchos años desde que muere Jesús de Nazaret hasta que aparecen formalmente los textos que conocemos, y que además son copias de copias de copias.

Parece ser que hubo dos discípulos que, nada más morir Jesús, empezaron a tomar nota de lo que ellos recordaban. El primero es Andrés, hermano de Pedro, y el otro, Mateo. El texto de Andrés se pierde, no tenemos constancia histórica de él. Pero algunas personas lo leyeron y tomaron a su vez notas que pasaron de mano en mano. Con el texto de Mateo pasó más o menos lo mismo.

Cuarenta o cincuenta años después de la muerte de Jesús, alguien se pone en marcha y quiere volver a escribir aquello, pero ya se sabe qué ocurre con una noticia, porque al cabo de media hora los cinco testigos presenciales dan cinco versiones distintas.

Cuarenta o cincuenta años después, es claro que los hechos no fueron reproducidos correctamente, debieron sufrir amplias tergiversaciones. Además, nos en­contramos con una iglesia primitiva que ya está em­barcada en ciertos intereses de supervivencia, de expansión, de diferencias ideológicas entre las personas de su propio seno. Pablo ya no está de acuerdo con Pedro, lo que provoca que en los textos que aparecen cincuenta o setenta años después de su muerte, como los de Juan, ciertos hechos sean cambiados, porque había cosas que interesaba justificar, como la supuesta fundación de una iglesia.

Con todo respeto afirmo que Jesús nunca pudo fundar una iglesia y cuando alguien coloca la famosa frase de “Tú eres Pedro y sobre esta piedra, etcétera”, es porque filosóficamente quiere justificar la existencia de una entidad. Quien tiene que justificarla, según ellos, es el Maestro. No puede hacerlo Pablo ni pueden los seguidores. Por eso hay una continua confusión, tergiversación y omisión que son un desastre. Es claro que los evangelistas no hubieran pasado el menor examen de periodismo en la actualidad…

Aunque muchos quieran negarlo, es evidente que numerosos acontecimientos fundamentales de la vida de Jesús fueron omitidos y tergiversados, pero el más importante se relaciona con lo que él dijo. Su mensaje no existe, no lo podemos encontrar en ningún lugar, en ninguna religión, porque el colegio inicial de discípulos, nada más marcharse Jesús de la Tierra después de las apariciones, se embarca en otra pelea de la que tampoco se dice nada.

Es que el grupo que encabeza Pedro, que es mayoritario, está fascinado, deslumbrado con los hechos físicos de la resurrección y las apariciones del Maestro, porque les dan alas ya que habían sido derrotados, su líder masacrado y, sin embargo, resucita, eso al pueblo lo deslumbra. De otro lado, hay un grupo minoritario de discípulos, unos tres, que le dice a esta gente que no diga eso de Jesús, que no resulta conveniente, que no es importante que haya resucitado, que lo importante está en el mensaje, pero los rechazan y aplastan.

Ese mensaje omitido es importante porque se plantea toda una revolución de cara a la divinidad. Hasta ese momento había treinta mil dioses en la nómina de los romanos, según Hesíodo, y otros tantos en otros pueblos. Entonces este hombre trae la visión de un solo Dios, bondadoso, ni siquiera Yavé se parece a lo que predica Jesús de Nazaret, quien les dice con palabras cotidianas: “Fíjense qué maravilla, les vengo a decir como chico de los recados que ese Dios increíble que no te lleva las cuentas ni te va a pedir nada a cambio, te ha creado inmortal desde el nacimiento. Hagas lo que hagas”.

Según esa teoría todos los seres humanos somos hermanos físicamente, como la genética lo está demostrando. Ese es el hecho más importante de la vida de Jesús de Nazaret, y sin embargo no ha trascendido ni ha sido escrito, porque se habla del amor, la comprensión, pero no se dice que somos inmortales, que todos nacimos con un pasaporte diplomático de inmortalidad, es decir, cuando el lector se muera, seguirá vivo y ese tema, esa teoría no son recogidos en ninguna parte a pesar de ser importantísimos, a pesar de ser la esperanza pura y dura.

Entre otros centenares de hechos mayores y menores que no fueron incluidos ni propagados por muchas razones, hay un aspecto que algunos han querido tergiversar: Jesús sabía para qué estaba en la tierra. A partir del momento en que está en el Hermón, en ese retiro voluntario antes de la vida pública, toma conciencia de su divinidad plenamente, sabe quién es, recupera su memoria, porque hasta los 31 años más o menos se debate en una situación angustiosa, pues tiene unas ideas que no son las ideas de los judíos, ni las ideas de los sacerdotes, ni de su familia, ni de sus amigos, él quiere hablar con Dios directamente, eso era blasfemia. A partir del momento en que recupera esa memoria, él sabe quién es, reconoce su divinidad.

Otro de los temas polémicos en torno a Jesús tiene que ver con su concepción en el vientre de una virgen. Ese debate arranca en el siglo IV cuando el papa Cilicio se empeña en decir que en el seno de María nunca pudo entrar el semen humano porque eso es una blasfemia.

Pienso que ese Papa estaba de siquiáta, porque a mí lo que me interesa es la maternidad, porque la virginidad de María me da exactamente igual. No veo ninguna ventaja, salvo el que alguien quiera adornar la figura de Jesús como lo hacían los antiguos héroes y los mitos de la antigüedad, según los cuales los grandes avatares nacían de una virgen. Creo que El tenía méritos más que suficientes para que por sí mismo pudiera ser reverenciado, no porque naciera de una virgen.

Además, pienso que Dios es un ser muy sensato. Si hubiera querido crear a Jesús por obra del Espíritu Santo, podía haberlo hecho, pero no lo hizo porque las leyes de entonces explicaban con mucha claridad que un bastardo que sería en este caso un hijo nacido sólo de mujer, no tenía derecho a nada, era la escoria del pueblo, y era maldito. Los judíos que sabían esto, cuando El sale a predicar no le hubieran permitido ni abrir la boca.

Aparte de que, según el punto de vista genético, hoy sabemos que una mujer puede tener un hijo sin intervención de varón, eso puede hacerse hoy, pero siempre saldría mujer, porque los cromosomas de carácter hereditario que caracterizan al varón, son Y. Si sólo es estimulado el óvulo de la mujer sin intervención de varón, el resultado sería unos cromosomas XX, es decir, mujer, por lo tanto, Jesús nunca hubiera sido varón, sino una mujer. O sea, hay unos problemas añadidos e innecesarios que llevan a una sola conclusión: Jesús fue concebido de forma natural, por su padre y su madre terrenales.

Uno se pregunta en qué empaña eso la divinidad. En nada, porque la divinidad no tiene nada qué ver con la genética. Dios no depende de los genes.

Otro error de las religiones consiste en afirmar que Jesús vino a la Tierra a redimirnos, pero resulta que nosotros no necesitamos salvar ninguna culpa, nosotros somos víctimas, no culpables de esa famosa historia de Adán y Eva. Jesús sabe que está aquí para enseñarnos un mensaje, y además (esto es misterioso y casi incomprensible), viene porque necesita conocer de cerca a sus criaturas.

Esto es un misterio pero Jesús lo explica de esta manera: Dios necesita encarnarse en determinados segmentos de su creación, con determinadas criaturas, para conocer directamente quiénes son y cómo son, aunque El las ha creado, pero es el plan. Sólo cuando El conoce directa e íntimamente, porque es uno más, a sus criaturas, cuando alcanza el dominio de su creación, recibe la bendición y se sienta a la derecha del Padre y solamente así es su misión, o sea, no viene a salvar a nadie, a redimir a nadie. ¿Redimirnos de qué?

El tema de Jesús de Nazaret, por supuesto, es inacabable, y a medida que ciertos sectores pretendan ocultar la verdad, ésta será conocida con más prontitud y claridad.

Revista Diners Edición 257 de diciembre de 1999

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