El cómic como arte total: entrevista a Joe Sacco

El dibujante y periodista Joe Sacco fue uno de los invitados al Festival Gabriel García Márquez. Diners habló con él sobre periodismo, cómic y el conflicto humano.

Joe Sacco (Malta, 1960) es aclamado desde dos mundos que hace varios años parecían distantes: el del cómic y el del periodismo. A pesar de que se licenció como periodista, muy rápido se pasó al dibujo porque no era feliz con el trabajo que tenía.

Un poco de Robert Crumb, otro poco de Hunter S. Thompson, Sacco ha retratado en sus dibujos varios de los conflictos de la humanidad, como el de la Franja de Gaza, Bosnia y Sarajevo.

Su libro “Notas al pie de Gaza”, le tomó cerca de siete años terminarlo, entre su investigación (unas 70 entrevistas), las transcripciones, y el proceso de dibujo del que dice “dibujo a mucha gente, escenas de multitudes corriendo o en una escuela, y luego mercados en Gaza. Odio cuando dibujan una o dos personas y un burro detrás y dicen que es un mercado. Quiero que se sienta como en una plaza de mercado, y eso toma mucho tiempo”. Y es por estos largos relatos sobre la guerra que se ha hastiado y también trabaja en cómics humorísticos, como la colaboración que hizo con Harvey Pekar para American Splendor.

¿Por qué dibujar en vez de hacer periodismo escrito o fotográfico?
Porque soy un dibujante. Esa es la razón, eso es lo que quiero hacer y lo que siento natural. Cuando era más joven, quería ser escritor, me gradué como periodista. Gravité siempre alrededor del cómic porque no era feliz con los trabajos que tenía. Entonces soy un caricaturista, pero estoy interesado en ciertos temas. Si fuese un cineasta, aun así estaría interesado en los mismos temas, iría a los mismos lugares. Si fuese un fotógrafo, haría lo mismo.

Esos temas son siempre la guerra, o la naturaleza humana del bien contra el mal, ¿por qué le atraen tanto?
Yo solo quiero saber sobre el mundo. Me gustaría saber, antes de morir, cómo funciona el mundo, cómo funciona la política, qué rol juega la naturaleza humana en la historia. No me veo como un periodista de guerra sino como alguien interesado en personas en situaciones difíciles, a veces es el conflicto armado, a veces es la pobreza, otras veces es gente tratando de migrar y que no es bienvenida.

Luego de tanto trabajar en estos temas ¿Cuál ha encontrado que es el común denominador?
Veo que hay mucha gente que ha sido atropellada por la historia. Todos quieren vivir una vida decente, que sus hijos vayan a una buena escuela, tener buenas oportunidades. La mayoría no piden mucho, y es una pena que la guerra y otros conflictos hagan esto tan difícil para muchas personas. Hay lugares donde la población ha sido atropellada por la historia, y no solo por la guerra, sino por el colonialismo cultural.

Lea también: Joe Sacco, “Me encanta dibujar y contar historias”

¿Se siente hastiado?
Sí, estoy harto. Estoy trabajando en otras cosas, pero incluso esas otras cosas terminan llevándome a algo muy parecido, es decir, si estoy trabajando un tema sobre indígenas en Canadá, encuentro que ellos son jodidos por el sistema educativo, intentan quitarle su cultura, y eso es una forma de violencia. Eso ha tenido mucho impacto sobre ellos, muchos problemas de alcoholismo. Pero no puedes huir del conflicto. Es extenuante. Lo que estoy intentando hacer ahora es trabajo satírico o humorístico. Paso un día a la semana trabajando en algo que no sea periodismo, es una especie de reposo para recargar mis energías.

La mayoría de su trabajo no busca objetividad, ¿por qué?
Llegué a la conclusión de que es muy difícil ser objetivo. Puede llegar a ser imposible en ciertas circunstancias. Si eres un periodista estadounidense, corresponsal en el medio este, ya vas con muchas ideas culturales preconcebidas sobre el mundo musulmán, sobre el islam. Creo que es importante reconocer eso, reconocer que eres un extraño en un lugar diferente al que sueles estar. Muchos periodistas casi pretenden que pueden ser completamente neutrales, que están completamente separados de la situación, yo no creo que eso sea totalmente cierto.

Yo prefiero admitir mi presencia, mostrar que estoy intentando mezclarme entre un grupo de gente porque no sé cómo es su cultura, porque soy un ser humano, y soy de otra cultura, y no siempre está claro cómo debes comportarte. Prefiero mostrar eso, es más real. Quiero desmitificar lo que hace el periodismo, que quiere mostrar que ve todo y lo sabe todo, y no es así, son seres humanos. Además, el periodismo no es una ciencia.

Y dibujar le hace más sencillo alejarse de esa “objetividad”…
Sí, definitivamente, porque cuando dibujas es obviamente subjetivo. Creo que todo periodismo es subjetivo de cierta manera. Si lo piensas, la gente ve la foto de un niño hambriento en el desierto, pero si el fotógrafo apunta su cámara más a la izquierda o a la derecha, quizás haya una aldea, y quizás ese niño no está llorando porque tenga hambre. Los fotógrafos toman decisiones, al igual que quienes escriben. En el dibujo es más claro que estás tomando esas decisiones.

El hecho de que sus historias estén contadas con dibujos y no con fotografías o con textos, ¿hace que los lectores crean menos en ellas?

No creo que ese sea el caso necesariamente. Ellos se dan cuenta de que es una forma de reconocer que es una obra subjetiva, que ellos van a ver a través de los ojos de otra persona, de las manos que dibujan. No pienso que crean menos, sino que, espero, vean la honestidad y confíen en ella.

Normalmente aparece en sus propios dibujos como un personaje, ¿por qué?
Cuando comencé, todos los dibujantes estaban haciendo cómic autobiográfico, así que cuando fui a Palestina, lo que comenzó como un viaje autobiográfico sobre mis experiencias allí, se fue convirtiendo en periodístico, pero me resultaba muy natural dibujarme en las historias. De cierta forma fue accidental, pero también es útil porque puedo mostrar cómo interactúa la gente contigo, eso puede decirte mucho de la cultura, de lo que la gente quiere de ti, y todo eso es muy importante. Pierdes todo eso si te sacas de la historia.

¿Qué le ofrece el dibujo que no lo hacen otros formatos?
Cada medio tiene sus fortalezas. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Un fotógrafo, con una buena fotografía, puede resumir toda una situación, bueno, en el cómic toma cientos de imágenes crear una atmósfera, no resumirla en una o dos, sino generar una sensación, entonces crear la tristeza del refugiado te toma varios paneles. El dibujo es una buena forma de contar historias porque puedes volver al pasado, puedes recrear lo que te está diciendo.

Lo han llamado pionero del cómic periodístico, ¿se siente así?
Nunca pienso en esos términos. Hubo ilustradores con las compañías del ejército en el siglo XVIII, antes de que llegara la fotografía. Creo que es bastante obvio dibujar tus experiencias y mostrar lo que viven otros y lo que está sucediendo. Creo que la diferencia con otros dibujantes de cómics es que intento contar experiencias ajenas mientras que ellos cuentan sus propias vidas.

¿Cómo fue su trabajo con Harvey Pekar?
Amo a Harvey, era un tipo genial. Recuerdo que la primera vez que me llamó, pensé que era un amigo haciéndose pasar por Harvey porque nunca había hablado con él. Me llamó para decirme que le gustaba mi trabajo. Más adelante alguien me ofreció trabajar con él. De verdad era un gran tipo, muy interesante. Económicamente marcó una gran diferencia para mí porque yo no era reconocido en esa época, y él me ofreció trabajar con él y pagaba muy bien, así que de cierta manera me salvó. Hicimos mucho trabajo juntos al final de los 90’s.

¿Cree que el cómic es una especie de arte total no reconocido?
Claro, es un arte total. No es tan tenido en cuenta como las otras clases de artes, y para eso se necesita un mejor trabajo, mejores dibujos, temas más serios, temas más graciosos. Cuando diez o quince artistas logren producir un gran trabajo, las masas podrán ver que está pasando algo. En Estados Unidos ya se considera un arte. Ahora hay cursos universitarios, incluso pregrados, que están relacionados con el cómic. Ya está en la academia, y está comenzando a tener credibilidad, aunque eso es bueno y malo a la vez porque lo que me gustaba del cómic es que era subversivo, clandestino, entonces entre más credibilidad obtiene, más difícil es recordar sus raíces subversivas.

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