Cupidos a Sueldo

El matchmaking promete, por medio de estudios de compatibilidad, ayudarlo en la búsqueda de su pareja ideal. En Colombia, solo una compañía utiliza estrategias de head hunting para lograrlo.

Álvaro y Carolina no se conocen. Solo saben que ella tiene 43 años; y él, 45. Jamás se han visto, pero entienden que en temas amorosos no les ha ido como esperaban. Son solteros, él es separado y tiene una hija. Los dos quieren encontrar a alguien para establecer una relación formal, y aunque hasta hace poco saben sobre la existencia del otro, hay altas probabilidades de que sean esa persona que el otro busca. La cita se concretó en un café en el norte de Bogotá.

No era la primera vez que Álvaro y Carolina pactaban un encuentro con un desconocido, por esa razón no había nerviosismo ni incomodidad. Sabían, de antemano, que si la conversación no fluía, podían hablar de su reciente pasado común. Ambos ingresaron al programa de Core Matchmaking, la primera compañía en Colombia que emplea estrategias de head hunting para buscar y encontrar posibles parejas. “

La gente que nos requiere tiene la intención de hallar una pareja estable. Nuestra promesa no es encontrar el amor, es ampliarles su círculo social y generarles la posibilidad de que conozcan personas afines en nivel socioeconómico, cultural y académico”, explica Liliana Ayala, psicóloga con veinte años de experiencia en recursos humanos y directora de la compañía.

Antes de una cita, tanto el hombre como la mujer tienen acceso a una “hoja de vida” de la persona que conocerán, donde sabrán su nivel académico, estado civil, perfil psicológico y porcentaje de compatibilidad

Los nuevos “celestinos”

Primero hay que tener claridad en los términos. Matchmaking es la creación de una unión duradera a partir de la compatibilidad, y un matchmaker es quien hace esto posible, quien conoce a las dos personas, analiza sus perfiles, intereses, proyectos y les da la posibilidad de conocerse. Estos términos también se utilizan para crear alianzas comerciales.

El matchmaking como negocio no es reciente. Antes de internet funcionaba por medio de las tradicionales agencias matrimoniales. Después de la década de 1990 la oferta se amplió en forma de cientos de páginas web para conocer gente a través de chats. En 2003 se fundó el Matchmaking Institute, con sede en Nueva York, que ha graduado a más de tres mil personas. También existen otros centros de formación, como la Matchmaker Academy, de Londres, que han formado gente de Europa, Canadá, Estados Unidos y China.

Hearts Hunters

El trabajo de los head hunters consiste en utilizar sus habilidades en selección de personal para encontrar los mejores candidatos que ocupen cargos medios y altos en las empresas. Así que esa labor, aplicada en la búsqueda de una pareja emocional, los transforma en una especie de hearts hunters. “Aunque la metodología es similar en un 80 %, como se trata de temas sentimentales, el cuidado es más delicado, por eso nuestro equipo está conformado por psicólogos y coaches que se sumergen con respeto en la vida personal de los clientes”, describe Liliana Ayala.

Antes de que Carolina y Álvaro estuvieran sentados en el café intentando descubrir si el otro tenía o no aquello que ha faltado en sus historias de amor pasadas, tuvieron que pasar por un riguroso proceso de entrevistas, test psicológicos y sesiones de coaching, en las que, por ejemplo, si los matchmakers identifican que la persona no está lista para tener una relación, el proceso no continúa. “Tuvimos el caso de una mujer cuyo padre era muy celoso y ella buscaba, sin darse cuenta, una pareja igual. En los procesos de coaching sacamos a la luz y evidenciamos esos patrones repetitivos que no fueron exitosos y les decimos, de ser necesario, que no están listos para conocer a una pareja sin antes hacer un trabajo previo consigo mismo”, añade Ayala.

Cuando se realiza la elaboración del perfil de la posible pareja, se pueden detallar algunas características de predilección. Por ejemplo, Álvaro sugirió que su match fuera cinco años mayor o menor, alta, con el cabello corto y que ejerciera una profesión similar a la suya, publicidad. “Con una ingeniera no me entiendo, ya me ha pasado”, cuenta reprochándose.

Con el perfil listo, le presentan entre dos o tres opciones para que elija. En ese momento no le muestran fotos, sino un documento con algunas descripciones de la otra persona, acompañadas de un porcentaje de compatibilidad. “En la primera cita me dejé guiar por el porcentaje de afinidad, cercano al 80 %. Cuadramos para vernos en un lugar público, fue muy ameno aunque al comienzo no se sabía cuál de los dos estaba más nervioso. Terminamos hablando de lo chistoso que había sido el proceso, sentí que nos gustamos, pero no tanto como para ir más allá”, reflexiona.

¿Quiénes acuden a un matchmaking?

“La mayoría de las personas que buscan un matchmaker lo hacen porque decidieron que era hora de ser proactivos en la búsqueda del amor. A veces su estilo de vida le da mucho tiempo al trabajo y no tienen tanto para hacer otras cosas, entonces prefieren subcontratar la búsqueda para tener posibilidades más altas de éxito”, explica Caroline Brealey, fundadora de Mutual Attraction, reconocida con varios premios como una de las mejores agencias de matchmaking de Londres, también es profesora y conferencista de la Matchmaker Academy.

El perfil de quienes acuden a Core Matchmaking, y en general de los que eligen vivir un proceso de matchmaking, es de hombres entre 35 y 70 años, y mujeres entre 30 y 65. La mayoría está soltera o separada. Este dato no es menor, pues según la Superintendencia de Notariado y Registro, en Colombia, entre 2014 y 2016 el porcentaje de divorcios aumentó 39 %, y entre febrero de 2016 y 2017, por cada tres parejas que se casaron, una se separó. Pero eso no significa que la gente no quiera volver a tener una pareja, o incluso, a casarse de nuevo.

“En Estados Unidos, por ejemplo, el 25 % de las personas se casa por segunda vez, la gente quiere estar emparejada por muchas razones. La primera es que existe una creencia que dice que estar solo es malo, y si alguien lo está es porque de pronto algo está fallando en él, porque es inmaduro, no es independiente, tiene problemas mentales, etc. Es un estigma ser madre soltera, ser solterón”, explica Ana Lucía Jaramillo, doctora en psicología, profesora de la Universidad de los Andes y terapeuta de pareja.

Otra de las razones por las que buscan compañías de matchmaking, según Jaramillo, es la edad. “Después de cierta edad hay menos posibilidad de socialización y de conocer gente. Las demandas del trabajo, de los hijos y la misma configuración social, donde, por ejemplo, a un bar va más gente joven o si te invitan a una comida todos están emparejados, no resulta fácil de manejar. Esta forma de conocerse te permite encontrarte con personas que están fuera de tu círculo social, de la familia, de los amigos, de Facebook, te amplía la oferta y, a diferencia de aplicaciones como Tinder, te hace un filtro y hay un menor grado de riesgo”.

La variable económica es fundamental. En general, las compañías de matchmaking están dirigidas a gerentes, altos ejecutivos y millonarios que tienen el poder adquisitivo para pagarles a empresas como Ivy International, con miembros inscritos en Europa, una suma entre 15.000 y 50.000 euros. Otras compañías, como la firma estadounidense Kelleher International, ofrece servicios hasta por 250.000 dólares, y Berkeley International, una de las más reconocidas en Reino Unido, entre 9.000 y 50.000 libras. En Colombia, Core Matchmaking tiene un servicio estándar para hombres, que cuesta poco más de tres millones de pesos (incluye cuatro citas en un plazo máximo de seis meses), y otro de cinco millones doscientos mil pesos (ocho citas en nueve meses).

El match ideal

Álvaro compró el primer paquete que le ofrecía Core Matchmaking. Después de tres citas que dejaron igual número de amigas, llegó la hora de enfrentar, sin muchas expectativas, el cuarto y último encuentro con Carolina.

“Sentí que hubo un clic muy especial. Empezamos a salir hace seis meses y actualmente sigo con ella. Creo que la empatía se dio porque venía con la misma tranquilidad que yo. Se le notaba que no estaba esperando un príncipe azul. No sentíamos la obligación de tener una relación, pero se fue dando. Siento que he recuperado un espacio que había perdido, que estaba dedicado al trabajo y a mi hija”, cuenta orgulloso Álvaro.

Se considera un caso de éxito cuando una pareja comienza a salir formalmente. En año y medio que lleva funcionando en Colombia, Core Matchmaking ha atendido a cerca de 200 personas, de las cuales se han formado 30 parejas, algunas de ellas, incluso, han conformado un hogar. “Algunos tienen el matrimonio en su proyecto de vida, otros no. El propósito es unir a las personas, ser un canal de posibilidades para trabajar en torno al amor”, puntualiza Liliana Ayala.

¿Un modelo antiguo y sexista?

El rol de la mujer en la idea de negocio de Core Matchmaking es distinto al del hombre. Por ejemplo, Carolina no adquirió ninguno de los planes que podía elegir Álvaro. Ella pasó por el mismo proceso de entrevistas y cuestionarios e ingresó a una base de datos. Cuando su perfil encajó con el de algún hombre, la llamaron y ella eligió si aceptaba la cita. Por cada vez que dijo que sí, pagó 400.000 pesos. La razón para que funcione así, según Liliana Ayala, es que “hay más mujeres que hombres, además, culturalmente es el hombre quien conquista, quien busca, está en su inconsciente ser el conquistador y que la chica sea la conquistada”.

Para Ana Lucía Jaramillo, este modelo “es sexista. El hombre escoge y la mujer dice si sí o si no. Vivimos en una cultura sexista y patriarcal, en eso ella (Liliana) tiene razón. Ahora la pregunta es qué papel tienen estas compañías que sacan ventajas económicas, pero que refuerzan ese patrón que tanto daño nos ha hecho y por el que tantas mujeres han luchado. El modelo funciona porque así es nuestra sociedad”, señala.

Por otro lado, Jaramillo explica que el matchmaking, en general, sigue siendo tradicional porque “imita las maneras religiosas y más antiguas de emparejar a la gente, de acuerdo a similitud o complementariedad en rasgos económicos, religiosos, temperamentales, familiares, y también porque alguien decide por uno cuáles son las opciones con base en estos criterios”.

En pleno siglo XXI conviven las formas más tradicionales de conocer personas y hacer pareja –desde la musulmana, con reglas estrictas, como que no pueden casarse con ateos, hasta las aplicaciones como Tinder, Happn y Badoo, con sus problemas de seguridad y anonimato–. El matchmaking o el head hunting sentimental son otras formas que responden al contexto de las transformaciones sociales. “No veo ni bueno ni malo que a uno le busquen la pareja, me parece que a la vez que somos una cultura tradicional estamos metidos en una cultura liberal, donde la regla de oro son las libertades individuales y la toma de decisiones”, concluye Jaramillo.

*Nombres cambiados por petición de la fuente.

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