La Dama de Negro, la obra de teatro que le apuesta al terror en Colombia

Revista Diners conversó con Robinson Díaz, protagonista de la historia que promete ponerle los pelos de punta.

Robinson Díaz se jugó, en buena medida, su futuro con este proyecto inglés, adaptado al español por mexicanos y traído por el colombiano. El actor financió de su propio bolsillo esta obra que promete jugar con los cinco sentidos de los espectadores.

Díaz, quien tiene en su hoja de vida más de 50 papeles, entre obras de teatro, series, novelas y películas, llama a La Dama de Negro como su doctorado en el teatro. Para su papel en La Dama de Negro, Díaz necesitó trabajar su memoria, la voz, sus ojos para ver en la oscuridad y sus piernas para aguantar dos horas de pie en la Sala Arlequín de la Casa E, espacio que reúne misterios paranormales por su antigüedad y misticismo.

Esta obra llena de suspenso y drama cuenta la vida del abogado Arthur Kipps, interpretado por Díaz, que atormentado por experiencias de años atrás contrata al actor John Morris, interpretado por Rafael Perrín, para que recree sus recuerdos del pasado.

Esta obra, escrita originalmente por Stephen Mallatratt, es una adaptación de la novela homónima de Susan Hill y ha sido presentada por más de 25 años en Inglaterra y España. La versión en español está a cargo del dramaturgo Rafael Perrín, quien montó la obra y el escenario desde hace 23 años en México.

En Diners conversamos con Robinson Díaz sobre su gran apuesta que promete asustar de verdad:

El género de terror en teatro no es muy popular en Colombia. ¿Cómo hizo para que Alejandra Borrero y el equipo de Casa E creyeran en el proyecto?

Es un género muy escaso, es una cosa que no se hace usualmente ni aquí ni en ninguna parte, solamente hay unas intenciones en Londres con Mousetrap (La Ratonera) de Agatha Christie y Los 39 escalones de Hitchcock, no sé si hay versiones de Drácula o Frankenstein en el mundo.

Yo tuve la fortuna de hacer un par de versiones de estas obras y siempre me ha interesado el género del suspenso. Yo conocí esta obra en México, la vi y me enamoré del proyecto, y hablé con el director Rafael Perrín y le dije que quería llevar esta obra a Colombia y tres años después pude hacer ese sueño realidad.

Realmente el proyecto fue una sinergia con Casa E y Alejandra Borrero; la producción es de Adriana Arango, mi esposa, y esto ha sido un esfuerzo mancomunado tanto de mi parte, como de Perrín, director de la obra y de la gente de Casa E.

La obra lleva más de 20 años siendo un éxito en Inglaterra, España y México ¿por qué cree que podría suceder lo mismo en Colombia?

Estamos apostándole. A lo mejor puede durar un año o seis meses, es variable de acuerdo a los públicos. Los productores queremos que dure más de lo que dura otras obras.

Aquí en Colombia las obras se ‘mochan’. A los 2 ó 3 meses se van y entonces todo ese esfuerzo se pierde porque hay una comunidad muy pequeña que compra teatro y a esa es la que hay que venderle; hay mucha gente que quiere ver espectáculos, pero no tiene el tiempo o no existe la tradición del teatro mexicano, es decir, que en Colombia no hay un proyecto a largo plazo para la fidelización del público.

Usted vio muchas veces la obra en México y luego habló con el director Rafael Perrín ¿Cómo fue la negociación para que aceptara traer la obra aquí?

Eso fue una negociación de 3 años, fue algo largo porque el tiene sus cosas yo tengo las mías y hacer un proyecto transnacional implica desde maletas, hasta derechos de autor, esto es una obra que tiene licencias de London Agency, es decir, es una obra que ha sido montada muchas veces, es un clásico del mundo.

Entonces empezando por los derechos, la puesta en escena que es de Rafael Perrín y tener el privilegio enorme de tenerlo aquí actuando con su servidor es un sueño más que cumplido.

Luego de las negociaciones de tres años yo me vine a Colombia a tocar puertas y como es usual aquí nadie me paró bolas. Entonces yo decidí sacar dinero de mi propio bolsillo, con mi esposa, y poder negociar y traer la obra. Si no hubiera sido así se hubiera perdido esto.

¿Qué aspectos positivos destaca de este intercambio actoral colombo-mexicano?

Aprendo muchísimo porque ellos son muy efectivos y muy concretos, el actor mexicano de teatro es un actor muy capacitado, tiene muchas referencias, de hecho el teatro en México es algo que puedes encontrar en cantidad, sobre todo en el DF.

Hay una interlocución de teatro constante, por ejemplo Rafael Perrín lleva más de 35 años actuando, entonces es un hombre de escena y además es el mismo tipo que dirigió el mejor grupo de teatro del Instituto Tecnológico de Monterrey de cuenta de su experiencia.

La Dama de Negro combina el terror, el humor y el drama. ¿Cómo se logra esa mezcla tan particular?

Eso es lo fascinante de la puesta en escena. Perrín logró combinar estos aspectos, tienen que verla para sentir esa combinación. Le puedo decir que el director está muy contento con la versión colombiana, es decir, no solamente con mi participación, sino también con todo el apoyo técnico y la disposición que tenemos nosotros.

De los mejores piropos que me han hecho sobre la obra es que esta versión supera con creces otras versiones mexicanas. En realidad le estamos poniendo un viaje hacia el suspenso, hacia el miedo y creo que eso es el gran hallazgo de la versión colombiana.

¿Cuál fue el mayor reto de pasar a interpretar el personaje ‘El Cabo’, un narco (El señor de los cielos), a Arthur Kipps?

Eso es parte de mi oficio, lo que pasa es que quisiera que esto (el teatro) se diera con más regularidad porque de todas maneras la televisión lo visibiliza a uno mucho más como actor frente a la masa del público. Pero yo no he parado de trabajar, yo tengo “La fiesta del cabo”, “Mucho Animal”, “Tiro de gracia”, “Vecinos”, hice una película en República Dominicana, otra en Colombia y ahora estoy haciendo esta versión que es mi doctorado en el teatro.

¿Qué tipo de preparación realizó para interpretar los tormentosos recuerdos de este abogado?

Física, mental y aprenderse ese texto, llevó 6 meses, más o menos, dándole al texto que tiene 90 páginas. También puedo decir que la maduración, aquí la gente cree que es aprenderse una letra, pero aprenderse eso es lo primero, pero el trabajo técnico de la voz, el trabajo de cantar de depuración es como tocar un instrumento.

La parte física le cuento que hago esgrima, entreno con el profesor Germán Silva, dos veces a la semana en la categoría de Sable y Florete, que eso le da pierna, que realmente es lo que necesita para pararse en el escenario, porque yo le propongo que se pare ahí al frente de 450 personas haber cuantos minutos dura.

¿Cómo ha recibido el público la obra?

Bastante bien, la expectativa ha sido enorme, la gran bondad de la obra es que es una experiencia, es hacia el miedo, esa el la promesa que se cumple. La promesa de que lo vamos a asustar se cumple, la gente no espera que sea una obra mezcladita entre humor y terror.

La gente sale gratamente complacida, porque están acostumbrados a espectáculos y salen estafados, entonces la gente emigra hacia otras cosas porque dicen: ir a teatro ¿para qué, para aburrirme? ¿a ver obras que no entiendo? ¿a sentirme como un idiota? ¿o a que me engañen y no pase nada de lo que prometieron?

Aquí no pasa eso, aquí la estructura es: es que te vamos a dar corresponde a lo que prometimos. ¡Sí se cumple!

¿Qué cree que tienen en común el público latino y inglés, con la adaptación de Stephen Mallatratt, para que esta obra sea tan exitosa?

Hay un factor común y es que la gente ama las cosas bonitas y aman las cosas que lo conmueven. Ese es el gran denominador de los humanos, sin bandera y sin nacionalidad, que frente a algo frente a lo que les guste el aplauso es honesto.

Aquí la mayoría de las veces nos están aplaudiendo de manera casi ‘Standing Ovation’, nos están aplaudiendo de pie y no creo que 450 personas que equivoquen todas las noches y más de 7 mil personas que ya en Colombia vieron la obra se equivoque.

No he encontrado ninguna persona en redes sociales que se queje. La gran permanencia es que en todas las culturas es que la gente como público se vence ante la calidad.

¿Qué consejo le da a la gente que va a ver la Dama de Negro?

Que vengan y que observen un espectáculo fuera de lo que comúnmente estamos acostumbrados en Colombia. Nosotros vivimos en una parroquia, donde los referentes que tenemos son muy pobres, muy pocos, entonces este es un referente interesante y por eso me tomé el atrevimiento de traer esta obra.

Aquí creemos que lo que se presenta es teatro, pero lo que se presenta usualmente de gente que habla por un micrófono es sólo una paraforma de teatro, pero no es el teatro. Nosotros necesitamos espectáculos reales, porque este arte abarca todo, que puede tener cosas maravillosas, ojalá aquí tuviéramos aquí una gran obra de Bayreuth, o espectáculos como los del Met o los de Nueva York, que son de todo tipo para que sintiéramos la diferencia entre un concertino y una ópera de verdad.

¿Hasta cuándo va la temporada?, ¿tienen pensado hacer alguna gira?

Hasta que San Juan agache el dedo. En este momento nos quedamos en Bogotá, estacionados, no porque no haya propuestas para giras, sino porque estamos trabajando con el esquema de Rafael Perrín que es que hay que dejar que la matica hay que dejar de eche raíz, hay que crearle confianza no ‘sinvergüencionista’, no sólo confianza al espectador, que diga: “La Dama de Negro está en tal parte”.

Yo vi la obra en un lugar que llevaba 10 años, es decir, ese esquema no se ha probado en Colombia. Que en la Casa E, la gente sepa que los viernes a las 8 de la noche; los sábados a las 5 y a las 8 y los domingos a las 5 La Dama de Negro está en función y que puedes ir en parche familiar y es un programa para que te pegues una asustadita de dos horas y que no tiene nada que ver con la realidad, que es una historia de la literatura de corte gótico, de la novela fantástica, de suspenso, que no es nada pretencioso es una obra dentro de dos actores que ocurre en la Sala Arlequín y que juega mucho con la imaginación del público.

Mucha gente cree que uno no se puede asustar en una obra de teatro… Vengan para que lo comprueben.

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