Cinco caleños con ingenio de talla mundial

Cali no es solo salsa, manjarblanco y lulada. También es innovación tecnológica e inventiva. Tiene, por ejemplo, a la Universidad del Valle como la institución educativa con más patentes del país –con un número de 20 en total- y múltiples semilleros de investigación en colegios y universidades.

Aquí pueden aparecer inventores que crean audífonos indestructibles a base de un componente igual al que hacen los crocs, crear biocombustibles a partir de microalgas y soñar con refinerías a futuro o inventar un sistema que permita que todos los habitantes de la Guajira jamás mueran de sed. Nada mal.

Según Miguel Pacheco, presidente de la Asociación Colombiana de Inventores, el creativo de hoy busca el interés de las cosas y no se dedica a copiar. “La innovación es algo innato y se suma al emprendimiento de las personas que hace que cada proyecto, por mínimo que sea, se convierta en algo real y efectivo”.

Cabe anotar que muchos de estos inventos salen de los salones de clase de los colegios o las universidades porque no solo hay un interés por innovar, sino porque las instituciones cuentan con presupuesto para obtener tecnología y avanzar en los procesos de invención. Estos son los inventos de los caleños que le han valido ser una región de invención mundial.

Sandra Arce
‘Pegante’ para regenerar huesos fracturados

Un material que puede regenerar los huesos o tejido óseo terminó siendo un biocompuesto a nivel de estímulo de la cicatrización. El material cerámico, una especie de pegante, puede ser aplicado en fracturas pequeñas en los huesos de carga liviana.

La idea salió de Sandra Arce Guerrero, una docente de ingeniería mecánica de la Universidad Autónoma de Occidente, cuyo laboratorio del Grupo en Sólidos con Aplicación Industrial (Ginsai) de esta institución avaló la investigación. Hoy, el producto es evaluado por empresas para su comercialización.

El material sale del biocompuesto que se forma al mezclar un material cerámico llamado fosfato tricálcico que permite el crecimiento del hueso y tiene la propiedad de biointegrarse al tejido óseo, y un material polimérico como el quitosano (caparazón de crustáceos) que tiene propiedades regenerativas.

“En la fase experimental, no se le puede aplicar a personas que tengas problemas de alcoholismo o con el consumo del tabaco porque no son personas muy sanas, igual que a diabéticos”, dice la ingeniera que en el 2014 la Gobernación del Valle le otorgó el título de Mujer Vallecaucana, en la categoría ‘Científica’.

Tras realizar pruebas en conejos y ratas, la investigadora confirmó que se está aplicando en odontología y ortopedia por especialistas del Centro Médico Imbanaco. “Hay bancos de hueso que son opciones, pero los costos son altos, solo para algunos pocos y a muchos pacientes les incómoda la idea de injertos”, dice.

Se espera que el material salga al mercado a precios económicos para que pueda ser utilizado por personas de bajos recursos. La razón: es una solución a la pérdida de este tejido ocasionado por fracturas, enfermedades o traumas físicos.

El año pasado, la oficina de Patentes y Marcas Registradas de los Estados Unidos (Uspto) le otorgó la patente de invención al producto que denominaron ‘Biocompuesto cerámico para regeneración ósea’.

Juan David Galindo
Los audífonos más resistentes del mundo

Si hay algo fácil de dañar son los audífonos de diadema. Sin explicación quedan mudos si se caen o se desajustan si el cable se estira. Pero los ‘Headfoams’ resisten el uso y el abuso del niño más inquieto. Están hechos de una resina absorbente –el mismo material de los crocs- que los hace indestructibles.

Todo comenzó en el 2013 cuando el diseñador industrial Juan David Galindo, de la Universidad Icesi, fue a realizar su pasantía a una pequeña empresa de diseño de Fort Lauderdale, en Estados Unidos. Allí, tenía gigantes impresoras en 3D y todo un equipo para responder preguntas. Solo echo a rodar su imaginación.

“Después de varios estudios, se concluyó que los audífonos serían para niños entre los 5 y 10 años. Luego se pensó en el material que era muy volátil, pero con gran dinamismo. Recuerdo que lo remodelé cerca de 30 veces hasta que pude sacar el que aún se comercializa”, asegura el diseñador caleño de 25 años.

Sólo un año bastó para crear los audífonos y batir récords de venta en Amazon hace dos diciembres. Galindo cree que sacaron, en ese primer lote, cerca de 700 mil unidades, toda una proeza para una pequeña empresa. Hoy, se pueden conseguir los auriculares –de diferentes colores- en US$20 dólares.

Al diseñador, este invento le valió para que el año siguiente ganara el ‘Good Desing Award’, otorgado por el Museo de Arquitectura y Diseño de Chicago por los ‘Headfoams’, como realmente se llaman, y que tienen, además, un limitador de decibeles para que los menores –esta vez- regulen el alto volumen.

Sin embargo, Galindo –que alcanza los 1.90 metros- quiso regresar al país porque dice que aquí está todo por hacer. “Aprendí lo que quería. Volví porque tenemos que encontrar la identidad como país, posicionarnos en el mundo. Aquí falta hacer muchas cosas, y por eso regresé”, dice.

Ahora trabaja en impulsar Éfora, el primer estimulante sexual hecho a base de cannabis en el país para que las mujeres se revitalice y crear nuevas sensaciones con su pareja o a solas. Toda una novedad porque, como dice Galindo: “este es un país machista y las mujeres siempre son las más perjudicadas”.

Héctor Toro Llanos
Crea biocombustible a partir de microalgas

Muchos creyeron que estaba loco. Juntar el tema de la biología con la electrónica era casi un suicidio. Pero el ingeniero electrónico Héctor Toro Llanos, de 23 años, le apostó a la idea y hoy dice que a futuro podría tener una mini refinería que genere biocombustible o en el peor de los casos una fábrica de aceite vegetal.

Todo comenzó cuando Toro buscaba un proyecto de grado y escuchó decir a un docente que en Estados Unidos se aplicaban voltajes a unas células de una especie de microalga. “A mí me sonó la idea y comencé a investigar. Luego me puse a la tarea de juntar la electrónica con la biología y este fue el resultado”, dice.

Se trata de un sistema de estímulos eléctricos mediante los cuales puede optimizar la producción de biocombustible con microalgas, rompiendo la pared celular de estos microorganismos y extrayendo el aceite vegetal. “Si se masifica se podría obtener un biocombustible renovable más asequible al petróleo”, dice el ingeniero.

El proyecto, que tuvo apoyo económico y logístico de la Universidad San Buenaventura de Cali, se gestó en casi 3 años en el que diseñó y creó el prototipo. Tal vez lo más complejo fue conseguir la cepa de las microalgas, pero un laboratorio universitario le ayudó a conseguir y hacer las pruebas iniciales.

Hace dos meses, el trabajo fue presentado en el X Foro Internacional de Ciencia e Ingeniería, en Chile, y quedó en la categoría de Supranivel 2016. Hay expectativa a la calificación para sumar otro triunfo. Ahora el proyecto está en trámite en Colciencias y espera respuesta porque podría tener una partida económica.

“Si se aprueba el proyecto por Colciencias se hablaría de un presupuesto de $250 a $300 millones. Esto serviría para ampliar el prototipo que hoy existe y ampliar el personal de investigación. La refinería sería un fin perfecto, pero vamos por partes”, concluye Toro, quien es fanático y practicante del karate.

Juan Carlos Borrero
Sistema permite una Guajira sin sed

Todavía lo recuerda y se le corta la voz. Trabajando en la Guajira se encontró con una indígena Wayuú que llevaba en sus brazos a un niño deshidratado. Los subió a su carro y los llevó al hospital de Riohacha. “No tuvo suerte, el menor murió. Eso fue tremendo para mí”, recuerda el ingeniero Juan Carlos Borrero.

El investigador hizo de esa tragedia el trabajo de su vida y se proyectó buscar proveer de agua potable a los habitantes de más de 1.200 rancherías alejadas de la Guajira. Sus estudios lo llevaron a incorporar la tecnología de los egipcios y teotihuacanos de México para purificar el vital liquido a través de iones.

Tras el hallazgo decidió aprovechar los 3.000 molinos que fueron instalados en los años 50 durante el gobierno del general Rojas Pinilla para extraer agua pero contaminada y muy salada y que estaban a la deriva. El reto era uno: agua pura y potable. Así fue que implementó el proyecto ‘Guajira sin sed’.

“Este consistió en la instalación del aerodesalinizador en la comunidad de Uleksumaná, en Manaure, en el 2008. El sistema consiste en que la energía eólica proporciona la presión necesaria para aspirar agua salada del pozo y través de filtros y membranas atadas con iones de cobre y plata mata los agentes patógenos”, dice el ingeniero de 55 años. Solo este año, en la Guajira han muerto más de 40 niños.

Hoy, en la zona hay 40 aerodesalinizadores. Cada unidad –que puede durar entre 20 y 30 años- permite producir 400 litros diarios de agua potable que ayuda a subsanar al sed de 500 personas. El proyecto tiene certificación mundial de Unicef y de la SGS de Suiza, líder mundial en inspección y verificación. La revista científica Discover le dedicó varias páginas al proyecto en la edición de mayo pasado.

Borrero, quien en sus ratos libres escribe cuentos infantiles en rima perfecta, asegura que lo mejor del proyecto es ver a un niño Wayuú tomar agua y saber que no le pasará nada. “Ahora queda que el proyecto prosiga: la idea es tener 400 de estos sistema instalados en la Guajira”, añora este científico caleño.

Juan Nicolás Suárez
Mobiliario a partir de cascarilla de café

Todo nació de la observación. Cuando trabajaba en Bavaria veía las canecas de basura llenas de botellas plásticas al final del día. Su función allí era hacer seguimiento al material pop y a las sillas y mesas que se le daban en comodato a tenderos que, por ser plásticos, se dañaban muy fácil. Allí, se alumbró algo.

Suárez, de 31 años e ingeniero Industrial de la Javeriana, comenzó a hacer pruebas con plástico reciclado para fabricar mobiliario y llegó a la fórmula de manejarlo con fibra vegetal. Solo en Colombia se generan unas 13 mil toneladas de plástico al día y solo se recicla un 5%. La oportunidad estaba allí.

“Siempre se pensó en mitigar los impactos ambientales y por eso reciclamos la cascarilla de café y el plástico para reducir ese impacto y con ello evitar la reforestación indiscriminada en nuestra región”, recuerda Suárez de cómo nació Diseclar, su empresa de emprendimiento multipremiada en el mundo.

Pero lo meritorio de la iniciativa es que el material tiene la apariencia de la madera y soporta diferentes cambios climáticos y su mantenimiento es mínimo. Además, apostó a un impacto social permanente y trabaja con caficultores y recicladores, pagando cada vez mejor por el material que traen a la empresa.

Hoy, la compañía Diseclar –con 2 años en el mercado- ha crecido en un 450% desde su fundación, que le ha valido para que, a través de un capital semilla, se amplíe la planta de producción. En este tiempo, han hecho camarotes para algunas cárceles del país y han amoblado varios parques de la ciudad de Palmira.

Suárez ya obtuvo el reconocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo por su emprendimiento y logró el Premio Stephen Schmidheiny, dotado de US$20.000 dólares, que le han valido para desarrollar el negocio. Debe hacerlo: hay interés en México, Costa Rica y Estados Unidos por el ‘mobiliario vegetal’.

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