Diners conversó con el actor escocés sobre los retos de volver a su papel icónico de Mark Renton en la secuela de Trainspotting.

“Elige la vida. Elige un trabajo. Elige una carrera…”. El monólogo que abría la película Trainspotting definió el Zeitgeist de los años noventa: el cinismo optimista, el hedonismo de la abundancia que solo podía haber desembocado en la gran recesión de 2008. Y claro, grabó en el inconsciente colectivo el gesto de Ewan McGregor riendo descaradamente después de ser atropellado por un carro en las calles de Edimburgo.

Veinte años después, el mundo parece sumido en la tristeza y derrota de saber que la vida no resultó como esperaba, o quizás la nostalgia de una época que hoy parece mejor simplemente porque ya pasó.

Lo mismo le pasa a Mark Renton, el personaje de McGregor que regresa a la pantalla gigante junto a sus compinches SickBoy (Jonny Lee Miller), Spud (Ewen Bremner) y Begbie (Robert Carlyle) en la película T2 Trainspotting, dirigida por Danny Boyle, que se estrena este mes en Colombia.

En su regreso, Mark Renton sufre una crisis y no sabe qué hará el resto de su vida.

Es un momento importante para el escocés McGregor, quien dirigió su primera película, American Pastoral, en 2016. Regresar a Trainspotting significó reconciliarse con Boyle, a quien llama su “director favorito”, después de un distanciamiento de casi diez años. Boyle le había prometido el papel protagónico en la cinta La playa, aunque luego eligió a Leonardo DiCaprio para el rol. McGregor quedó tan dolido que no volvió a dirigirle la palabra.

Sin embargo, como en T2 Trainspotting, el tiempo es el principal bálsamo para las amistades distanciadas. Ha corrido agua entre ambos, y mientras tanto, McGregor se convirtió en uno de los actores más interesantes de su generación.

El actor escocés de 46 años tiene en su haber cintas indie que mantienen intacta su credibilidad en los círculos de la crítica como Escrito en el cuerpo (2000) o Beginners (2010), al mismo tiempo que coquetea con las grandes producciones como las tres precuelas de Star Wars (1999, 2002, 2005) o Ángeles y demonios (2009), la adaptación del best seller de Dan Brown. Ha participado en grandes musicales como Moulin Rouge, y en 2017 probará su suerte en la televisión interpretando a dos hermanos gemelos en la serie Fargo, de FX.

Aunque se mantiene lejos de las drogas desde su época de Trainspotting, el actor es un amante de la adrenalina y las emociones fuertes. Con su mejor amigo, Charlie Boorman, ha realizado dos grandes travesías en moto: de Londres a Nueva York (31.000 kilómetros) y de Escocia a Sudáfrica, pasando por 18 países de Europa y África. Sus aventuras quedaron plasmadas en las miniseries documentales Long Way Round y Long Way Down, producidas por la BBC.

De izquierda a derecha: Francis “Franco” Begbie (Robert Carlyle), Diane Coulston (Kelly MacDonald), Daniel “Spud” Murphy (Ewen Bremmer),
Simon “Sick Boy” Williamson (Jonny Lee Miller) y Mark Renton (Ewan McGregor).

A pesar de su éxito, el actor se mantiene con los pies en la tierra. Está casado desde 1995 con la diseñadora francesa Eve Mavrakis, con quien tiene cuatro hijas (una de ellas adoptada en Mongolia), y trabaja intensamente con Unicef, con la que viajó por India, Nepal y la República Democrática del Congo en una campaña para llevar vacunas a las partes más remotas de estos países. Junto a esta organización realizó el documental Cold Chain Mission, que relata los cuidados y peligros a los que está expuesta cada dosis para llegar a su destino.

Diners conversó con McGregor antes del estreno de T2 Trainspotting sobre la experiencia de volver a encontrarse con sus amigos, con Danny Boyle, y con el personaje que le dio la fama y el reconocimiento mundial.

¿Alguna vez pensó que la cinta Trainspotting original tendría el impacto que logró?

Siempre pensé, quizá de modo arrogante, que Trainspotting sería grande. Fue asombroso cuando vi la película con Danny por primera vez, era extraordinaria. Tuve una increíble sensación y pensé “¡Oh, Dios!”. Recuerdo que salí impresionado del gran talento que participó. La novela fue un éxito; después el guion de John Hodge fue estupendo. La dirección de fotografía de Brian Tufano, las interpretaciones, la dirección de Danny, la música…, tuvimos los mejores elementos que se pudieron obtener. Así que había muchas más probabilidades de que no fracasara. Y no lo hizo.

¿Entonces por qué se requirió tanto tiempo para hacer otra película?

Hay diversas razones. Irvine (Welsh) escribió Porno, la novela de seguimiento, diez años después de Trainspotting. Así que apenas hace tres o cuatro años comenzamos a hablar sobre el tema. Luego John escribió un nuevo guion y todos pensamos que era realmente bueno. Tuvimos una reunión secreta en el Union Club en Soho. Bueno, todos excepto Jonny Lee Miller, que no pudo asistir. Incluso en los estrenos y en Cannes siempre hubo alguien que no podía acudir. Pero en este caso estábamos Bobby Carlyle, Ewen Bremner, Danny, Andrew Macdonald, John Hodge y yo. Nos sentimos muy bien. Leímos el guion en voz alta y hablamos sobre él. De hecho, a partir de ese día todos estamos integrados en el proyecto.

McGregor cuenta que T2 se grabó distinto a la primera parte, tampoco hay voz en off, y lo más parecido a la película inicial son los personajes.

¿Cómo se siente trabajar con Danny Boyle de nuevo?

Fue el director de mi primera película. Siempre he querido a Danny y siento que gracias a él hago mejor mi trabajo. Creo que estoy en buenas manos con él. Su humor y disponibilidad, su generosidad, su naturaleza decidida (…) sencillamente nos permean a todos en el set. Ahora tenemos más seguridad en nosotros mismos, pero en Shallow Grave (Tumbas a ras de tierra) nos preguntábamos cómo debíamos hacer las cosas. Él nos impulsó a través de las tomas. Como actor me gusta que siempre te rete para que pienses algo nuevo y lo interpretes en la siguiente toma.

¿Investigó mucho sobre el pasado de Renton?

Utilizamos el libro Porno, de Irvine, como plantilla, aunque la trama se desvía bastante. Él, ciertamente, es menos exitoso que el Renton de Porno y el hecho de que hace poco se sometiera a una cirugía cardiaca resulta fundamental. Fue una experiencia que le cambió la vida. Soy lo bastante afortunado para no tener una cirugía así, pero imagino que revaloras tu vida después: qué has hecho y qué deseas hacer con el resto de tu vida.

En Trainspotting, Renton es el observador. Describe lo que ocurre con cada uno y, al final, dice que todo es una mierda. Lo más difícil en esta película fue expresar que está muy roto cuando regresa; en verdad, está en mal estado. Su matrimonio se derrumba y no sabe lo que hará el resto de su vida. Por eso vuelve, debido a que ellos son los únicos tipos que de verdad lo conocen o que él conoce. Supongo que sufre una intensa crisis de madurez. Todo esto juega en contra del tranquilo e inteligente Renton que conocimos en la primera cinta.

El rodaje de la película comenzó de Ewan McGregor.

Se integró a T2 proveniente de otra cinta, ¿no es así?

Sí. Estaba en la posproducción de la película que dirigí (American Pastoral). Y este rodaje debía comenzar en un determinado periodo, pues Jonny y Bobby debían regresar a sus programas de televisión en Estados Unidos. Así que comenzaron sin mí, lo cual fue bastante extraño; yo enviaba mensajes de texto a Danny y les preguntaba que cómo se sentían. El día que llegué al set estaban filmando una escena donde Ewen Bremner limpiaba el bar del piso superior. Ewen lo hacía con pequeñas tomas de música, se sentía distinto y, a la vez, muy familiar.

¿Siente que T2 es simplemente “más de lo mismo”?

No, en absoluto. Se filmó de modo muy distinto. Nuestro director de fotografía, Anthony Dod Mantle, es un visionario extraordinario. Tiene una pequeña cámara y hace tomas que ni siquiera percibes. Y la historia es diferente. Para comenzar, no hay voz fuera de escena. Lo más parecido son los personajes.

¿Cómo piensa que la gente reaccionará después de todo este tiempo?

Nuestro público básico tenía veinte años en esa época. Estábamos en Gran Bretaña en los noventa y en serio fue genial. Lo sentía como una época icónica y Trainspotting fue directo al corazón de eso. No sé si lograremos que las personas se sientan así de nuevo. Quizá no será posible. Lo que sí logra el guion es crear la nostalgia y el sentimiento de lo maravilloso que fue ser joven y libre de preocupaciones en esa época. Esto es lo que sienten nuestros personajes. Pero ellos también estaban confundidos acerca de su juventud en aquella época. En el guion, John hizo un gran trabajo para entretejer la nostalgia por Trainspotting, sin recrearla.

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