Cinco poemas para recordar a Nicolás Suescún

El pasado 16 de abril el poeta, escritor, artista y activista colombiano falleció a los 80 años. Vea sus mejores poemas.

Nicolás Suescún nació en Bogotá el 5 de mayo de 1937, completó sus estudios secundarios y universitarios en Humanidades, Historia y Literatura en la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y en la Escuela de Altos Estudios de París (Francia). Volvió a Colombia para trabajar en la revista Cromos como traductor de escritores, poetas y periodistas del New Yorker. También fue profesor universitario, periodista y diseñador gráfico.

Foto tomada de: Premio vida y obra 2010 Nicolás Suescún Recuperación de una memoria.

En sus tiempos libres escribió obras que retratan con sarcasmo la realidad de Colombia. Uno de sus libros más reconocidos es ‘El retorno a casa’ (1972), catalogado por la crítica como uno de los libros más importantes de la literatura colombiana del siglo XX y su obra ‘Los cuadernos de N’ (1994), conocida como la antinovela del escritor que refleja la cultura juvenil colombiana de 1990.

Postal de la Galería Belarca, 1976.

Como diseñador y artista gráfico tuvo el honor de ilustrar la carátula de ‘El coronel no tiene quien le escriba’ de Gabriel García Márquez y ‘La Obreriada’ del poeta colombiano Luis Vidales. También fue el responsable de traducir y escribir más de 30 obras publicadas en Colombia, Alemania, Estados Unidos y Francia. Entre los autores que tradujo al español están William Shakespeare, Honoré de Balzac, William Blake y Arthur Rimbaud.

Traducción de Shakespeare por Nicolás Suescún.

Otro de los grandes logros fue dirigir con éxito la revista de poesía ‘Eco’ (1969- 1984) y la librería Buchholz (Bogotá), conocida como el mítico establecimiento que sobrevivió al Bogotazo. Su último reconocimiento fue el premio Vida y Obra (2010) de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá.

Vea las obras más apasionantes de escritor bogotano:

El negador

¿Por qué? se pregunta
y no encuentra respuesta
los signos de interrogación desaparecen
y la negación lo absorbe,
salta de la N a la O
y se hunde, se ahoga
y vuela al mismo tiempo.
Absurdo preguntar por qué,
es sólo un ahogado
que vuela por el aire
en un delirio de escepticismo
así que no vale la pena preguntar,
es preferible negar
negar porque sí y porque no,
negar que se puede preguntar,
negar que se pueda responder,
negar por negar,
negar el ayer,
negar el mañana,
negar el hoy también
pero jamás el yo,
para poder negar hasta siempre jamás.

Jamás tantos muertos

Jamás tantos muertos
rondaron la casa de los vivos,
jamás tantos vivos
habitaron la casa de los muertos.

Nunca se oyeron tantas voces,
nunca tanto silencio,
nunca se fue al traste tanta cosa,
y se pudo más y se hizo menos.

Siempre es que hemos vivido tanto tiempo
que uno ya se pregunta qué sería de la tierra
sin el peso gravoso de los hombres,
y qué sería de los hombres sin la tierra.

Ahora son las diez de un martes o de un muerto
y mi sangre corre, corre la de los vivos
a dieta de sopas de sangre de sabores diversos,
y huesos enlatados, cadáveres en polvo,
todo el corpus delicti de la A a la Z.

Pequeño poema a mi padre en espera de una larga y tendida conversación que muy probablemente jamás tendrá lugar

Con usted no puedo hablar de nada
a pesar de que mis ojos
y mi nariz sean suyos
—me lo han dicho—
o de que yo haya sido
su mayor imprudencia
—me lo han dado a entender—
y de que en cierto modo
sea usted quien camina
—soy yo quien lo sospecha—
cuando voy por la calle.

¡Qué dicha vivir en este país tan bello!

¡Qué dicha vivir en este país tan bello
donde la gente ama tanto los toros
y la sangre en la arena!

¡Qué bella la sangre, tan roja!

¡Qué bueno vivir aquí
donde los policías juegan a la ruleta rusa
no apuntando el revólver
hacia su propia cabeza
sino hacia la cabeza de los adolescentes,
donde los asesinos ríen al matar
y acumulan cadáveres
que tiñen los ríos de púrpura
y nos cubren con un velo bermejo!

¡Qué hermoso país es éste
con tantos matices del rojo,
aunque la sangre con el tiempo
se vuelva negra,
y aunque nuestras fiestas delirantes de alegría
las presida y clausure
el esqueleto del capuchón y la guadaña!

No esperes nada

No esperes nada
del mañana,
no te sepultes
en la esperanza,
piensa:
no veré la luz del nuevo día,
ésta es mi última noche.
Y bebe
hasta olvidarlo todo
para volver a olvidarlo,
que ésa sea tu vida,
un vaivén
entre el ser y el no ser.
No esperes nada
del mañana,
húndete en el olvido
para que el nuevo día
sea de verdad un nuevo día,
como si apenas empezara
a dar vueltas el mundo,
como si ir para allá
no fuera venir hacia acá,
como si no girara la tierra,
enloquecida.

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