Esteban Cortázar, el diseñador colombiano que triunfa en París

Diners lo acompañó en la Semana de la Moda, donde presentó su colección inspirada en gitanas punk. En primicia habló de su proyecto de tomarse la capital francesa con productos nacionales este verano.

Cuando Esteban Cortázar habla se le salen palabras del inglés, la lengua con la que creció y con la que, como él mismo dice, jugó a ser diseñador cuando era un adolescente. Por el contrario, las palabras del francés se las guarda; a pesar de que vive hace diez años en París, una ciudad a la que se refiere con agradecimiento, no solo porque en ella se hizo diseñador, sino porque allí ha vivido y amado.

De hecho, solo se intuye su perfecto francés porque no hay ningún acento cuando habla de la Rue de Rivoli, una de las calles más importantes de París, en la que se encuentra su oficina, que colinda con el Museo del Louvre. En cambio, su español es tan fresco, tan fluido, que recuerda por momentos al de un universitario con ganas de devorarse el mundo.

Lo curioso es que esas características tan particulares de su lenguaje guardan una simetría casi perfecta con su trabajo y con la última colección que presentó el pasado 6 de marzo en la biblioteca del colegio Henri IV, durante la Semana de la Moda de París: descomplicado, pero también riguroso, cargado de influencias y con unas raíces bien ancladas en Colombia y, sobre todo, con un corazón amoroso aunque también rebelde y casi indomable, así como la mujer para la que crea y que él llama “gitana punk”.

A los 23 años Cortázar asumió la dirección creativa de la casa Ungaro

Justo después del desfile, Cortázar habló con Diners sobre su trabajo, su vida y su carrera. Aunque asegura que no se siente “tan famoso” o que, al menos, no es algo en lo que piense, le interesa más seguir trabajando por el futuro de su marca y el de Colombia. Pero lo que sorprende es que por encima de todas esas cosas, lo que más desea es transmitir a sus seguidores un mensaje que desborda su propuesta estética y que habla de su postura frente a la vida y al mundo actual.

Ese fue el motivo por el que el día del desfile decidió dejar en cada una de las sillas que rodean a la pasarela, un papel con esta cita de la escritora Arundhati Roy: “Para amar. Para ser amado. Para nunca olvidar la propia insignificancia. Para nunca acostumbrarse a la inefable violencia y a la vulgar disparidad de la vida que te rodea. Para buscar la alegría en los lugares más tristes.

Para perseguir la belleza hasta su guarida. Para nunca simplificar lo que es complicado o complicar lo que es simple. Para respetar la fuerza, nunca el poder. Sobre todo, para ver. Para tratar de entender. Para nunca mirar hacia otro lado. Y nunca, nunca, olvidar”.

¿Por qué escogió ese texto para dar una bienvenida al desfile?

Porque es la forma como vivo mi vida, como incluyo ese tipo de valores en lo que hago, con mi equipo y mi familia. Además, es muy importante para mí, especialmente en este momento en que vivimos en un mundo tan pesado, usar mi plataforma para dar un lindo mensaje.

La mujer de su colección es una gitana punk, que tiene esa parte latina, gitana y española, y también ese lado inglés muy punk y rebelde

Usted define esta colección como “instintiva y experimental”, ¿a qué se refiere con ello?

Trabajo de una forma muy instintiva. Es decir, una colección siempre tiene que ver con experiencias personales, así que en esta se puede ver un “memory lane” (carril del recuerdo) desde que empecé a enamorarme del mundo de la moda hasta cuando llegué a París. Cogí las culturas que me han impactado y las mezclé todas en la misma colección. También quise celebrar mis raíces inglesas porque yo me llamo Esteban Cortázar Vaughn y nunca he hablado mucho de ese lado Vaughn; por eso, ahí entró el tartán con toda esa parte escocesa y también porque quería celebrar a mi abuelo, que murió hace unos tres años. Esa parte personal también estuvo ahí.

¿Qué más encontró en ese viaje al pasado?

Este año cumplo diez años de estar viviendo en París y para celebrarlo, quise que algunas piezas de la colección llevaran una impresión de todo el “feed” (de todas las publicaciones) de mi cuenta de Instagram. Es una forma de detener el concepto de que se muestra una colección, luego se empaca y ya vienen otras, y otras, y otras, que obligan a reinventarse de nuevo. Lo cierto es que hay ciertas ideas que necesitan vivir un tiempo suficiente para poder brillar; entonces, cuando nos metimos al archivo, empecé a descubrir piezas que hasta se me había olvidado que habíamos hecho y de ellas vinieron nuevas.

¿Podría describir a la “gitana punk” que protagonizó esta colección?

La colección se sintió súper “fearless” (temeraria), como si hubiera sacado la palabra miedo del asunto. Me lancé mucho con los “prints” (estampados), con los zapatos, con las texturas, con las mezclas, con las ideas, y eso fue un riesgo que me hizo sentir muy bien, porque sentí que estaba diciendo algo. Por eso me vino muy naturalmente llamar “gitana punk” a la mujer de la colección, que tiene esa parte latina, gitana y española, y también ese lado inglés muy punk y rebelde, que se arriesga a hacer algo diferente, que conserva su individualidad, que se siente segura de sí misma por su valentía y que siempre mantiene su sensualidad.

Para usted han desfilado grandes modelos como Naomi Campbell y Cindy Crawford, ¿piensa en una modelo en particular cuando crea?

No me gusta mucho pensar en una mujer porque conozco mujeres magníficas todo el tiempo, así que mi idea de mujer siempre está creciendo y evolucionando. Pero sí hago una selección de modelos muy rigurosa; de hecho las que estuvieron en este desfile son un buen ejemplo del tipo de niña que me inspira porque cuento una historia con cada una. La segunda de esta pasarela es Hanne Gaby, una supermodelo, una gran amiga y precisamente la cara del proyecto que hice para Colombia con almacenes Éxito. Y la que cerró el desfile, Jacquelyn Jablonski, es increíble. No escojo modelos porque sí, sino porque trato de ser muy incluyente y diverso.

Menciona el hecho de ser incluyente y me hace recordar una polémica reciente por una publicidad de Zara en la que se lee “Ama tus curvas”, pero la foto muestra a unas mujeres sin curvas. ¿Qué piensa de crear prendas para mujeres de “tallas grandes”?

Me parece magnífico y es algo que me pongo como reto. Hay que incluir a todo el mundo en lo que uno hace, y es verdad que a veces los desfiles no lo hacen. Yo sé que muchos de los “looks” (atuendos) de este desfile se ven divinos porque los usaron niñas que miden dos metros y son flacas, mientras que otras piensan: “¿Pero yo cómo me voy a poner eso?”. Lo que hay que entender es que esa es la parte artística y que es normal que uno como diseñador se meta a la forma que tiene la industria de la moda; es decir, con modelos altas y flacas, porque es propio de esta época. Hubo otra época en que el modelo de mujer era como Marilyn Monroe, mucho más voluptuosas. Pero lo interesante es que estamos a principio del siglo y de repente todo está empezando a pensarse de nuevo y a cambiarse. Yo tengo clientas que no son altas y flacas, pero encuentran piezas en mi colección y además me ayudan a pensar en cómo crear piezas que les puedan servir a ellas también.

Hablemos de otro debate reciente acerca de ciertas celebridades que se visten con transparencias, ¿qué opina de esa tendencia?

Estoy de acuerdo. No me llega, no me inspira, no me parece sexy esa manada de niñas famosas poniéndose esos vestidos súper transparentes. Es una idea que no es nueva, ha estado pasando desde los años setenta con Cher y luego con Riccardo Tisci cuando estuvo en Givenchy. Cuando él lo hizo por primera vez, ahí sí me encantó. Pero volvió y ahora tenemos a Nicki Minaj, por ejemplo, que estuvo en los desfiles de esta última semana de la moda, literalmente, con una teta al aire… Otra razón por la que no me gusta es porque después van y se quejan de que siempre están celebradas como objetos, pero hacen algo así, en lo que no hay “sex-appeal” (atractivo), ni misterio, sino que es sólo por llamar la atención y por mostrar un gran cuerpo. Es un poco grotesco para mí, pero si se sienten lindas así, que lo hagan.

Sus orígenes se encuentran en los talleres de Misi. ¿Cómo recuerda esa época?

La familia de Misi era amiga de la familia de mi mamá, entonces desde que vi uno de los espectáculos, quise vincularme, porque crecí queriendo expresarme siempre. De chiquito yo quería ser actor, cantante, bailarín, estar en un escenario y fue mucho más adelante que empecé a interesarme por la moda. Además, la mamá de Misi era la que hacía los disfraces y a mí me encantaba ponérmelos todos.

¿Cuál fue el mayor aprendizaje de esa época?

Misi fue mi primera profesora, no solamente de canto, de baile y de actuación, sino también de profesionalismo y de integridad como artista, porque los límites de Misi siempre fueron muy altos y eso hacía que ella quisiera y formara un grupo que estuviera a la altura de Broadway. Así que para mí fue una suerte increíble haber crecido con alguien que tenía eso tan claro. Me hizo sentir que los límites iban mucho más allá y de hecho fue ella quien me ayudó a entender que me tenía que ir de Colombia y que tenía que emprender mi camino por otro lado para poder brillar de verdad y mantener a Colombia como una inspiración y como raíz. Hoy siento que le estoy dando mucho más a Colombia estando aquí y poniendo el nombre del país en alto al mostrar lo que puedo hacer aquí en la capital de la moda, que allá.

Y luego se va a Miami…

Mi papá vivía en Miami y desde el principio de los noventa, yo iba a visitarlo en las vacaciones. Recuerdo que me inspiraba mucho South Beach, porque era la época en la que estaban llegando allí todas las supermodelos, los grandes fotógrafos, las tiendas de Versace, Todd Oldham, Madonna… Luego me fui a vivir con mi papá arriba de un restaurante que se llama, todavía existe, News Café, en Ocean Drive, al frente de la playa. Entonces yo llegaba del colegio y siempre había algún “photo shoot” (sesión fotográfica) ahí, al frente mío. Así me llegó el mundo de la moda y lo estaba viendo en el mejor nivel del mundo. Luego me puse a imitar lo que estaba viendo e hice desfiles de moda en mi colegio y les enseñé a las niñas de mi curso a caminar como modelos, como Cindy, como tal o cual, porque yo podía imitar a todas las modelos… Bueno, todavía lo puedo hacer —al decirlo, suelta una risita juguetona— pero lo hacía mucho más en esa época y así comencé mi carrera.

¿Qué decían sus padres?

Mis padres siempre me dejaron volar. Nunca me cortaron las alas. Nunca me hicieron sentir que no podía hacer algo, siempre me dejaron expresarme. Entendieron que tenían un hijo que necesitaba expresarse de una manera artística a todo momento, que le gustaba llamar la atención, porque definitivamente me gustaba hacerlo. Mi papá es un artista, mi mamá también y crecí en ese ambiente

¿Y fue en ese momento cuando Todd Oldham abrió una tienda cerca de su casa?

Sí, recuerdo que tenía una amiga, se llamaba Cindy, que me decía: “van a abrir una tienda de Todd Oldham, un diseñador que me encanta y que es súper cool”. Y yo me puse a ver las revistas para saber quién era, porque en esa época uno se enteraba por las revistas, y me encontré con que era evidentemente el “darling” (consentido) de Nueva York. Todd tenía las mejores modelos y los desfiles más divertidos, así que un día fui a presentarme a su tienda. Lo conocí y él se volvió como un mentor para mí, porque me ayudó mucho a lanzarme como diseñador.

¿De qué manera lo lanzó?

Él me invitó a un desfile suyo en Nueva York, fue mi primer desfile. Mi papá me dejó ir y recuerdo que cuando vi ese desfile, dije: “Ok, esto es lo que quiero ser”. Apenas llegué de Nueva York, anunciaron un concurso de talentos en mi colegio y dije: “Voy a hacer un desfile y a recrear lo que vi en Nueva York”. Estaba en el sexto grado y tenía 13 años.

Las transparencias, la asimetría y las superposiciones tuvieron un papel fundamental en el desfile

¿Cuál es la primera imagen que se le viene a la cabeza de ese desfile en el colegio?

¡Fue súper profesional, la verdad! Fue interesante porque toda la comunidad de mi cuadra vino a ayudarme. Los de la tienda de Todd Oldham, la gente de cosméticos Mac, que acababa de abrir, vino a hacerme el maquillaje; los de no sé quién haciéndome el pelo, y se volvió algo muy bien hecho. Quería que fuera así, como lo había visto en Nueva York. La locación fue el teatro del colegio, el South Pointe Elementary School, y atrás, cada niña tenía su sección, con tableros donde estaban las foticos de cada una y la descripción de lo que tenían puesto. Ahí me di cuenta de que tengo un lado totalmente creativo y otro de mucha disciplina y de mucho profesionalismo.

Y ahí se dio cuenta de que sí podía ser y hacer el trabajo de un diseñador…

No, no fue en ese momento, pero esa fue la raíz. Ahí solo estaba jugando a ser diseñador.

Pero era un juego muy serio porque organizó muy pronto un segundo desfile…

Cuando me gradué de South Pointe Elementary School, entré a Cushman School, que es el colegio más antiguo que hay en Miami y es espectacular: tiene una naturaleza increíble y unos árboles divinos, con unos troncos gigantes, y apenas yo llegué a la primera entrevista para ver si me aceptaban, porque es un colegio privado, me enamoré de esos árboles y dije: “Qué tal aquí un desfile”, y me inspiré con el rollo del bosque y Caperucita roja. Así que en el primer año del colegio, hice lo mismo: “fui a ver a la directora del colegio, para pedirle permiso de hacer un desfile”. Hice el casting de todas las niñas del colegio, llegó mi segundo desfile y ahí fue cuando las cosas empezaron a concretarse un poco más.

¿Por qué en ese desfile en particular?

Porque me volví el niño prodigio y conseguí mi primer inversionista, un italiano que me lanzó y me ayudó a hacer mi primera colección oficial. Inicialmente la iba a mostrar en Nueva York. Estaba casi lista, ya estábamos preparando todo para el desfile y sucedió septiembre 11, entonces eso cambió todo y tuve que hacer una presentación más pequeña en Miami. Luego, en 2003, mostré mi primera colección oficial en Nueva York, ahí tenía 17 años.

¿Pero cómo empezaron a llegar las personas de la industria, los productores, los periodistas?

Creo que como todo en Estados Unidos. Cogen cualquier historia y la hacen sensacional en la prensa. Entonces lo más importante era mi edad: la idea de que un niño de 17 años está haciendo su primer desfile en Nueva York, pero no un desfile de estudiante, sino un desfile con todas las de la ley. Además, ya había hecho muchas conexiones con la gente que me iba a producir el desfile y las grandes modelos querían participar.

¿Fue en esos primeros desfiles cuando se descubrió como diseñador?

No, yo me descubrí como diseñador aquí en París; más que en Miami o en Nueva York, porque antes estaba muy joven para descubrir la identidad o el ADN de mi marca o para definir quién es Esteban Cortázar. Además, no había tenido suficiente experiencia en la vida, ni siquiera hablo de experiencia de trabajo, sino de vida. Cuando ocurrieron esos dos primeros desfiles, estaba viviendo en Miami, era un adolescente, que todavía estaba en “high school” (bachillerato). Todo pasó muy rápido. Pero lo que sí es cierto es que estaba siendo muy espontáneo, muy honesto.

Flashes de las cámaras, modelos y contratos… ¿Cómo recibía todo eso siendo tan joven?

Con mucha felicidad porque era exactamente lo que quería. Yo quería estar desde el puro principio en un escenario y quería tener ese tipo de atención. Quería poder hacer algo que inspirara a los demás, que mostrara talento, arte, creatividad.

En ese momento vistió al elenco de Sex and the city, la serie que se convirtió en un ícono de la moda, ¿cómo fue esa experiencia?

De esa época hay dos experiencias increíbles: una, vestir a las actrices de Sex and the city y la otra fue estar invitado al show de Oprah. Fueron cosas que pasaron en esa época y tan rápido para el niño prodigio… Inclusos me siguen llamando a veces el niño prodigio, pero ya trato de salirme de eso porque ya no soy un niño prodigio, sino que estoy mostrando el trabajo sólido, de un adulto de 32 años, con madurez y no el de un genio. De hecho, nunca me he sentido genio, simplemente soy artista, tengo talento, pero no estoy haciendo nada que esté revolucionando al mundo, ni estoy salvando ninguna vida. Entonces no me gusta cogerlo tan en serio.

Cada modelo refleja la expresión del ser humano a través de la moda

Luego llega a París, por la puerta grande: a trabajar como diseñador creativo de Ungaro…

Y ya llevo diez años aquí. Mi abuela, por parte de mi mamá, es francesa. Mi mamá vivió aquí también muchos años, mi papá también. Nunca tuve la cercanía con París, sino hasta cuando vine a trabajar con Ungaro, a los 23 años. Había venido, pero nunca me imaginé que iba a vivir en París y cuando me fui de Ungaro, el primer instinto obviamente fue devolverme a Nueva York. Pero en esa época estaba en una relación larga, estaba creciendo con esta persona, estábamos creando una vida en París y decidí quedarme. Dije: “Hay una razón más grande que Ungaro, para que yo me quede aquí en París. Aquí hay más para mí”.

Se fue de Ungaro porque le impusieron a Lindsay Lohan como imagen de la marca, ¿qué fue lo que no soportó: la imposición o a ella?

Fue una proposición. Me dijeron: “esto es lo que queremos hacer con la marca y queremos que pase contigo” y yo simplemente dije que no. No me pareció que eso fuera acorde con los planes que tenía para mi carrera ni para el respeto que le tengo a la casa Ungaro. Cuando llegué a París, Emanuel Ungaro me invitó a su casa a cenar con su esposa y ahí me di cuenta del respeto que yo le tenía que tener a él y a su marca, así que eso que estaban tratando de hacer era totalmente opuesto a lo que él creó y a la integridad de lo que hacemos, y no quería hacer parte de eso. Lo interesante es que si hubiera sido por fama, por plata y por tener un gran apartamento y un gran salario, porque lo tenía en esa época, habría aceptado, pero yo tenía mucho más claro que quería otra cosa.

¿Alcanzó a conocerla a ella?

No tuvo nada que ver con Lindsay como persona. De hecho, me cayó muy bien. Era el concepto lo que no me gustaba, algo sólo para crear comunicación de prensa y tabloides. Me fui y tomé un riesgo grande, tenía un miedo horrible porque no sabía qué iba a pasar, sólo sabía que ese no era el rumbo. Fue una época en la que sentí que todo lo que había vivido antes había sido muy rápido y a muy temprana edad. Fue un año de no estar seguro qué rumbo coger.

¿Y quién hizo que pudiera retomar el camino?

Natalie Massenet, quien comenzó Net-A-Porter. Ella fue la persona que cambió todo para mí, porque creyó en mí cuando nadie lo hacía y me dio la dirección de Net-A-Porter. En el 2011 hicimos una alianza y ella dijo: “Vamos a recrear otra vez tu marca. Yo te voy a dar la plataforma de Net-A-Porter y tu vas a hacer lo que tú quieras para mostrar quién es Esteban Cortázar hoy en día. Olvídate del pasado. ¿Cómo sería tu colección de adulto, en esta nueva etapa y con la experiencia de Ungaro, de París, de Nueva York, de Miami, Colombia?”. Ella me dio esa oportunidad y ahora estoy aquí.

¿Quién es ella, cómo la conoció?

Hoy en día las dos personas con más influencia y más importancia en el mundo de la moda son Anna Wintour y Natalie Massenet. Y, de hecho, me acuerdo que hablé con las dos cuando estaba con el tema de Lindsay y ambas me dijeron: “No. You have to quit” (No, Tienes que renunciar). Escucharlas me sirvió mucho porque estaban tratando de presionarme mucho para que me quedara y yo además sabía que una oportunidad como Ungaro no iba a llegar a mi vida así no más y que no iba a salir de ahí para trabajar al otro día con Gucci.

Un vestido enterizo que juega con el blanco y botones fluorescentes en los tobillos

Llama mucho la atención la claridad con la que describe ese momento. ¿A qué atribuye hoy, con algunos años de perspectiva, el haber estado tan centrado en lo que quería?

A la gente alrededor mío, al amor que he tenido desde que nací, al apoyo que he tenido en la gente que me quiere y que me ha aconsejado. Siento que tengo una verdadera comunidad alrededor mío. La decisión vino de aquí —mientras lo dice se aprieta el pecho con ambas manos—, de puro aquí. Yo no me sentía bien y mi mamá desde muy chiquito siempre me dijo que cuando yo no me sintiera bien, que no lo tenía que hacer. O sea, cuando en el colegio y lo regaña a uno el profesor por nada, mi mamá me ponía un ejemplo: “Si quieres ir al baño, vas al baño. Si te dicen que no, te levantas y vas al baño, punto”. Ese era el tipo de personalidad que mis papás me inculcaron y ahí es donde uno empieza a crear sus propios valores y forma de ser.

¿Desde ese episodio con Ungaro, le tiene miedo a algo?

Al miedo. No me gusta sentirlo. El miedo no existe en mi vida porque es algo que tú mismo creas, que no existe en realidad, porque crece cuando uno tiene nervios, pero cuando uno se bota a la experiencia, se da cuenta de que no había lugar al miedo. Y la vida va pasando y al mirar atrás uno dice: pero por qué me dio miedo una cosa así.

¿Con qué sueña ahora?

Sueño mucho con el futuro de la marca y en la forma como debo evolucionarla de una manera nueva. Me imagino que estamos a principio de un siglo y que las cosas están cambiando al minuto, pero a veces, me tengo que pellizcar, porque uno quiere más y más y quiere hacer tantas cosas e ir al siguiente nivel y ver cómo crecemos, pero ahí es cuando me detengo por momentos, porque se me olvida que estoy sentado en un lugar tan divino: en Rue de Rivoli, viviendo el sueño que tanto soñé. También me gusta ser sencillo en el sentido de apreciar y sentirme agradecido por estar viviendo una experiencia que inspira a diseñadores jóvenes. Eso me pasa mucho cuando voy a Colombia y me devuelvo feliz porque siento que es un país con una nueva generación, de la que está saliendo mucho talento, especialmente en la moda y en el arte, y el nombre del país cada vez está más en alto.

Se le escucha orgulloso de ser colombiano…

¡Me siento muy orgulloso de ser colombiano! Y siempre tengo ideas de cómo involucrar a Colombia con lo que hago; por eso estoy haciendo ahora un proyecto con Colette —la primera y más importante tienda conceptual parisina, dedicada a artículos de lujo en su mayoría— que va a lanzarse en este verano para celebrar el año Francia-Colombia.

Un adelanto…

Vamos a recrear un mundo colombiano en el contexto de Colette, todo curado por mí, desde libros, dulces, artesanías, música, piezas especiales de mi colección y otros objetos que estoy seleccionando poco a poco. Eso me tiene muy emocionado porque quiero mostrar y celebrar lo más auténtico de Colombia y eso, para mí, se encuentra en los pueblos, con sus tienditas, sus colores, su lado kitsch y estamos viendo cómo podemos recrear esa experiencia en las vitrinas.

El diseñador también se lanzó con los estampados, mezclas de texturas y botas hasta las rodillas

¿Cómo es su relación con Colombia?

Es una relación de mucho amor, porque allá tengo a mi familia. Voy mucho a Cartagena —y también a Ibiza, por la música—, porque allá vive mi papá. Por ejemplo, este proyecto con Colette fue un sueño hecho realidad, que ella me deje entrar ahí y más para celebrar a mi país es maravilloso. Además, me encanta la idea de crear una comunidad alrededor de la marca; es decir, que Esteban Cortázar puede tener satélites de artistas, escritores, otros diseñadores y otras mentes creativas. Para mí Colombia y Suramérica son el futuro y allá es donde van a pasar muchas cosas, no pienso en política, sino en el lugar en sí mismo.

A propósito, ¿el contexto social, político y ambiental están presentes de una u otra forma en la manera como se aproxima a la moda?

Lo que más me inspira de todo lo que está pasando en el mundo es el tema de celebrar las culturas y celebrar todo tipo de personas; por eso intento ser lo más “diverse and inclusive” (diverso e inclusivo) que puedo y dar desde ahí un buen mensaje. No apoyo y no soy para nada un seguidor de Trump, por ejemplo, pero lo que me parece positivo es que estamos viendo la realidad de Estados Unidos; es decir, existen unas personas que votaron por él y que llevan un montón de ira desde hace muchos años. Tenemos que escucharlos y no imponernos a ellos con el argumento de que tenemos la mente más abierta, porque de ser así, estaríamos haciendo lo mismo que ellos. Creo que es necesario hablar y entendernos en la diferencia. Por eso me gusta tanto el fragmento de Roy, ahí ella dice: “tratar de comprender al otro”, incluso a aquel con el que no estás de acuerdo.

Hace mucho énfasis en la diversidad, ¿qué otras cosas son esenciales en su vida?

Estar con mis amigos, porque son mi familia, son todo para mí y sin ellos no tendría la vida que tengo. Segundo: la música: para mí es una gran forma de conectar con esos amigos y con el trabajo. Me encanta la música electrónica, soy amante del House, por eso voy tanto a Ibiza. Además, amo salir a bailar con mis amigos, me encanta el sentimiento que me da bailar música electrónica y también la salsa. Y la tercera, no es por ser cursi, pero el amor: el amor que he tenido yo en mi vida ha creado a la persona con quien estás hablando.

Una última pregunta, ¿qué es la moda?

Es la forma más puntual, más importante y que más influencia la expresión como ser humano. La forma como tú te vistes, te hace cambiar tu gesto, tu forma de ser, te hace sentir de cierta manera, te da seguridad. Si tú estás bien vestido y te miras al espejo y te sientes bien, vas a ser la mejor versión de ti mismo ese día. Todo el mundo se pone algo en su cuerpo todos los días y por más de que uno pueda ver la moda como algo distante, sí es algo que te toca y que es parte de ti porque así no sepas de telas, modelos, ni diseñadores, estás usando a diario algo que vino de una mente como la mía, la de Karl Lagerfeld, la de la editora de Vogue o de la gente que está en este mundo tratando todos los días de proponer y crear un nuevo lenguaje. La moda es una forma de comunicarse y expresarse.

Cortázar, a sus 32 años, está agradecido con la vida y sueña con evolucionar su marca

EN POCAS PALABRAS

Un lugar en París…
La place des Vosges es la plaza más linda de la ciudad; voy allá especialmente en verano.

Su restaurante favorito…
El Clamato es uno de mis predilectos, en el décimo primer distrito.

Y el bar…
El Hemingway bar, en el Hotel Ritz, y El café de Fleur, porque tienen vida. Uno se sienta ahi y se imagina a Yves Saint Laurent sentado con Pierre Berger y el Café de Flore. Me encantan porque tienen vida. Uno se sienta ahí y se imagina a Yves Saint Laurent sentado ahí con Pierre Berger, se imagina a Loulou de la Falaise, a Anouck Lepere, se imagina a todos esos personajes parisinos y se siente uno como: “Wow, uno ahora es ese personaje, hoy en día está en el mismo lugar en el que ellos vivieron”. Y todos los poetas, todos los artistas que aquí vivieron. Uno no puede describir París en tres palabras o en tres lugares… París tiene demasiados lugares tan divinos.

Tres esenciales en su ropero…
Mis tenis; camiseta blanca, desde siempre, tengo mil y me encantan. ¡Y cualquier cosa de Dries van Noten, que es mi diseñador para hombre preferido

Articulos Relacionados

  • Galería: vea las imágenes inéditas de la séptima temporada de Game Of Thrones
  • Vea a Kristen Stewart presentar a Gabrielle, la nueva creación de la casa Chanel
  • ¿Cuál sería el trabajo de Lady Gaga si no hubiera sido cantante?
  • El tiempo según Chanel