Fernando Gómez y La soledad del cuarto oscuro

El escritor y periodista Fernando Gómez estrenó su cuarta novela en la que retrata la vida de un fotógrafo en la Cali de los años 90.

Para entender el amor por la fotografía hay que remontarse a los años 20 y 30 cuando capturar una imagen era considerado un arte, cree Fernando Gómez, un escritor que quiere ser como Hemingway y un fotógrafo que sueña con llegar a ser tan bueno como Robert Capa, el húngaro que retrató el famoso desembarco de Normandía (1944).

El protagonista es un joven fotógrafo que tiene de ídolo a Capa, Brassai y Henri Cartier Bresson, considerados los padres del reportaje gráfico. Su oportunidad de emularlos aparece el 20 de diciembre de 1995 con el acidentes del vuelo 965 de American Airlines. Sin embargo, él mismo sufre un accidente inesperado que encamina su destino a un reconocimiento mayor.

‘La soledad del cuarto oscuro’ mezcla ficción y realidad a través de una prosa rápida y fácil de leer. Se adentra por los estrechos caminos por los que pasa el protagonista, quien arriesga su vida, su carrera y su reputación por encontrar el encuadre perfecto de una Cali llena de fiestas, crímenes, narcos y desesperanza.

Fernando Gómez, director general de las revistas Bocas, Don Juan, Habitar y ¡Hola! publicó ¡Salta cachorro! (2007), Microbio (2010) y Muérdeme Suavemente (2013). Ahora, estrena su novela ‘La soledad del cuarto oscuro’, libro que tenía en la mente desde hace 20 años y cuenta que lo escribió en menos de un mes.

Diners habló con el escritor sobre detalles inéditos de la novela

¿Cómo fue escribir una novela que tenía hace 20 años en su cabeza?

Realmente esa historia la tengo hace más de 20 años en la cabeza, gracias a un amigo que me la contó. En esa época yo estaba descubriendo a Antonio Tabucchi y me acuerdo que me había leído ‘La Línea del Horizonte’, novela que me cantó y por la que dije: “ese es sonido que necesito para esta historia”, pero en esa época yo tenía ‘veintipico’ de años y dije: ‘aún no estoy listo para escribirla’, entonces la archivé y un día de la nada pasaron dos cosas: volví a hacer fotografía y tomé la decisión de escribir la novela y empecé.

En una semana me salieron 10 páginas y pensé que ya tenía una novela, luego la releí y comencé a nutrir la historia con otros personajes y con experiencias mías como periodista en El Tiempo Cali.

¿Qué representa para usted y para el protagonista los fotógrafos Robert Capa y Brassaï?

Ellos son la fotografía, estos tipos se inventaron el fotoperiodismo y el sinónimo de la aventura y el romanticismo del periodismo. No hay una figura más romántica que Capa, quien además se cambia el nombre de Endre Ernő Friedmann y se pone Robert Capa; es el tipo que fotografió la muerte de verdad, porque haber tomado la foto del ‘Soldado Republicano’ es una cosa impresionante.

Miliciano caído en el frente. Robert Capa, 1936.

Ahora hablemos de Brassaï (Gyula Halász). Imagínese un tipo de los años 30, 40 que sale a fotografiar París de noche. O sea con las exposiciones de luz que tiene su trabajo, el tipo bebía que fumarse un cigarrillo entero para tener lista cada imagen.

Paris de Nuit. Brassaï, 1924

Entonces todo el que quiere ser fotógrafo tiene que sentir un amor profundo por lo que hace, porque esta es la esencia misma de la fotografía, eso lo demuestra el protagonista que es un fotoperiodista joven y cuando uno es joven uno sueña con ser Capa.

¿Cómo fue la elección del título?

El primer título fue #NoMirésEstasFotos y en un almuerzo con Laura Restrepo me dijo: ‘No Fernando ese título está muy malo, vos tenes unos títulos tan maravillosos como ‘¡Salta Cachorro!’, ‘Microbio’, pero cuál No Mires Esta Foto’. Laura lo dijo de inmediato le conté, entonces supe que tenía que cambiarlo por La soledad del cuarto oscuro.

Para llegar a este último título hice una fotografía de una cámara rota, que de hecho, es de dónde se inspira esta portada, entonces con esa cámara rota dije ‘guao, esta foto está buena’ entonces la imprimí bien grande y dije: ‘La violencia de cuarto oscuro’, pero pensé mejor y dije : ‘no, esto queda redundante’, entonces me devolví dije: ‘La soledad del cuarto oscuro’, queda más poético.

¿Cuál fue su mayor reto con esta novela?

Lo más difícil fue que yo me puse un reto técnico. A mi me gusta crear velocidad, siempre quiero que cada frase se lea muy rápido, y siga otra y otra y vaya a una velocidad fuerte, pero además de eso quería escribir una novela sin capítulos.

Con esta novela el lector que empiece a leer tiene que luchar por hay una pausa, y aunque quiera no pueda, porque la tiene que terminar de leer sí o sí.

El ensamblaje fue el segundo reto, porque me encerré a armar la novela y como trabajo todo a mano, tardé una semana entera armando la historia.

¿Qué podemos conocer del escritor por medio del protagonista?

Cuando escribía la novela, me acordaba de mis primeros años de periodista, porque uno es muy intenso y el día a día del periódico es increíble. Me acuerdo que un día del periódico hacía cultura y a la vez había una inundación en Agua Blanca y me decían: ‘póngase unas botas y salga para allá’ y luego me preguntaban: ‘¿quiere ir a toros? camine’.

O sea en un periódico pasa de todo y cuando uno es reportero uno vive en una intensidad diferente, en un mundo distinto, eso se ve en el protagonista.

¿Cuál es su personaje favorito?

El fotógrafo, obviamente, porque me dio una voz narrativa poderosa y me sentí muy identificado con él, pero con Vivas, el que escucha la historia, me río mucho, porque es un personaje que hace el contacto de los años 90 con el ahora. Cuando encontré este personaje fue cuando pude terminar la novela.

La novela recrea una escena violenta, pero no precisamente es por los carteles, ni por narcotráfico ¿por qué resaltar un hecho que no fue relevante en su momento?

Porque esa es la esencia de los periodistas de la novela, ellos extrañan el periodismo judicial. Todo el mundo sabe que los noventa fue de un fuerte azotón para el país, fue la
época de Pablo Escobar y bombas, pero también fue la época en la que el crimen cotidiano quedó relegado a cifras y perdieron importancia frente a los magnicidios.

De pronto las noticias anunciaban 33 muertos, pero ¿quienes eran esos muertos? ¿quienes eran? ¿tenían vecinos, amigos o familia?

Entonces por eso esa escena es tan importante, no para mí, sino para el periodista de la novela y para el lector, porque si se da cuenta el periodismo de hoy cambió, sino es Odebrecht no es noticia. Creo que eso ha tapado muchas cosas, por ejemplo lo de Yuliana Samboní, no es el primer caso ¿cuántos casos así habrán en el país?

¿Cuáles fueron esos pilares que utilizó para que esta historia sea entretenida?

Lo primero es tener una historia poderosa, yo creo que eso es clave y lo segundo es pura técnica. Otra clave fue cortar cosas, porque hay una tentación tremenda de contar otros detalles, pero si lo metes rompes el ritmo.

Entonces es pensar otra vez en la teoría del ‘Iceberg’ de Hemingway, usted tiene todo un bloque de hielo pero lo que sirve es ese pedacito que queda al descubierto.

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