La protagonista de La ley del corazón, la serie que se ha vuelto tema de conversación de los colombianos, habló con Diners sobre su trabajo en esta producción que recuerda las mejores épocas de la televisión nacional.

“Julia, me encantó trabajar contigo. Eres una preciosidad”, le dice Elías Rodríguez (Mario Ruiz) una escena de La ley del corazón a la abogada Julia Escallón, el personaje que interpreta la paisa Laura Londoño. No es la primera vez que sucede. De hecho, los primeros capítulos de la serie sorprendieron a todos los personajes masculinos suspirando por lo bajo “es que es divina”.

Lo que ellos no esperan es que Julia, tanto como Laura, sea una mujer con un desparpajo que solo da la confianza que se tiene en la propia inteligencia, alguien que sabe que la belleza sin sustrato no vale nada.

Con una sonrisa siempre en los labios, el pelo suelto y la cara prácticamente sin maquillaje, Laura Londoño empieza por contar, con orgullo, que La ley del corazón se ha convertido en una especie de beatlemanía en el público. “Los fans han creado una cantidad de páginas alrededor de la novela, hacen videos, son los mejores editores del mundo, me muero de la risa con todo lo que sacan, es una euforia y una emoción que genera muchas pasiones”. Mucho de esto tiene que ver con el romance de Julia y Pablo, el abogado de familia que interpreta el venezolano Luciano D’Alessandro, y Laura lo sabe, aunque no le sorprende. Ella se está preparando desde la infancia para este momento.

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Laura Londoño con parte del elenco de La ley del Corazón, la producción que ha hecho recordar la época dorada de la televisión colombiana.

Aunque creció en una familia de ingenieros, siempre estuvo rodeada de arte. Tomaba clases de ballet, canto, música y actuación, que la llevaron, a los 13 años, a convencer a su mamá de mudarse de Medellín a Bogotá para seguir con esa carrera. Lo que le abrió las puertas, sin embargo, fue el modelaje, que a los 16 años la llevó a vivir sola, midiéndose ante un mundo mucho más grande de lo que se imaginaba.

“Estuve seis meses viajando por Europa feliz, a los 16 años, con el tema del modelaje que nunca me había realmente interesado. Era más una oportunidad de generar una independencia económica y por ende emocional, pero también la oportunidad que me daba de viajar desde muy chiquita, hacer cosas de trabajo por fuera. Así que cuando me fui, lo vi más como con cara de viaje que con interés de ser modelo”, cuenta.

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En una de las escenas de La ley del corazón, junto a su prometido en la serie Camilo Borrero (Sebastián Martínez)

Su alma de gitana la ha llevado a empacar maletas varias veces, no solo con temas de trabajo y educación, sino como forma de vida, de buscarse a sí misma, una elección que hizo desde temprano. “Cuando era chiquita quería irme a un circo, tenía un novio que hacía malabares y ese me parecía el estilo de vida ideal. Estar en una ciudad un tiempo, hacer un espectáculo, estar en el escenario, moverme e irme a vivir en otro lugar. Recorrer el mundo. Soy adicta a los mapamundis, tengo los pines de a dónde quiero ir en los mapas, es casi una obsesión, esa sensación de estar encontrándose a uno mismo a través de los lugares del mundo”.

A su regreso terminó el colegio en medio de una crisis sin saber qué hacer, y se refugió en el ballet. “Es ese otro lado que me dio la disciplina que yo necesito. Ahora entiendo que es la clave de todo lo que uno quiere hacer, si quiere que le vaya bien”.

Esa disciplina se refleja en su trabajo diario. La actriz Helena Mallarino, que interpreta a la mamá de Julia, no escatima en halagos para su coestrella. “Laura es una de las mejores actrices jóvenes que he conocido. La sutileza de sus gestos es algo realmente importante. Se trata de una persona muy profesional, con mucho talento, rigurosa en su trabajo, respetuosa de todos los actores, llega a tiempo a grabar y, en general, tiene un gran respeto por este oficio, que no es fácil. No todo el mundo lo hace (…) y cuando exige lo hace por rigor, desde lo que ella considera que su personaje debe tener. Es aparte una persona supremamente cariñosa, además de ser preciosa, y es un placer haber trabajado con ella”.

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LA PASIÓN POR ENCIMA DE LA RAZÓN
Sin tener claro qué hacer, entró a la Universidad de los Andes a la carrera de estudios dirigidos, con miras a desembocar en la arquitectura. Alcanzó a tomar una sola clase, pues a la salida la llamaron de la escuela de actuación del canal Caracol con la noticia de que la habían admitido.

La pasión por la actuación pesó más que su lado racional, ese que la llamaba a hacer una carrera tradicional. “Es un fantasma que tengo superpresente. A veces estoy normal, tranquila, y de repente me agarra: ‘¿Y si me quiero ir a hacer una maestría?’. Como no tengo un pregrado que me valide eso, entonces no puedo dar ese paso. Es una pelea que tengo conmigo misma porque todo el tiempo me pregunto si debería meterme a estudiar otra cosa. Pero cada vez que estoy a punto de hacerlo, entro en un proyecto”.

“Yo me imagino que en las facultades de Derecho, Medicina e Ingeniería, el porcentaje de personas que están estudiando esas carreras porque es ‘lo correcto’ debe ser muy alto. ¡Qué cosa más aburrida! Y el mundo sí necesita contadores, pero también necesita actores, necesita humanos buenos y apasionados, y vamos a ser buenos humanos en la medida en que estemos felices con lo que estamos haciendo con nosotros mismos. Si tú no tienes pasión por lo que haces, no estás haciendo nada”, sigue.

Y es que para ella perfeccionar su arte, su pasión, ha sido siempre lo más importante. Después de varios papeles pequeños, y sintiéndose desanimada con su carrera, se fue sola durante seis meses a Australia y Nueva Zelanda. Allí concluyó que su molestia se debía a un llamado académico. Era hora de empacar maletas hacia la Meca de la actuación: Nueva York. Y allí, entre los salones de la academia de Lee Strassberg, pasó los siguientes tres años.

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En la película Paradise Lost, donde interpretó a María Victoria, la esposa de Pablo Escobar (Benicio Del Toro)

“LA PALABRA CLAVE ES EMPATÍA”
Nuevamente en la patria, se unió al elenco de la serie Bloque de Búsqueda, del canal RCN. Allí interpretó a la sargento Olga Díez, una mujer miembro del comando especial, que en los años noventa dio de baja a Pablo Escobar.

Para Laura fue un tipo distinto de aprendizaje: tuvo que aprender a pensar como un miembro de la fuerza pública, después de haber pasado su vida cuestionando a la autoridad: “Si tú juzgas a tu personaje ya no hiciste nada. No eres tú, lo hace ella. Obviamente vas a encontrar siempre puntos en común entre tú y tu personaje, pero lo más lindo es encontrar esos puntos que no tienen nada que ver y acercarlos a ti, hacer paralelos de lo que significa, por ejemplo, la institución para ella, que para mí está en otra cosa. Entender esos amores que tú no entenderías que tienen otros. La palabra clave es empatía”.

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Como Olga Diez, en Bloque de Búsqueda

En 2014 le llegó una gran oportunidad. Trabajar junto al actor Benicio del Toro en Paradise Lost, una película, coincidencialmente, sobre Pablo Escobar. En la cinta, dirigida por Andrea Di Stefano, interpretó a María Victoria, la esposa del capo. Y Benicio, en la ficción, fue su esposo. Una experiencia que la marcó profesionalmente.

Luego llegó Julia Escallón y, con ella, el estrellato. “El hecho de que sea el último proyecto de Mónica Agudelo, que es lo que representa para la industria entera, todo el mundo lo hace con un sentido de pertenencia distinto y muy especial. Yo decía ‘qué pesar no haber conocido a esta mujer’, y después me di cuenta de que claro que la conozco, si leo estos guiones, es increíble la mano de ella”.

VOLVER A LA TELEVISIÓN NACIONAL
Que la televisión colombiana entró en decadencia la última década no es un secreto para nadie. El tan anhelado “horario triple A” de antaño se convirtió en un recuerdo casi nostálgico de una televisión que vio nacer a Gaviota y Betty, las dos heroínas que convirtieron a la televisión nacional en un producto de exportación casi tan importante como el café y el petróleo.

Esto, sumado al crecimiento de la televisión por suscripción en todos los estratos, hacía cada vez más difícil volver a esos dramatizados que reunían a la familia y hacían parte de las conversaciones cotidianas como un momento amable de la vida colombiana, más que como un reflejo incómodo de las secciones más oscuras de nuestra historia.

De ahí que La ley del corazón, una historia de amor con personajes reales y diálogos plausibles, se sienta al mismo tiempo como una bocanada de aire fresco y como un regreso a la era dorada de la televisión.

Mallarino, cuyo hermano Víctor es uno de los directores de la serie, coincide: “Es un placer haber hecho los últimos libretos de Mónica. Esta es la prueba de que cuando hay personajes las historias gustan mucho. Ahora hay una cantidad de acciones y no importa lo que digan porque todos los personajes son iguales. Pero cuando hay los que crean historias por sus características como personas, la historia tiene mucho más valor que cuando son solo acciones que suceden. Esto para mí es uno de los grandes éxitos de este producto”.

Y es que una de las fortalezas de la serie es que, incluso en los papeles más pequeños, hay actores de grandísima trayectoria actoral. Personajes de la talla de Kepa Amuchastegui y Consuelo Luzardo, por nombrar algunos, han interpretado a los clientes de la firma de abogados donde se desarrolla la trama.

“Ellos son como maestros”, cuenta Londoño. “En esta serie están los actores favoritos de todos los colombianos. Si no ha salido todavía, va a salir. Hay unos actores y unas actrices de un peso que no estamos acostumbrados a ver en papeles secundarios o de pocas apariciones o pocos capítulos. Tendemos a subestimar esos papeles de tal manera que no se preocupan por hacer un casting importante y contratan al actor que menos les cueste, lo que le quita mucha fuerza a la historia”, puntualiza.

Y EN EL FUTURO
Laura, quien acaba de cumplir 29 años, es muy prudente para hablar sobre sus nuevos proyectos. Prefiere mantenerlos en secreto. Por ahora, está de nuevo presente en la comedia Toc Toc, en el teatro Libre, donde interpreta a una joven nerviosa que repite todo dos veces. Y su mente siempre está abierta y dispuesta para encontrar buenas historias, sin importar el formato. Seguro, seguirá dando más sorpresas.

LAURA LONDOÑO EN POCAS PALABRAS

El mejor recuerdo de mi niñez…
Mi constante búsqueda de hadas entre los árboles.

Mi mayor extravagancia…
¡Ja! Mi familia entera, habría que conocerla.

La mayor locura que he cometido por amor…
Recorrer las calles de Bogotá con los ojos cerrados, guiada por la voz de él.

No esperen que…
Me ponga tetas.

Mi lema en la vida…
Mujer que no gasta, hombre que no prospera; y mujer que no gasta, hombre que se la gasta con otra.

El talento que desearía tener…
Paciencia, infinita paciencia…

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