David Roa: “El libro de papel no se puede inventar mejor”

La librería de la Madriguera del Conejo cumple 5 años de existencia. Diners conversó con David Roa, su fundador.

Las librerías independientes en Bogotá son sitios alternativos para disfrutar de un café, conversar con amigos e incluso enamorarse de la literatura. Una de las más emblemáticas, es quizás, La Madriguera del Conejo que por estos días está cumpliendo 5 años.

La librería está surtida al gusto literario de Roa; en ella podemos encontrar novelas, cuentos, literatura infantil, diarios internacionales y revistas, entre otros. También libros hay en portugués, italiano, francés e inglés.

La Madriguera del Conejo entró al mundo de las librerías con paso firme y mucha seguridad. “El primer año de fundada la librería se presentaron 150 actividades culturales entre las cuales 90 eran de escritores que presentaban sus obras” cuenta Roa a Diners.

David Roa desarrolló la pasión por la literatura y las librerías por coincidencia: “Siempre estuve metido en el cuento de las humanidades. Al principio estudié música, luego teatro, no terminé ninguna carrera pero eso me llevó a conocer personas que me mostraron nuevos libros que me abrieron un gusto por la literatura, fue por ese entonces que comencé a estudiar literatura en la Javeriana, tampoco terminé esta carrera, pero me llevó a conocer Biblos (la clásica librería bogotana de los años 80 que cerró en marzo de 2012) y fue allí donde se gestó el proyecto de la Madriguera del Conejo”.

Diners conversó con Roa con motivo de su cumpleaños número cinco.

En estos 5 años ¿qué ha sido lo mejor y lo peor de tener una librería independiente?

Lo mejor, probablemente es el reconocimiento que la gente le da a la librería, es decir, es la única forma en que se puede medir si el trabajo. La relación que los lectores desarrollan con la librería es de mucho afecto. La marca de la Madriguera del Conejo la asocian de una con calidad de: oferta editorial, del servicio de los libreros pues la gente las conoce y tiene una relación muy buena relación con ellos.

Lo primero en lo que piensa la gente cuando le mencionan la librería son las actividades culturales, editoriales independientes y mucho cariño.

En cuanto a las dificultades recuerdo la polémica que hubo años atrás con el tema de que los libros de Gabo no estaban en las librerías colombianas. Hace tres o cuatro años los derechos de los libros de Gabriel García Márquez los tenían Carvajal y Norma, ellos no le distribuían a las librerías pequeñas y fue por eso que se armó cierto escándalo en los medios.

¿Cómo era posible que los libros de Gabo no estaban en las librerías? Ese escándalo propició que esas grandes editoriales nos atendieran.

Vea también: Amazon le apuesta a las librerías “de carne y hueso”.

¿Qué experiencias pudo recoger de Biblos y del Fondo de Cultura Económica?

Para mi estos lugares fueron una escuela en lo que se refiere a la atención al público, gestión cultural, al oficio de detective del libro que se necesita. También del ejercicio de buscar libros y gente para encontrar el libro que las personas necesitan.

Gracias a esa experiencia nosotros tenemos una oferta editorial que refleja nuestro gusto literario, editorial y cultural, cosas que hace 10 años no tenían las librerías. Nosotros nos encargamos de consolidar ese modelo de librería como gestora cultural y desde el principio esa fue nuestra apuesta más fuerte.

Lo que seguimos aprendiendo es a manejar la parte administrativa porque nosotros no somos administradores, eso nos ha tocado aprenderlo y pagar las consecuencias y sufrir porque en ese sentido nosotros no teníamos la experiencia.

¿Cuándo nace la pasión por ser librero?

No puedo decir que en la niñez porque en mi casa había muy pocos libros y los que había eran del ‘Círculo de Lectores’. Esos libros con los que se formó a la mayoría de los colombianos.

Entonces en mi casa estaba: Lo que el viento se llevó, Papillon, algunos libros de Stephen King y eso era una curaduría del Círculo de Lectores, libros que la verdad yo no cogía mucho. Luego en el Colegio Real de Santa Fé me hicieron leer libros de Hermann Hesse y fue cuando que se me abrió una ventana, pero la verdad no fue mucho lo que haya leído en el colegio.

Realmente cuando salí del colegio yo tenía una vocación de las ciencias humanas. Entonces salí a estudiar música, pero no pude seguir esa carrera por temas económicos, entonces me metí a estudiar teatro y estudié teatro algunos años, y luego algunos cursos de música y en ese contexto empezaron a llegarme libros y empecé a leer porque tuve acceso a bibliotecas de amigos nuevos.

Una persona súper importante fue Maria Clemencia Castellanos, nieta de Abelardo Forero Benavides (periodista, historiador, político y docente). Con ella y un grupo de amigos nos reunimos en su casa. Ese lugar estaba literalmente forrado de libros. Fue un tiempo de excitación literaria y por esa época leí mucho a Cortázar, Borges, Poe, esos autores que le abren a uno una puerta muy espectacular de la literatura.

Realmente yo me formé en el cuento y hoy en día es mi género favorito. Cuando se abrió esa puerta sentí la vocación de estudiar literatura en la Javeriana. Fue otra carrera que no pude terminar. En ese entonces empecé a buscar trabajos en librerías porque quería algo que tuviera que ver con lo que estaba estudiando y en esa época, Santiago Figueroa, gerente y dueño de Biblos, me conoció y me dio trabajo ahí mismo.

En ese momento yo me puse a leer muchísimo y ahí me engancharon a dirigir un club de lectura. Haciendo esas lecturas fue que yo tuve esa formación literaria. El club duró como 7 años e incluso varios miembros del club se convirtieron en socios de la librería y aportaron el capital para que la Madriguera del Conejo exista hoy.

Esos años de lectura fueron los más felices de mi vida.

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David Roa es el director de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes.

¿Qué se necesita para ser librero?

El librero tiene unas capacidades específicas. Lo que pasa es que no hay una escuela de libreros en Colombia, entonces básicamente lo que le ha tocado hacer a los libreros es formar gente para el oficio.

Las características de un librero son: pasión por los libros (es clave), pero también tiene que tener la capacidad de comunicar esa pasión, si no existe esa capacidad hay un problema, porque uno de los principales componentes del oficio del librero es ser el comunicador del libro, un motivador del libro. Si es un comunicador apasionado del libro, seguramente será un gran librero.

Por otra parte debe tener unas mínimas capacidades administrativas, debe poder sumar. En mi caso, yo también he tenido muchas deficiencias administrativas, pero digamos que he aprendido, entonces ya no las tengo tan marcadas como antes.

También es muy caro formar un librero, en el sentido que se requiere mucho esfuerzo y mucho tiempo y muchas veces la gente tiene el oficio de librero como una cosa pasajera mientras consigue algo que sí sea “serio”. Hay muy poca gente dispuesta a tener este oficio como expectativa de vida.

¿Ha tenido la tentación de entrar al mundo digital con una aplicación o la inclusión de E-Books?

No, yo no creo en eso. Soy muy radical. Entiendo que mi punto de vista es muy subjetivo, pero yo no creo en la literatura digital ni en las plataformas digitales. Además hay una prueba histórica de que eso no funcionó y es que hubo un momento en que hace 10 años hubo un terrorismo mediático que anunciaba que: ‘se acabó el libro de papel’ y había empresas dedicadas a hacer un mercadeo para que todo el mundo digitalizara. Hubo un montón de gente que hizo plata con ese terrorismo, pero a la hora del té, no pasó nada de eso.

Nunca el libro digital llegó a una proporción importante en el mercado, y de uno o dos años para acá eso está reculando o sea, vuelve al libro impreso, porque eso no se puede inventar mejor. Hasta las bibliotecas más antiguas del mundo tienen libros que se pueden abrir y cerrar, además su formato es el mismo.

Fisiológicamente la gente recibe mejor la lectura desde el papel. Hay mucha gente que se queja de que no recibe la misma información desde el celular, pero es porque difiere mucho la relación entre lector y el libro de papel.

Entonces ¿cuáles son las amenazas a las que se enfrentan las librerías?

Hay dos cosas que están diezmando a las librerías a todo el mundo y son: primero, la competencia desleal de las distribuidoras como pasa en Colombia. Aquí los distribuidores venden directamente los libros a precios que no pueden competir los libreros.

Segundo, el problema de la finca raíz, el valor está creciendo a unos números que no corresponden a las dinámicas del sector editorial. Si aquí ponen un Louis Vuitton, venden tres bolsos y se hacen lo suficiente para pagar el arriendo.

Nosotros tenemos que vender 5, 10, 15 libros diarios, y es un ‘camello’ vender esos libritos en un país que tiene tantos problemas de lectura como el de nosotros.

Tercero, la operación de una librería es increíblemente grande y compleja: una librería como ésta tiene 45 metros cuadrados en los que hay 15 mil títulos diferentes, eso es como tres veces las referencias de IBM. Aparte de eso tenemos 400 proveedores que toca darles reportes de ventas, pagarles… todo el papeleo que requieren los reportes.

La parte administrativa es ridículamente grande para una empresa tan pequeñita, entonces esa visión romántica de “¡Ay qué chévere tener una librería, si yo tuviera una librería me pongo a leer!”, eso es falso, no hay tiempo, es muy complicado.

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