Flotar como terapia antiestrés

Aislado del sonido externo, de la luz y del aire, el cuerpo flota sobre una solución densa de agua y sales minerales, dentro de un tanque, creando un entorno semejante al del vientre materno.

El desarrollo del primer contenedor de flotación del que se tenga evidencia para probar los efectos de la privación sensitiva en la actividad cerebral, se dio en 1954 por el médico y neuropsiquiatra John C. Lilly para el U.S. National Institute of Mental Health.

De acuerdo con un informe publicado por el Royal College of Nursing en el Reino Unido, los beneficios de la terapia de estimulación ambiental restringida incluyen:

– Mejora de los patrones de sueño

– Baja en la tensión arterial

– Mayor concentración

Otros testimonios apuntan hacia:

– La pérdida de peso

– Reducción en el consumo de alcohol y nicotina

– Acelera los procesos de aprendizaje

– Aumento en la motivación personal

Decidí explorar la flotación como terapia para la relajación. Llegué un lunes festivo, en medio de una fuerte tormenta a esta casa en Niza en donde me recibió Andrés Pérez uno de los socios fundadores. Apenas abrió la puerta, había un aroma que de inmediato me transportó a un spa: una combinación entre eucalipto y aceite de árbol de té. Subimos unas escaleras y en la segunda planta, había una salita, con un sofá grande, dos poltronas y en los rincones y estantes, pequeñas plantas.

Al fondo en una habitación, vi un tanque de color blanco de más de dos metros que me hizo pensar en una nevera plástica gigante, en las que se guarda el hielo.

La luz tenue del cuarto apenas dejaba ver el piso, hecho de una especie de material aislante color negro, levemente abullonado y de temperatura agradable para los pies. Contra la pared, una mesita de madera en donde estaban dispuestos algunos elementos claves para la inmersión: tapones desechables para los oídos, copitos, vaselina y una vela. Dentro de la misma habitación, un baño completo, con ducha, sanitario, lavamanos. Andrés me explicó que la puerta del tanque era liviana y no se cerraba desde afuera, tan solo con empujarla, abría. También habló de lo importante de ducharse bien antes de entrar al tanque, de no tener heridas abiertas, ni haberse rasurado el mismo día, ya que la la solución es altamente salina y puede causar irritación, o haber consumido bebidas estimulantes como el café, para no interferir con la experiencia de distensión. Tenía una leve raspadura en mi tobillo por lo que me recomendó antes de tomar la ducha, ponerme un poco de vaselina sobre ella e insertar los tapones en los oídos, para que tuvieran mejor adherencia. Él salió de la habitación y procedí a quitarme la ropa y ducharme.

Entré al tanque de frente, agachándome un poco y de inmediato percibí la temperatura del agua, un poco más fría de lo que me esperaba. La temperatura recomendada para esta terapia es de 93.5 grados Fahrenheit, exactamente la que se leía en el termostato que se encontraba arriba del tanque. Me do la vuelta, cerré la puerta, quedé completamente a oscuras, en silencio y empecé a flotar. Con mis manos y mis brazos me dediqué a revisar lo ancho, lo alto y las texturas interiores del tanque.

Una vez tuve claras las dimensiones, comencé a imaginarme estampado en el techo del tanque, una especie de bóveda celestial con estrellas que en cualquier momento, brillarían. Pero pensaba en el frío. Una vez sumergí todo mi cuerpo, y regulé mi respiración, la sensación se desvaneció y volví por segundos al vientre materno. Cerré los ojos y me entregué a los sonidos que yo misma producía: las inhalaciones, el golpeteo de los dedos en el agua. Apoyé mis manos sobre el estómago y asocié esa tranquilidad, a estar flotando en el mar, pero sustrayendo las corrientes, la vida marina, el sol. Este sí que era un espacio seguro.

El tanque está hecho a prueba de sonido y se llena unos 25cm, se satura con sales de Epsom y otros minerales lo que hace que cualquier persona sin distinción de tamaño, flote. Las sales de Epsom ayudan a prevenir inflamaciones, tensiones musculares y contribuyen a aliviar cólicos abdominales. Se dice que una hora de flotación, equivale a seis horas de descanso mental y físico.
Al flotar, se llega a un estado de meditación profundo. Sin mayor esfuerzo, las barreras corporales desaparecen gracias a la ingravidez y en esta sesión de 75 minutos, se logran visualizaciones propias de estados de concentración inducidos. En 1988 el atleta Carl Lewis hacía inmersiones apoyado en técnicas de visualización como parte de su preparación para ganar el oro en los olímpicos de Seúl.

Una vez finalizada la sesión, el agua del tanque es circulada durante 20 minutos por un sistema de filtración y purificación junto a algunos químicos que la mantienen limpia y desinfectada. Me duché una vez más, evitando que la solución hiciera contacto con mis ojos y aunque la boca me supo muy amarga por instantes, el gusto se fue rápidamente.

Puedo comparar fácilmente cómo me sentí después de esta experiencia. Fue similar tras haberme dado un masaje, haber estado meditando, haber estado en un sauna ó en aguas termales: muy aliviada, muy ligera y en una suerte de narcosis, debido a que los estados de relajación profunda, aumentan la producción de los analgésicos naturales del cuerpo. Mis casi 10 horas de sueño luego de flotar, certifican de manera contundente los efectos en mi organismo.

Contraindicaciones:

– No es recomendado para mujeres durante los días de su período menstrual.

– Tampoco para personas que carezcan de control de esfínteres.

– Tener una herida abierta es un impedimento para entrar al tanque.

– Para personas con enfermedades cutáneas severas tampoco es recomendable esta experiencia.

(Gravedad Cero www.gravedadcero.com.co atiende las 24 horas del día y se pueden agendar las citas en: flotarcolombia@gmail.com)

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