Cinco artistas colombianos menores de 40 para seguirles la pista

Diners invitó a cinco artistas que no puede perder de vista. Aquí le decimos por qué. Aproveche el mes del arte para conocer su trabajo y aproximarse a las propuestas de esta generación.

La escena del arte en Bogotá se transforma a pasos agigantados. Lo mismo está sucediendo en otras ciudades, como Cali y Medellín. Este dinamismo ha resultado en el surgimiento de una interesante variedad de propuestas que dan fe de la importancia de cultivar e invertir en la cultura. A esto se suma una audiencia más amplia y múltiples espacios que dan lugar a muestras, exposiciones y proyectos a los que cada vez más gente tiene acceso. En este escenario pluralista y emocionante, al que han contribuido con su trabajo y dedicación instituciones culturales, galerías, curadores y organizadores de eventos como ArtBo y Feria de Arte Contemporáneo Espacio Odeón, se ha forjado una generación de artistas que busca diferenciarse.

Son rebeldes, contestatarios, inquisitivos, pero a la vez sensibles, creativos, dedicados y con los pies bien puestos sobre la tierra. Al igual que las generaciones que los anteceden, su obra se ve permeada por lo que han vivido y la coyuntura del país. Sin embargo, temas como la violencia, la búsqueda de identidad y la denuncia aparecen de forma sutil, distante, casi académica. Plantean cuestionamientos íntimos, personales y profundos, de una manera reflexiva.

Invitan al espectador a buscar respuestas, pero no las proveen –una constante en el arte contemporáneo–. Y su obra, en la que se valen de infinidad de medios y técnicas –desde la pintura y escultura hasta la fotografía y el video–, resulta de una labor de búsqueda, de tratar de resolver sus propias inquietudes y socializarlas.

En esta selección, donde las diferencias de personalidad, así como de sus propuestas saltan a la vista, se evidencia que no tienen miedo a transgredir o asumir retos. Tanto desde el punto de vista conceptual como plástico, quieren salirse del molde. No obstante, esta es solo una pequeña muestra del enorme potencial que hay en la nueva escena artística nacional.

 

Juan David Henao, 29 años

Siembra es el título de la exposición que este artista antioqueño inauguró el pasado 28 de septiembre en el Museo de Arte Moderno de Medellín, a través del Programa C, que apoya a los artistas colombianos emergentes.


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Siembra, instalación de cerámica y arena, exhibida en el Museo de Arte Moderno de Medellín. Foto Alexis Henao

Concebida específicamente para este lugar, esta instalación fue creada con la colaboración de los artesanos del municipio de El Carmen de Viboral. Está compuesta por 15 plantas de maíz hechas en cerámica –dispuestas como un cultivo–, que condensan parte del proceso creativo de Henao, quien ha descubierto en la cerámica, más allá de un medio, un material cargado de simbolismo e historia, por el rol fundamental que se le dio en época de la Colonia. “Tiene muchos significados. Me interesan los objetos cerámicos rituales, porque hacen referencia al arte y a la identidad latinoamericana”.

Estas inquietudes lo llevaron a profundizar y a buscar respuestas en El Carmen de Viboral. Allí conoció a los artesanos que han mantenido viva la tradición de la cerámica durante años. “Me acerqué con un interés de trabajar los objetos cerámicos sin intervenirlos ni modificarlos. Luego comencé a hacer ensamblajes con ellos, porque descubrí una posibilidad narrativa, y terminé haciendo mis propias formas”, explica el artista de su proceso, que define como una hibridación cultural.

Durante sus visitas al municipio antioqueño, le llamaron la atención los cultivos de maíz, porque también son un símbolo de la identidad latinoamericana. “Traté de hacer una fusión entre el símbolo del maíz y el medio cerámico y de ahí surge Siembra”. Ximena Gamma, quien curó esta muestra, asegura que le interesó el trabajo de este artista porque encontró que tiene una cantidad de relaciones culturales, sociales, políticas, económicas en un solo material, “además, no lo hace en solitario, sino con la comunidad, y eso para mí es muy interesante”.

Por otra parte, Henao ganó la convocatoria Nuevos Talentos en el Arte 2016, que organiza la Cámara de Comercio de Medellín, con la serie Barrueco. Para el jurado es claro que “la obra rescata un patrimonio tan antiguo como la cerámica. No solo valida su uso como medio para el arte contemporáneo, sino que además le sirve como metáfora para reflexionar críticamente sobre los rasgos coloniales que aún perviven en nuestra cultura”.


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Durante octubre participará con la galería Lokkus, de Medellín, en el Espacio Odeón de Bogotá y mostrará piezas de diferentes series.

 

 

Sandra Rengifo, 37 años

Fe, esperanza y existencialismo son algunos de los conceptos que Rengifo busca materializar a través de su trabajo, donde prevalece el uso de medios como la fotografía y el cine, porque según ella, “no solo tienen la capacidad de capturar, sino de suspender un acontecimiento”. Esto se evidencia en su obra Pil På Himle (Flecha en el cielo) una videoinstalación con la que obtuvo el premio Prodigy Beca Flora el año pasado en ArtBo. Inspirada en un poema danés, contiene imágenes del cielo bogotano que grabó durante más de tres años, grabaciones in situ de Dinamarca y sonidos de bandas y de películas del país escandinavo.

Como parte de este reconocimiento tendrá una exposición individual en la Cámara de Comercio de Bogotá, sede Chapinero, durante ArtBo 2016. Los lirios del campo y las aves del cielo, el proyecto que exhibirá, está basado en un texto del filósofo danés Soren Kierkegaard. La idea, según la artista, es que quien vea esta obra se sienta menos afligido. “Llevo tiempo dándole vueltas al tema de encontrar consuelo, sobre todo en este momento de coyuntura”.


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Cuadro de la instalación multicanal que tiene como objetivo mostrar cómo sería el fenómeno del sol negro en Colombia y que será exhibida en la Cámara de Comercio de Bogotá. Foto: Ana Borrero

El punto de partida fue visitar diferentes zonas del país, como Arauca, Santana y Casanare, de donde proviene parte de su familia. “Fui a contemplar la gente que está en el campo, los jornaleros que trabajan y sobreviven. Quería entenderme como una poeta que encuentra el esplendor y la belleza en lo que la rodea, la fuerza del paisaje”.

Dice que la belleza de las imágenes que vio, la obligaron a volver a la pintura. Por eso, en el primer espacio de la muestra estará exhibida una serie de jornaleros, en óleo sobre madera. En el segundo escenario habrá una videoinstalación con un circuito cerrado de tv, acompañada de unos huevos que esculpió en arcilla polimérica. “Alude a esa reflexión de suspenderse, de no esperar nada. La gente cree que la fe es esperar y resulta que la fe es la renuncia. Es no esperar”, puntualiza Rengifo.

La tercera parte es una instalación multicanal con tres proyecciones, montada con equipos de cine, y su objetivo consiste en intentar mostrar cómo sería el fenómeno del sol negro en Colombia. “En Dinamarca existe este fenómeno, donde millones de pájaros estorninos vuelan para huirles a los halcones y tapan el sol (…) Es una imagen muy fuerte, que tiene una connotación premonitoria, apocalíptica y quería pensar cómo sería un sol negro en nuestro territorio”, explica.


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“Con una práctica de muchos años en producción de cine y televisión, esta artista produce videos y pinturas que crean climas dramáticos. Su obsesión por el pensamiento del filósofo Soren Kierkegaard la ha llevado a adentrarse en la mitología escandinava, el cine de Dreyer, el rock danés y otras características culturales de ese país nórdico, que mezcla de manera convincente con referentes culturales muy propios ligados al campo colombiano, sus oficios, su música, y su difícil historia reciente”, concluye el curador José Roca.

 

Juan Sebastián Peláez, 34 años

En la pasada edición de la Bienal de Berlín, una foto gigante del cuerpo de la cantante Rihanna, en bikini y sin cabeza, causó tal sensación que ella misma fue a verla. Se trataba de Ewaipanoma, la obra de este colombiano, que nació en Medellín, pero vivió durante varios años en Estados Unidos, quien elaboró esta pieza –que se volvió viral en las redes– especialmente para este evento. “Fue una estrategia tanto de los curadores como mía. El proyecto consiste en trabajar con celebridades o íconos que identificamos como caribeños o latinoamericanos. Quería un personaje de alto reconocimiento global. Conocíamos que ella estaría en Berlín y que iría a verla. Por la escala y lugar en que la ubicamos (edificio principal) sabíamos que iba a tener un gran impacto, pero fue mayor de lo que imaginé”, asegura Peláez.


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Ewaipanoma (Rihanna), imagen digital, 2016

Como explica el artista, la imagen de los cuerpos acéfalos existe hace cientos de años y eran utilizados por diferentes culturas –por lo general dominantes– para representar lo desconocido. “Al quitarle la cabeza, se da a entender que no tiene razón. Una manera de dominio por medio de la imagen. Eso es propaganda, el uso de una imagen con un fin ideológico”.

Peláez, quien exhibe individualmente desde 2007 y es, además, cofundador del espacio de arte Miami, en el barrio Teusaquillo de Bogotá, asegura que le llama la atención investigar la relación que existe entre la propaganda y la publicidad, y la forma en que la sociedad consume imágenes. “Me parece interesante ver cómo las personas las crean, interpretan, transforman y manejan. Tú cuidas tu imagen, habla de ti. Nos interesa ver cómo nos perciben, cuántos likes tenemos”.
Durante octubre, Peláez estará mostrando su obra en dos espacios independientes, Miami y Carne.


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Juliana Góngora, 28 años

La explicación de por qué esta joven, tímida y muy disciplinada, llegó a la escultura es sencilla: “Cuando estaba estudiando, era la materia que más me cansaba. Sentía que había hecho algo. Me produce un agotamiento que necesito, me permite darme cuenta de mi espacialidad, de los materiales con los que me relaciono, entrar en contacto con mi realidad”.

En Labor, el título de su primera exposición individual, en FLORA ars+natura, Góngora manifiesta su interés por el tiempo y el trabajo. “El proyecto gira en torno a la casa de mis abuelos en El Espinal, Tolima. Cuando voy a ese lugar veo mis intereses escultóricos concentrados en esa construcción y muchos de los materiales que había usado anteriormente de forma inconsciente están ahí”. Eso la lleva a reflexionar en cómo los materiales están relacionados con un quehacer. “Un tiempo medido por lo artesanal, la relación que existe entre mano y objeto”.


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Entre, bahareque y tapia pisada (mezcla de tierra, arcilla, heno y agua), instalación realizada para el Museo del Banco de la República de Bogotá dentro de la versión “Nuevos Nombres 2013”.

“Esta artista tiene un trabajo sutil, casi invisible, que sorprende al espectador cuando toma conciencia de la potencia y laboriosidad que condensa cada una de sus obras: tender un hilo de araña que atraviesa un recinto de un lado a otro sosteniendo granos de arena en toda su extensión; crear unos dispositivos de vidrio que posibilitan oír a las arañas tejer; bordar una sábana de granos de arroz; erigir un muro de tapia pisada con toneladas de sal… El trabajo reciente de Juliana tiene que ver con la memoria familiar articulada a través de materiales sencillos, pero con fuertes asociaciones simbólicas”, afirma el curador José Roca.


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Góngora participará con su trabajo en la Feria del Millón y en la Cámara de Comercio de Bogotá, sucursal de Kennedy, donde exhibirá Situación de un cuerpo que se mantiene sin caer. También podrá ver su obra en Áreas Inexactas en el MAMBO y en el Salón Nacional de Artistas en Pereira.

Sebastián Fierro, 28 años

Óleo, pinceles y telas son los materiales que dan forma a la obra de Fierro, quien encontró en la pintura el medio idóneo para plasmar sus inquietudes plásticas y artísticas. Un aspecto que llama la atención, puesto que en el arte contemporáneo no es común, de hecho la pintura se percibe como anacrónica. Pero con su trabajo cobra vigencia. “Mi proyecto es investigar la gramática de la pintura. Es como un experimento científico”, asegura.

“Encontré en la pintura una dialéctica para hacer filosofía y comencé a hacerlo con el paisaje”. Eso lo llevó a dos hallazgos importantes: “Uno, que podía ubicarme entre lo descriptivo y lo abstracto, y dos, la capacidad que tiene el paisaje para convocar preguntas metafísicas. Preguntarse qué tipo de experiencia puede tener frente a algo que no conoce”. Todos los paisajes que pintaba surgían de cosas que no conocía, como volcanes, animales remotos, casas incendiadas, y las vivencias las tenía a través de la pintura.


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De izquierda a derecha: Parábola con bodegón junto al sol, óleo sobre tela, 2016

“Después, mi preocupación fue cómo abordar las mismas cuestiones sin utilizar el paisaje. Quería estrechar esa relación entre la pintura y la metafísica. Comencé por incorporar espacio interior con espacio exterior, fueron dos años de exploración y ahora estoy concentrado en un lenguaje más sencillo, de alguna manera, usando la geometría con elementos figurativos”, explica Fierro, que ahora está haciendo bodegones en los que incluye todo lo que tenían sus paisajes.

“Mi interés consiste en recalcar que la pintura es una tecnología en función de algo. De traer cosas que no están e incorporarlas a un interior, tenerlas presentes”. Y asegura que se trata, además, de un mecanismo para tener una experiencia frente a ideas abstractas, frente a cosas desconocidas. “Creo que es el mejor momento para pintar. Alrededor de la pintura se ha construido mucho miedo. Tenía que romper esa barrera”, concluye el pintor, quien mostrará su obra en ArtBo, con la galería Instituto de Visión.


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Según la galerista María Wills, “Fierro es la confirmación de que la pintura está más vigente que nunca y recordamos que el acto creativo es un mundo alterno que suene de esa subjetividad tan enigmática que es cada artista. Cada pintura es un viaje a otras realidades que involucran otros planos físicos, arquitecturas imposibles, trópico y psicodelia”.

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