Espacios de memoria: Las naves del tiempo que nos recuerdan la historia que no podemos repetir

Los centros de memoria llevan a cabo una misión tan loable como dolorosa: no permitir el olvido de guerras, dictaduras y otros conflictos alrededor del mundo.

Chile. 2006. Dieciséis años después de que finalizara-gracias a un plebiscito- la dictadura militar de Augusto Pinochet, se conoció que no se hablaba sobre este periodo histórico en cerca del 50% de los colegios.

Partiendo de ese dato, en 2013 los investigadores Abraham Magdenzo y María Isabel Toledo realizaron un estudio sobre cómo enseñar “temas controversiales” en aulas de clase. Uno de los descubrimientos fue saber que “[Los profesores] temen no ser objetivos, temen el eventual conflicto con la autoridad local y las familias que piensan distinto a lo que enseñan y tienen experiencias de haber sido acusados de políticos al abordar el tema”,señalaron en tal publicación.

“Recién ahora en los textos escolares se habla de un dictador, incluso en la tele la gente no podía decir dictadura” dijo la periodista chilena Beatriz Sánchez en un conversatorio donde se conmemoraban 43 años del golpe militar. Así que el debate sobre cómo se debe contar la historia, o mejor, “los temas controversiales”, se sigue dando, y en varios países, los centros de memoria histórica son los abanderados para recordar cómo sucedieron los hechos.

Argentina: museo de la memoria de Rosario

Desde 1968 hasta 1983-cuando finalizó la última dictadura militar que gobernó a Argentina- en un edificio ubicado entre las calles Córdoba y Moreno, funcionó el Comando del II Cuerpo del Ejército. Desde allí se organizó el plan de persecución y exterminio de opositores en seis provincias argentinas. “Este edificio fue sitio obligado de peregrinación de familiares de detenidos-desaparecidos, quienes llegaban hasta sus puertas con la esperanza de obtener alguna respuesta acerca de la suerte corrida por sus seres queridos, arrebatados de su lado por las fuerzas represivas”, así reza la actual descripción del lugar, que desde 2010, funciona como museo de la memoria, creado para promover el conocimiento sobre los derechos humanos.

El museo reúne listados de desaparecidos, correspondencia acerca de procesos de detención, documenta el trabajo de Darwinia Mónaco de Gallicchio, una de las fundadoras del movimiento Madres y Abuelas de la Plaza 25 de mayo, que se encargan de buscar familiares desaparecidos durante la dictadura militar. También posee el archivo que recopiló durante toda su vida Rubén Naranjo, uno de los artistas rosarinos más reconocidos, en donde se encuentran recortes de periódicos, ponencias, manuscritos y obras que relatan acerca este periodo histórico.

El anterior listado, acerca del tipo de literatura y temas que abarca el museo, se puede leer como una selección de historias que hablan sobre el dolor, la injusticia y la incertidumbre. Una curaduría de lo trágico que da pie para preguntarse por qué se recuerdan episodios que remiten a la violencia.

“La memoria de los conflictos que dañaron nuestras sociedades sirve, por un lado, para que las víctimas puedan contar aquello que les sucedió y ser escuchadas por el conjunto de la sociedad. Y por otro, debería servir para que cualquier sociedad logre entender qué fue aquello que hizo posible que eso atroz alguna vez ocurriera, y en consecuencia, se empeñe en desarrollar todas las estrategias posibles para evitar su repetición”, explica Rubén Chababo, ex director del Museo de la memoria de Rosario y consejero internacional del Centro de Memoria Histórica de Bogotá.

Japón: Hiroshima Peace Memorial Museum

Sobre el suelo de la ciudad japonesa de Hiroshima quedó la marca de uno de los sucesos que el mundo no olvida. El 6 de agosto de 1945 la nave estadounidense Little Boy dejó caer la bomba atómica sobre esta ciudad japonesa. Más de 100 mil personas murieron. Cerca del lugar del impacto, diez años después, se construyó el Hiroshima Peace Memorial Museum.

Alrededor de un millón de personas lo visitan cada año, recorren pasillos en donde se proyectan testimonios de sobrevivientes, se exhiben fotografías, restos óseos y se recopilan objetos que hacen alusión a este momento, como un reloj que indica las 8:15, la hora en que la bomba explotó.

“La misión permanente del museo es transmitir la realidad del bombardeo atómico, en otras palabras, la indescriptible e inhumana destrucción causada por el bombardeo atómico en el mundo, mediante la visualización de artefactos físicos y recuerdos de las víctimas, que donan sus doliente, o familias”, cuenta Rie Nikanashi, de la división curatorial del Museo. “Nuestro trabajo podría llamarse ‘una construcción de la memoria’, pues recogemos materiales que representan recuerdos personales de las víctimas”, añade.

Rodeando el museo se encuentran otros monumentos que complementan la propuesta de la memoria histórica de Hiroshima, como la Estatua de los niños de la Bomba Atómica, o las Puertas de la paz-cinco puertas de cinco metros en donde está escrita la palabra “paz” en varios idiomas. Y cruzando el río Ota, se halla el Monumento de la paz, un edificio que no logró desplomarse luego del impacto de la bomba, pero que se conserva semidestruido.

México: Memorial del 68

Rostros del 68 #Memorial68

Un vídeo publicado por CCU Tlatelolco (@ccutlatelolco) el

En la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, Ciudad de México, se erige un espacio que conmemora los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968, cuando cientos de personas, la mayoría universitarios, fueron asesinados a manos del ejército y la policía local.

El suceso ocurrió luego de que las fuerzas policiales de México irrumpieran en la Escuela Nacional Preparatoria con un disparo de bazuca que derrumbó la puerta. El motivo: intervenir en la pelea entre dos pandillas contra un grupo de estudiantes. Esto originó un movimiento estudiantil que defendía los ideales de autonomía de las universidades, y durante meses, universitarios y otras personas que compartían el disgusto, marcharon por distintas ciudades de México hasta que llegó el 2 de octubre, cuando, por orden del gobierno, un helicóptero lanzó luces de bengala a los manifestantes, y los persiguió con tanques de guerra.

La página web de Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM-, que administra este memorial, brinda la posibilidad de hacer un recorrido virtual en el que se pueden ver relatos, prendas y fotografías de este episodio en la historia de México, que permanece intacto en la retina de sus ciudadanos.

Chile: Museo de la memoria y los derechos humanos

“Hay muchas sociedades que se empeñan en imponerse el olvido, pero la memoria del dolor, cuando no es tramitada, cuando no es dicha, termina por emerger y salir a la superficie”, explica Rubén Chababo, del Museo de la memoria de Rosario. De esta manera, y aunque sigan vigentes las discusiones sobre la “vista gorda” que le hicieron las instituciones educativas a la enseñanza de la dictadura en Chile, se presenta el Museo de la memoria y los derechos humanos, ubicado en Santiago, como una apuesta que cumple con la labor de difusión de los hechos de este periodo histórico.

Se inauguró en 2010 con el propósito de ser “un espacio destinado a dar visibilidad a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado de Chile entre 1973 y 1990; a dignificar a las víctimas y a sus familias; y a estimular la reflexión y el debate sobre la importancia del respeto y la tolerancia, para que estos hechos nunca más se repitan”, se explica en la página web del museo.

Recientemente, el Museo inauguró en Washington una exposición sobre Orlando Letelier, el ex canciller chileno asesinado en la capital estadounidense por orden de Augusto Pinochet. “En el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos se conserva y difunde la historia de Orlando Letelier y de miles de víctimas. En diálogo permanente con el presente, en contacto con niñas y niños de las escuelas, en proyectos conjuntos con jóvenes artistas que hacen una relectura de este pasado trágico. Chile no olvida, Chile va a mantener vivo el ejemplo de los grandes héroes de su libertad, como Orlando Letelier”, declaró la presidente de Chile, Michelle Bachelet, durante la ceremonia de inauguración de la exposición.

Ruanda: Kigali Genocide Memorial

En 1994, el 75% de la población de tutsis- uno de los tres pueblos nativos de África Central, junto a los twa y los hutu- fue exterminada. El gobierno de Ruanda-hutu-, llevó a cabo una campaña de persecución contra los tutsi en respuesta al asesinato del asesinato del político y militar Juvenál Habyarimana. Un discurso de odio y muerte, reproducido por la radio de Ruanda- RLTM-, movilizó a los hutu para atacar a los tutsi, y estos, de igual manera, se armaron para contrarrestar los ataques.

Esta guerra civil, que tenía matices étnicos y políticos, es considerada como uno de los grandes fracasos de la Organización de Naciones Unidas, por su lentitud y desidia a la hora de intervenir y evitar el aumento del conflicto en Ruanda, incluso, el diplomático neozelandés y ex presidente del Consejo de seguridad de la Onu, Colin Keating, en abril de 2014, reconoció que no actúo con celeridad. “Mi primera responsabilidad, hoy, es recordar a las víctimas, al casi un millón de personas que murieron, y a los supervivientes. Esta reunión me ofrece también la ocasión de pedir perdón en mi capacidad como ex presidente del Consejo”.

Actualmente, en el Kigali Genocide Memorial, se encuentran los restos de 250 mil víctimas del genocidio. Además, brinda la opción de conversar con sobrevivientes y líderes de paz de Ruanda.

Cada país cuenta con hechos históricos que no quisiera repetir, ese es el argumento que salta a la vista en varias ocasiones para defender los procesos de memoria, ya sean liderados por políticas de Estado o iniciativas ciudadanas. El propósito es no convertirse en sociedades que padezcan Alzheimer colectivo. “En Argentina se ha desarrollado un amplio espacio cívico dedicado a la memoria de los años de la última dictadura militar, que van desde la publicación de centenares de libros de investigación, de memorias y testimonios de los protagonistas de aquellos años, hasta múltiples inscripciones y marcas territoriales ubicadas en casi todas las ciudades del país, que señalan y le recuerdan a los habitantes de esas ciudades que ‘allí’ algo sucedió”, concluye Rubén Chababo.

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