¿Quién fue Maquiavelo y por qué lo asocian con la maldad?

Lo pintan como malo y usan su nombre como sinónimo de perfidia y de ambición. Pero él se ocupaba en aplacar las furias y crueldades que sus contemporáneos consideraban normales.

Publicado originalmente en Revista Diners de septiembre de 1980. Edición número 126

¿Fue maquiavélico Maquiavelo? La pregunta me llega en el momento en que pienso que sería bueno emprender un trabajo sobre Maquiavelo y el maquiavelismo, con apoyo en los materiales dejados por Carlos Lozano, quien fue, tal vez, el que mejor dominó esos temas en América Latina, pero no alcanzó a desarrollarlos como lo deseaba.

Dotado Carlos Lozano de casi todos los atributos útiles para ganarse el favor de las multitudes y de los príncipes, para ganar y ejercer el poder, le faltó, precisamente, uno: maquiavelismo.

Fue, sin embargo, el más lúcido maquiavelista teórico de estos lares. Su conferencia de 1951 titulada: “Tentativa de revaluación de Maquiavelo”, es formidable, y más aliándola con su concepción de que Bolívar no hubiera sido Bolívar sin haber sido, él sí, un maquiavelista absoluto, practicante, impregnado totalmente de la doctrina del florentino, y diríamos que fanático si cupiera el fanatismo en la frialdad del maquiavelismo.

“Todo español-dice Bolívar- que nos conspire contra la tiranía a favor de la justa causa por los medios más activos y eficaces, será tenido como enemigo y castigado como traidor a la patria, y por consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas… Españoles y canarios: contad con la muerte aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos: contad con la vida, aun cuando seáis culpables”.

Bolívar fue maquiavélico y Maquiavelo no lo fue. Sería fácil, y hasta gracioso, intentar una semblanza de Maquiavelo trasplantado hoy a Bogotá: un empleado inteligente y acucioso con cierta inclinación a la “lagartería”, venido de familia distinguida pero de escasos recursos monetarios, a quien presidentes, candidatos, jefes políticos, gerentes, hombres de club, ministros, saludan con amabilidad pero sin efusión; y aunque le han dado una que otra “posición”; ninguno de ellos se ha acomedido a valorar y recompensar sus servicios.

Y además es politólogo, lo cual, para quienes aún desconfían de esas disciplinas, acrecienta su categoría de “lagarto”. Pero no voy a caer en la tentación de diseñar el Maquiavelo local, divertida tarea que podemos dejar para otro dia. La grandeza de Maquiavelo es tal que se pierde ante ella el gusto por la parodia o la caricatura: no vienen a cuento. Era, por un lado, el funcionario que quería ascender haciéndoles un regalo a sus superiores, y así le hace llegar a Lorenzo de Médicis, Duque de Urbino, un manual para que cometa el mínimo posible de asesinatos durante su reinado; y por otro, era un consejero muy poco escuchado: se tomaba más nota de sus condiciones de empleómano y de “lagarto”.

Por si fuera poco Maquiavelo inaugura el tratamiento intelectual de la política como una ciencia, y propaga la idea de que Italia debe constituirse como una nación, para lo cual convendría que los ejércitos dejasen de ser mercenarios y se volvieran profesionales. Ni la noción actual de patria ni la de unidad de gobierno pueden disociarse de este tenaz escribidor.

Lo pintan como malo los que poco lo conocen y, usan su nombre como sinónimo de perfidia y de ambición. Pero en lo que él se ocupaba era, muy por el contrario, en aplacar furias y crueldades que sus contemporáneos consideraban normales. En cuanto a derramamientos de sangre, proponía que las cataratas se redujeran a tenues chorros. Lo más definitorio de la teoría maquiavélica es esto:
”…el usurpador de un Estado debe procurar hacer todas las crueldades de una vez para no tener necesidad de repetirlas y poder, sin ellas, asegurarse de los hombres y ganarlos con beneficios. Quien hace otra cosa por timidez y mal consejo, necesita estar constantemente con el cuchillo en la mano. y ninguna confianza podrá tener en sus súbditos…”.

En otro lugar anota, colmado de seráfica bondad, que no quiso decir nada desagradable, sino que lo que pasa es que “asi como los pintores de países desde la llanura pintan las montañas y desde los montes los valles…. de igual modo para comprender la indole del pueblo es necesario ser príncipe. Y para conocer la de los príncipes conviene ser del pueblo..”.

En su momento no era “maquiavélico” sino piadoso interesarse en que la sangre y la violencia se redujeran de las proporciones de una orgia desbocada a las de lo estrictamente necesario para realizar, dizque en beneficio del pueblo, los fines del Estado. Maquiavelistas reconocidos: Cayo Graco, Escipión el Africano, Aníbal Barca, Julio César, Cromwell, Richelieu, Federico el Grande, Napoleón Bonaparte, Cavour, Bismarck, Lenin, Franco, De Gaulle, Castro.

Pero sobre todo Bolivar. Los trabajos de Carlos Lozano enseñan mucho sobre los móviles y procedimientos de fundación de nuestra república. De “Los maquiavelistas”, de James Bumham se deduce que merecen esa calificación tanto los gobernantes que realizan sus propósitos por el sistema de decir una cosa y hacer otra distinta, como todo el que profese alguna noción seria sobre lo que es el poder. En Inglaterra se llama al demonio “Old Nick”, por causa del “zanahorio” Nicolás florentino. El investigador Tomasini catalogó quince géneros de maquiavelismo: la elegancia maquiavélica de lord Chesterfield, el maquiavelismo policiaco de Ballosardi, el maquiavelismo marital de Balzac, el maquiavelismo literario condenado por Lilienthal, el maquiavelismo erótico…

El buen Maquiavelo no imaginaba que el escándalo iba a ser tan grande, y se limitaba a aconsejar, bonachón, patriotero y deseoso, de mejorar burocráticamente, cosas como estas:

“También debe tener en cuenta el príncipe que necesita vivir siempre con el mismo pueblo, pero no con la misma nobleza. pudiendo casi diariamente hacer o deshacer nobles y quitarles o darle elevada posición, según le plazca”…

“Las aspiraciones de los nobles solo se satisfacen causando daño a alguien, y las del pueblo no exigen ofensa a nadie; siendo los propósitos del pueblo más honrados que los de la nobleza, porque esta aspira a establecer la tiranía y aquel a evitarla”…

“Preciso es… examinar si los innovadores lo son por propla iniciativa o tienen quien les apoye… porque en el primer caso fracasarán siempre… pero si son independientes y pueden apelar a la fuerza, cada vez peligrarán. De esto nace que todos los profetas armados hayan triunfado, y fracasado todos los inermes”…

“Quien adquiere y desea conservar Estados, necesita dos condiciones: una, que la dinastía del antiguo príncipe se extinga, otra, no alterar las leyes ni los impuestos…”. ”Quien ayuda a otro a engrandecerse trabaja en daño propio, porque el auxilio se lo presta, o con su fuerza o con su habilidad, y ambos medios infunden sospechas a quien llega a ser poderoso”.

Y murió Maquiavelo en 1527, sin haber sido nunca maquiavélico ni maquiavelista.

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