Umberto Eco: “Ciertas cosas que creemos un progreso no son un progreso”

Umberto Eco para nuestro especial de 30 años (en 1993) sobre el fin del milenio y la paradoja de lo que consideramos como progreso.

Publicado originalmente en Revista Diners No. 284, de noviembre de 1993.

Personalmente creo que este fue un buen milenio. Fue el milenio de Dante Aligheri, de Tomás de Aquino, de las cometas, de la América, de Proust, de San Francisco de Asís. Un buen milenio.

Hay una tendencia a padecer un síndrome de pesimismo cuando finaliza un milenio, de terror por el fin del mundo. Pero lo que a mí en sí me preocupa no es tanto el fin del milenio, el fin del siglo. No podemos creer más en la idea ingenua del progreso, en la idea hegeliana del progreso, lo que no significa que la historia sea circular. Una de las ideas con la cual debemos empezar el nuevo milenio es que tenemos el deber de ir adelante, pero que la historia no va necesariamente adelante. Que debemos estar dispuestos a descubrir que ciertas cosas que creemos un progreso no son un progreso.

Al comienzo de este siglo se creyó que el dirigible era un progreso, y después se descubrió que no, que teníamos que inventar el aeroplano, que el dirigible no era un progreso. Puede ser que se encuentre algo para descubrir que es un progreso abolir el aeroplano e inventar nuevamente el dirigible.

Fue un progreso hace cuarenta o treinta años la difusión de la motorización. Un progreso para muchas gentes que tuvieron la posibilidad de recorrer el mundo. Pero hoy puede ser un progreso eliminar todos los automóviles. Debemos tener el coraje de establecer que hay un cierto momento en que algo que parece progreso, ya no es más un progreso.

Si somos capaces de aprovechar el siglo siguiente con esta mentalidad, que no es nada más que la mentalidad del positivismo del siglo XIX —de la invención de la. máquina, de la locomotora— habrá necesariamente un progreso. Es la verdad. El progreso puede ser también decir: “Debemos inventar algo diferente”. Yo creó que esta es una noción razonable, no tradicionalista, de progreso.

Puede ser que el petróleo no sea nada más un progreso. Puede que sea una manera de destruir el planeta.

Hay dos ecologías, una razonable y una radical. La radical está dispuesta a matar a todos los hombres para mantener la pureza de la biosfera. Esa es una ecología dogmática, fundamentalista. El hombre es un animal que transforma la Tierra. No hay una verdad ecológica, como no hay una verdad tecnológica. Puede ser importante reconocer un momento en el cual para producir la penicilina tengo el derecho de modificar la Tierra. Una ecología radical significa eliminar la humanidad para retornar a una tierra pura y original.

Parece que la idea dominante hoy es la primacía de la educación, de la educación de los niños, preparar una generación que piense de una manera diferente sobre el racismo, sobre la ecología, sobre las diferencias sociales.

Mi idea, lo he repetido, es que una institución cultural no puede hacer nada para los adultos. Los adultos tienen en la cabeza ideas que están establecidas, una organización cultural. La esperanza para el futuro es trabajar sobre una diferente formación de los niños de todo el mundo, también en los países donde no hay alfabetismo, cultura, etc.

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