Ya llegando al final del Festival la atención se concentra en otra de las figuras esperadas de esta edición. Se trata de Maxim Vengerov, uno de los grandes intérpretes de nuestro tiempo.

El violinista ruso interpretó el Concierto para violín de Beethoven con la Orquesta de Cámara Orpheus y luego tomó la batuta en la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak al frente de la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Red de Escuelas de Música de Medellín.

La calidad excelsa de su interpretación, perfecta en lo técnico, con un sonido único lleno de expresión, se debe no solo a un trabajo constante sino también a una particular visión de mundo. Vengerov nació en 1974 en Rusia y a los diez años ganó un concurso que sería solo el comienzo de una larga serie de reconocimientos. Ha tenido una carrera de incontables éxitos. Sin embargo hace algunos años suspendió su actividad por un tiempo debido a una lesión. Ese tiempo le sirvió para aprender dirección de orquesta y para replantearse su vida. De regreso a los escenarios interpreta el violín, dirige y además dedica parte importante de su tiempo a otra de sus grandes pasiones que es enseñar. Este hombre amable que confiesa que el gran Rostropovich fue su guía espiritual, no ha parado desde que llegó a Cartagena hace tan solo un par de días. Su agenda está llena de actividades entre ensayos con cada una de las orquestas, clases magistrales, conversaciones, conciertos parece que le dan cada vez más energía. Después de una tarde de clases magistrales nos concedió algunos minutos para hablar con él.

Carolina Conti: Maestro Vengerov, bienvenido nuevamente a Colombia, es un placer tenerlo aquí.

Maxim Vengerov: Es maravilloso estar en Cartagena en el Festival. He oído tantas cosas de este maravilloso lugar, y cuando llegué me sorprendí con la variedad del programa del Festival, música occidental y oriental. Aquí la atmósfera es fantástica, todo está bien organizado, la gente es cálida como el clima y estoy muy emocionado de trabajar con la Orquesta Juvenil de Medellín. Adoro trabajar con jóvenes, es mi pasión, trabajar con niños, compartir música. Estaré tocando y dirigiendo, es decir, expresando en diferentes maneras. Acabo de dictar una clase magistral, ayer estuve ensayando con la Orquesta de Cámara Orpheus, así que es un cocktail completo.

CC: Usted acaba de terminar su clase magistral ¿cuál es su impresión de los jóvenes músicos colombianos que participaron?

MV: Creo que hay mucho entusiasmo en suramérica, no solo en Colombia sino en otros países. Hay muchos jóvenes en el público, lo que es muy bueno, porque en Europa, en Norte América y en los países asiáticos, el público se está haciendo cada vez más viejo.


Vea aquí a Vengerov tocando el concierto de Beethoven para violín en 2012.

CC: En su clase magistral usted hizo alusión a la pintura, la naturaleza y otras cosas, lo que me hizo pensar sobre lo que un músico debe aprender más allá de su propio instrumento.

MV: Por supuesto es importante convertirse en especialista de algo en la propia profesión. Se puede comparar con los médicos. Si usted va a un doctor especialista en codo, usted no confía en él sino en el que sabe de todo el cuerpo. Lo mismo pasa en la música. Es como su usted se especializa en violín, solo en la parte escrita para el instrumento en las grandes obras para él, Brahms, Beethoven, fueron escritas de forma integral para orquesta con la parte integral del violín. Por eso en nuestros días necesitamos ser músicos completos, ser solo buenos violinistas ya no es suficiente.

CC: Además del repertorio clásico usted ha explorado el jazz, el rock y hasta el tango, ¿qué piensa de los límites entre los géneros musicales?

MV: En la vida he sido muy curioso acerca de todo tipo de música, porque la amo y quiero saber todo lo que pueda de diferentes géneros. En este momento estoy en el proceso de estudiar la primera ópera que voy a dirigir en dos años, Eugen Oneguin de Tchaikovsky. Y cada vez que empiezo a estudiar algo y vuelvo a mi violín, mi violín ha cambiado, ha mejorado, he encontrado otros colores en mi interpretación. Para mí es importante conocer no solo lo que tocas sino todo lo que está alrededor.

CC: Ya ha dicho usted que le encanta enseñar. Tocar y enseñar son dos cosas muy diferentes. ¿Qué hace a un buen maestro?

MV: Creo que enseñar es la profesión de más responsabilidad que tengo porque si yo toco un mal concierto es mi culpa y se queda conmigo, pero si doy las indicaciones equivocadas al estudiante se quedarán en él y eso puede cambiar toda su vida. Es una gran responsabilidad. Lo que se dice, cuándo se dice y cuál es la actitud, todo juega un papel importante. Sabemos que mucha gente ha renunciado a tocar un instrumento musical por culpa de los profesores y esa razón no es suficiente.

CC: Y cuando usted enseña ¿aprende de su estudiantes?

MV: Uno aprende toda la vida y yo cuando enseño, especialmente aprendo, porque debo expresar en palabras lo que es la música y eso no siempre es fácil, y tengo que ponerlo en los términos que el estudiante entienda y al hacerlo también me lo explico a mí mismo.

CC: Siguiendo con el tema, ¿por qué considera que la educación musical es importante para quienes no van a ser músicos profesionales?

MV: Cuando hablamos de los niños es importante reconocer el derecho no solo a tener una infancia, sino también el derecho a expresarla de muchas maneras y una de ellas es el deporte, la actividad física, pero también está el desarrollo espiritual y emocional y cuando hablamos de eso hablamos de música. La música es la más grande herramienta para desarrollar el alma, de llegar a ser más sensibles. Cuando escuchamos música somos más sensibles a la vida. La música es nuestra gran maestra.

CC: Hablemos ahora del repertorio que va a tocar en Cartagena. El Concierto para violín de Beethoven, una obra maestra que uno nunca se cansará de escuchar.

MV: Ese concierto es un hito para cualquier músico. Por supuesto hace parte del repertorio estándar de cualquier violinista pero va más allá de todos los conciertos para violín porque tiene algo más, es posiblemente el más lleno de sentimiento, el más espiritual, el más puro que jamás se haya escrito para violín, como la Chacona de Bach. Y desde ese punto de vista se convierte en la obra más difícil. No tiene muchas notas, pero hay que ser lo suficientemente maduro para entender la textura y el espacio de la música. En ese sentido el intérprete tiene que ser como un profeta. Es como la biblia para los violinistas.

CC: Háblenos ahora sobre la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, es una gran obra y tiene mucho que ver con el tema del Festival. Usted va a dirigir esta obra con la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Red de Escuelas de Música de Medellín.

MV: Es muy bonito trabajar con ellos y la sinfonía de Dvorak les queda muy bien porque, a pesar de que Dvorak ya era un hombre maduro, tenía unos 50 años y ya lo había logrado todo antes de esta sinfonía, recibió la invitación a ser el director del Conservatorio y eso lo halagó muchísimo pero era también un gran reto ir a un país nuevo, a un nuevo mundo y el estaba muy inspirado al escribir la obra. Uno esperaría que fuera música americana pero no es así. Dvorak era muy leal a sí mismo en todas sus obras. Uno puede escuchar el lugar donde nació y sus armonías que, a propósito, son las mismas armonías de los nativos americanos, así que en ese sentido creo que encajan perfectamente.

En este punto el maestro se excusa pues debe seguir con su agenda de ensayos, esta vez con los jóvenes de la orquesta de Medellín para preparar el concierto de cierre de la X edición del Festival Hacia tierra firme, que seguramente dejará el poder de la música actuando por largo tiempo en los jóvenes y en el público.

Escuche aquí la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak

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