Yoko Ono, la viuda de John Lennon, pasó de soportar la crítica por la ruptura de The Beatles a ser señalada por su actitud juvenil y despreocupada después de cumplir 80.

El peso de cargar con la mala fama de haber sido la causa de la separación de los Beatles nunca fue suficiente para aplacar la fuerza creativa de Yoko Ono. A sus 82 años, la viuda de John Lennon camina llena de energía, enfocada en gestionar acciones simbólicas de paz alrededor del mundo.

No obstante, al salir avante de la presión social que ejercieron sobre ella los fanáticos del legendario grupo y de los juzgamientos de familiares de su esposo, ahora Yoko enfrenta nuevos detractores, los que le exigen que se comporte como una octogenaria achacada y reservada, algo que ella no está dispuesta a hacer. Todos los días agradece a sus pies el permitirle caminar y por su cuenta de Twitter, con casi 5 millones de seguidores, muestra cuán activa está apoyando causas sociales. Hace un par de años, con su hijo Sean, lideró el movimiento de artistas en contra del fracking en Nueva York, la polémica técnica de extracción de combustibles, que finalmente fue vetada en esa ciudad gracias a la unión de la sociedad civil.

A finales de 2013, como parte de su proyecto ‘The Yoko Ono Plastic Ono Band’, una banda más cerca de ser un performance que un grupo musical, la artista lanzó un video llamado ‘Bad dancer’ (Mal bailarín), en el cual salía mostrando con orgullo sus deficientes dotes de bailarina, en una especie de manifiesto de solidaridad por todos los que se sienten mal por no tener destrezas para la danza.

Vestida de negro y plateado, la japonesa intenta en el clip hacer varios pasos de baile. Sale sola, con una silla, con pareja y con un grupo, sin conseguir llevar el ritmo de forma fluida, pero divirtiéndose y reafirmando su condición de ‘mala bailarina sin arrepentimientos’.

A pesar de la clara intención de la pieza audiovisual y del nombre de la canción, las críticas hechas a la artista fueron sobre el short que llevaba puesto a sus 80 años, nunca sobre lo mal que bailaba.

No era la primera vez que algunos detractores desviaban la atención de la esencia original de sus obras. De hecho, esa era una constante desde el principio de su carrera, cuando los desnudos aparecían constantemente en su trabajo artístico y eran calificados de pornográficos.

Ono, lejos de ignorar los comentarios, se encargó siempre de recordarles a los acusadores que eran ellos quienes le daban una connotación sexual a su obra cuando no la había; quienes no tenían la capacidad de ver el cuerpo desnudo sin etiquetarlo como obsceno.

Ahora, las etiquetas que le ponen a la artista son relacionadas con su larga vida. El pasado mes de febrero, Ono escribió una carta abierta a sus críticos. “No me paren… no quiero estar vieja y enferma como otros a mi edad”, dijo en un texto en el cual pidió no exigirle comportarse como otras personas a sus 80.

Y al ver su forma de vivir, no pareciera estar vieja, aunque tampoco tiene los comportamientos de quienes no aceptan su edad. No oculta sus arrugas, ni protagoniza los tabloides. Su forma de actuar, de vestir y de expresarse la hacen difícil de clasificar en un estereotipo y la llevan a romper los conceptos que se tienen sobre los octogenarios.

El sentido escrito de Yoko Ono de principios de año no significaba un alto en el camino, sino una reafirmación de su particular forma de vivir a sus 82. De hecho, 2015 ha sido un periodo de realización para ella, pues su obra fue la protagonista de una retrospectiva del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa), a lo largo de cuatro meses. La ciudad donde había vivido por más de 50 años le hizo el mejor de los reconocimientos en el ámbito artístico.

En la exhibición, que ella y su familia celebraron como el mejor de los premios, los desnudos predominaron sin censura alguna en la proyección de los videos que hizo a lo largo de la década de los 60.

En el último piso del MoMa también fue protagonista la paz, obsesión de Yoko Ono, en proyectos como la reconocida ‘Bedpeace’, en la cual ella y Lennon permanecen en una cama blanca y reciben allí a los periodistas; el ajedrez que solo tiene piezas blancas o el famoso afiche que reza ‘War is over, if you want it’ (La guerra se acabó, si tú quieres).

Y a través de otra acción simbólica, la artista conceptual ya se puso un nuevo reto. El próximo 9 de octubre, en el que sería el cumpleaños 75 de John Lennon, espera convocar en el Central Park a 10 mil personas para batir un Récord Guinness, el de hacer el símbolo de paz humano más grande hasta ahora, un proyecto en el que solo hace falta inscribirse (en la página web del evento) y ni la edad de Yoko ni la de nadie serán motivo de censura.

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