Visita a Jiuzhaigou, el parque nacional más importante de China

Jiuzhaigou es el parque nacional más reconocido de China. Sus lagos y cascadas de colores, entre los picos nevados de las montañas Min, son de una belleza inigualable.

La leyenda del valle de Jiuzhai cuenta que un joven mortal llamado Dage se enamoró de la hermosa diosa Woluo Semo. Como muestra de su profunda devoción, el amante buscó darle un regalo único, que estuviese a la altura de su belleza, y le obsequió un espejo hecho de viento. Sin embargo, un espíritu maligno se interpuso en esta relación e hizo que la diosa rompiera el obsequio. Los pedazos cayeron a la tierra y de allí surgieron 114 lagos, 12 cascadas, una decena de arroyos y numerosas fuentes de agua que bañan a una región seductora y serena en China.

El nombre del lugar es el Parque Nacional Jiuzhaigou y está situado en la provincia de Sichuan, al suroccidente del país asiático. Tan pronto se comienza a recorrer se advierte cierta magia en el ambiente y no es solo por la fantástica historia mitológica que rodea la existencia de este lugar, sino también por los constantes bancos de niebla que hacen aparecer y desaparecer, como por encanto, los numerosos y escarpados picos, muchos de los cuales permanecen coronados con nieve durante todo el año. Quizás por esta particular condición geográfica a esta zona se le conoce también como el “mundo de las hadas en la Tierra”.

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Este es el lago Panda, que tiene una profundidad de 14 metros. 

El nombre Jiuzhaigou significa, literalmente, “valle de las nueve villas”, que procede de los nueve pueblos tibetanos y Qiang que históricamente poblaron esta remota región, la cual era prácticamente desconocida hasta mediados de la década de 1970. En ese entonces, el gobierno chino hizo el registro de las comunidades que allí vivían y en 1982 declaró la zona como parque nacional, con la intención de preservar la majestuosidad del paisaje y los recursos naturales que existen. En 1984 se habilitó el lugar para el turismo, y posteriormente, en 1992, la Unesco declaró esta zona de 72.000 hectáreas como patrimonio de la humanidad. Seis años después se incluyó en el mapa de la Red Mundial de Reservas de la Biósfera.

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El oso panda es un habitante natural del parque.

Gracias a que permaneció oculto durante tanto tiempo, este valle es en realidad una de las reservas más prístinas que existen en la actualidad y es refugio para más de 220 especies de aves, así como para un importante número de especies en peligro de extinción, como el oso panda gigante, el mono dorado y el takin de Sichuan, un mamífero artiodáctilo que es el símbolo nacional del Reino de Bután.

Este paraíso natural está asentado sobre estrechas formaciones cónicas de karst, un terreno calcáreo modelado por la acción del agua con alta concentración de carbonato de calcio. Esta particularidad es la que favorece la extraordinaria claridad de las reservas acuíferas del lugar, incluso en áreas de gran profundidad. La vistosa paleta de colores azul turquesa y verde que caracteriza los diferentes lagos, arroyos y fuentes del parque se debe a los diversos minerales característicos de la región y varía de acuerdo con la estación del año en la que se visite.

No resulta fácil ni práctico arribar a Jiuzhaigou por carretera, pues el viaje desde la ciudad de Chengdu tarda en promedio 10 horas y se debe recorrer una vía escarpada bastante propensa al deslizamiento de rocas y tierra, según la temporada. La mejor forma de acceder es por avión desde Beijing, Shanghái, Hangzhou, Chengdu o Chongqing.

Hay una dosis de aventura extra cuando el avión va a aterrizar en el aeropuerto Jiuzhai Huanglong, el más cercano al parque, pues está enclavado en medio de la imponente cadena montañosa del Himalaya. Muchos lugareños le suelen advertir que esta etapa del vuelo puede ser algo agitada, debido a los fuertes vientos y las difíciles condiciones topográficas que debe sortear el avión. Una vez superada esta experiencia, se debe tomar un autobús para ir al parque, en un trayecto que toma cerca de 90 minutos.

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Los yak están entre los animales más tradicionales de la zona.

Jiuzhaigou está integrado por tres valles dispuestos en forma de “Y” (Rize, Zechawa y Shuzheng), los cuales pueden recorrerse en una ruta vial muy estrecha de 55 kilómetros, con áreas de parqueo y miradores para contemplar las mejores vistas de cada escenario. Así mismo, en cada punto de interés existe una red de plataformas y caminos de madera que permite internarse en el bosque para apreciar más de cerca cada estación.

Es frecuente que los visitantes tomen el autobús para dirigirse al final de las rutas Rize o Shuzheng y luego se devuelvan caminando para recorrer las paradas respectivas.

Sería muy limitado describir con palabras las sensaciones que despiertan los diversos rincones de Jiuzhaigou, pues si bien el punto común en la mayoría de los lagos son los vistosos colores que proyecta el espejo de agua y los lechos tapizados de broza y troncos espectrales, debido a que parecen irse calcificando a lo largo del tiempo, cada lago o cascada tiene su propio encanto y misterio.

El lago de los cinco colores, también llamado lago pavo real, por ejemplo, tiene apenas 6,6 metros de profundidad, ocupa un área de 5.645 metros cuadrados y está enclavado a una altura de 2.995 msnm. A diferentes profundidades su agua cubre un espectro que va del azul pálido al aguamarina y es quizá la vista más espectacular que ofrece Jiuzhaigou.

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Los monjes tibetanos tienen una fuerte influencia en la región.

La cascada Perla es otra atracción natural y una de las más fotografiadas en el valle de Jiuzhai, tiene forma de medialuna, está situada a 2.433 msnm y abarca 160 metros de ancho. Una de sus particularidades consiste en que no erosiona el terreno, por el contrario, contribuye a que se extienda.

Así mismo está la cascada Shu Zheng, que tiene un ancho entre 60 y 70 metros y una altura máxima de 25 metros, y se alimenta con miles de pequeños cursos de agua que caen y serpentean por niveles entre tallos y troncos de especies nativas. El fuerte rugido que generan sus aguas fueron la inspiración para bautizar un lago cercano de 300 metros de longitud: el lago Tigre. También se dice que cuando caen las hojas sobre sus aguas en otoño parecen emular el patrón de la piel de este felino.

Otro de los lagos que hay que visitar es el Panda. Su superficie transparente suele reflejar los picos nevados que lo circundan. Y se dice que sus aguas son el escenario ideal para que los pandas gigantes de la región vayan a beber, comer o jugar; sin embargo, desde hace muchos años no se ha reportado la presencia de ningún ejemplar en esta zona. Esta reserva hídrica tiene una profundidad promedio de 14 metros y un área cercana a los 90.000 metros cuadrados.

La villa Shu Zheng es la más activa que hay entre las pequeñas poblaciones del valle de Jiuzhai. La mayoría de sus habitantes viven del comercio de insumos y productos típicos del Tíbet que venden a los turistas, tales como té de mantequilla de leche de yak y bocados típicos. En varios lugares del parque hay personas que alquilan indumentaria típica de la zona para que los visitantes puedan hacerse fotos artísticas.

Lo cierto es que cada rincón de este parque evidencia el carácter sublime que tiene para los habitantes este santuario natural, cuya belleza y variedad han permitido acuñar una frase muy significativa: “Luego de conocer Jiuzhaigou no vale la pena visitar otros paisajes acuáticos”.

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La cascada Perla es una de las más fotografiadas.

Gastronomía

Por su cercanía con la región del Tíbet hay mucha influencia de la comida tibetana y de la etnia qiang, caracterizadas por el alto contenido de calorías y proteínas. Son comunes los platillos de carnero asado, los tallarines de harina de cebada y el té tibetano, preparado con mantequilla de leche de yak. Este bóvido, que habita en las altas montañas del Tíbet, es una de las principales fuentes de carne en la región.  Curiosamente, el pescado no es uno de los alimentos preferidos en esa zona.

 

Dónde hospedarse

La cadena hotelera Intercontinental tiene el hotel más grande de Jiuzhai, el cual dispone de 1.020 habitaciones y 74 suites. Su nombre es Resort Jiuzhai Paradise, está a 24 kilómetros del parque y se trata de un verdadero refugio enclavado en las montañas. También reposan en este lugar tres piedras enormes del periodo glaciar, que son parte de un importante descubrimiento geológico hecho en la región en 2003.

 

Para tener en cuenta

  • Los aeropuertos de las ciudades medianas y pequeñas de China son muy parecidos a nuestras terminales terrestres, por lo que se presentan muy concurridos y no siempre muy organizados.
  • Hay muchos dialectos en China. Lo mejor es contar con un guía local para que le ayude en los desplazamientos y las reservas.
  • La mejor temporada para visitar este lugar es entre mayo y octubre, cuando la temperatura resulta más benévola, en promedio entre 10 0C y 18 0C.
  • A unos 10 minutos de distancia del hotel se encuentra Jarpo Town, una legendaria villa que se supone era un resguardo para el rey y sus tropas en una guerra durante la dinastía Tang. El enclave fue recientemente renovado para atraer más turistas.

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