Maradona, el otro rey

En el aniversario número 40 del debut de Diego Maradona en el fútbol profesional, recordamos esta columna de Mario Vargas Llosa. Fue el más grande y cayó y se hundió y se levantó y volvió y triunfó. Nadie como Maradona ha conocido la gloria y el fracaso. El otro rey.

Publicado originalmente en Revista Diners No. 435, junio de 2006.

Como en el día del partido inaugural frente a Bélgica tuvo un desempeño opaco, muchos se preguntaban de dónde, desde cuándo y por qué el mito Maradona. Después del partido de Argentina contra Hungría, que el pequeño astro iluminó de principio a fin con el fuego de artificio de su sabiduría, ya nadie lo pone en duda: Maradona es el Pelé de los años ochenta. ¿Un gran jugador? Más que eso: una de esas deidades vivientes que los hombres crean para adorarse en ellas.

Por un período que será fatalmente breve –éste es el más absoluto y el más fugaz de los reinados– al argentino le toca ahora ser, para millones y millones de personas en el mundo, lo que fueron en sus también rápidos turnos imperiales Pelé, Cruyff, Di Stéfano, Puskas y algunos otros: la personificación del fútbol, el héroe en quien este deporte se hace cifra y emblema. Los mil millones de pesetas que se dice ha pagado el Barcelona por incorporarlo a sus filas, son una prueba rotunda de que Maradona ya accedió a ese trono, y a juzgar por lo que fue su actuación ante los húngaros y el eco que ella ha tenido en el público, este Mundial demostrará que el “Barça” ha hecho una inversión rentable. Diez millones de dólares es mucho dinero por un simple mortal que patea la pelota, pero no es nada si lo que en verdad se compra es el mito.

Maradona es un mito porque juega maravillosamente, pero también por su nombre, y su cara se graba en la memoria al instante, y porque por una de esas indescifrables razones que no tienen nada que ver con la razón, de entrada nos parece inteligente y nos cae simpático. ¿Tiene algo que ver esa impresión con su estatura? En el partido contra Hungría, viéndolo operar entre esos altos y fornidos defensas magiares que se relevaban con patética ineficacia por contenerlo, uno tenía la alentadora impresión de que hay una justicia inminente, de que también en el fútbol es cierto eso de que más vale la maña que la fuerza, de que lo que cuenta a la hora de patear la pelota no son de ningún modo las piernas sino la fantasía y las ideas.

A pesar de su estatura, Maradona no da la sensación de ser frágil sino alguien fuerte y sólido, acaso por esas piernas robustas, de músculos salientes que resisten sin menoscabo los encontrones de los defensas adversarios, no importa cuán altos y fuertes sean. Esa cara de muchacho soñador, ingenuo, lleno de buenas intenciones, le sirve de maravilla para engatusar a los desmoralizados bípedos encargados de cuidarlo, porque lo cierto es que a la hora de descargar y jugar recio, también sabe hacerlo y con un ímpetu que se diría incompatible con su físico.

No es fácil definir el juego de Maradona. Es de tanta complejidad que en su caso cada adjetivo necesita una apostilla, una matización. No es brillante e histórico, a la marca del soberbio Pelé, pero su eficacia es rotunda. Cuando lanza desde ángulos inverosímiles esos disparos potentísimos hacia el arco mediante un pase escueto y preciso como un teorema, pone en movimiento una irresistible operación ofensiva que sería injusto no llamarlo espectacular, un jugador que torna un partido en una exhibición de genio individual (o en un “recital”, como dijo un crítico, con excelente puntería de su desempeño frente a Hungría).

Las virtudes futbolísticas –la destreza, la agilidad, la velocidad, el virtuosismo, la potencia– difícilmente pueden ser asociadas a conductas inhumanas. Por eso, si tiene que haber héroes, ¡que viva Maradona!

(Fragmentos de un artículo de 1982 titulado por Vargas Llosa Maradona y los héroes”).

 

DE LABIOS DE MARADONA

– “Me cortaron las piernas” (luego que lo suspendieron en el Mundial de 1994).

– “Pude haber sido peor futbolista que Pelé” (entrevista a la emisora italiana RAI, 1997).

– “Brasil tiene hoy a Ronaldinho, Kaká, Adriano, Ronaldo, Robinho… ¿Parece poco? Es una cosa de locos. Además tiene a Roberto Carlos y a Cafú, y si no tiene a Cafú, tiene a Cicinho… ¡Puede jugar sin Dida [el arquero]”. (Página web de ESPN Deportes).

(Del libro Dijo Diego):

– “Fue la mano de  Dios”. (Justificando el gol con la mano que le hizo a Inglaterra en México 1986).

– “A los políticos les saco una ventaja: ellos son públicos, yo soy popular”. (1996).

– “Boca tiene menos definición que la televisión que teníamos en Fiorito”. (2001).

– “Yo crecí en un barrio privado de Buenos Aires… Privado de agua, de luz y de teléfono”. (2004).

– “Llegar al área y no poder patear al arco es como bailar con la hermana”. (2001).

– “Fue un lindo gol, pero no una maravilla. Raquel Welch es una maravilla, no un gol”. (En el vestuario del Estadio Azteca, después del gol a los ingleses).

– “Ganarle a River es como que tu mamá te venga a despertar con un beso a la mañana”. (2000).

– “Me gusta pegarle a la gente cuando tiene las dos manos arriba. Cuando las tiene abajo me gusta ayudarla”. (1995).

– “Jugar sin público es jugar dentro de un cementerio”. (1987, después de un partido a puertas cerradas entre Nápoli y Real Madrid).

– “Los dirigentes de Boca son más falsos que un dólar celeste”. (1997).

– “En la clínica hay uno que se cree Napoleón, otro San Martín, y a mí no me creen que soy Maradona”. (2004, hablando de su internación).

– No, muchachos, hoy tengo menos palabras que un telegrama. (2001, negándose a hablar con los periodistas).

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